Freedom Downtime

Sin pruebas contundentes de la culpabilidad de Mitnick de algunos de los crímenes que se le imputaron al principio, y cuestionado fuertemente sobre la ética de su participación en su captura, Shimomura creyó necesario añadir una pequeña justificación al final de su libro Takedown:
Today, as I look back on the events of the past two years, I’m still troubled. In the wake of his arrest in February 1995, Mitnick’s legend continued to grow. For many months after his arrest, heated discusions about his actions took place on the Internet. Some people continued to argue that because Kevin Mitnick never physically harmed anyone, what he was doing was innocuous.
The fact is that this is also the case of a man who has had sixteen years and six arrests to figure out what is right and wrong. In the late 1980s, a Federal judge made a special effort to give him a second chance.
For me, Kevin Mitnick’s real crime is that he violated the original spirit of the hacker ethic. It’s not okay to read other people’s mail, an to believe that software and other computer technologies should be freely shared is not the same as believing that it’s okay to steal them.
Claro, en esta declaración de omiten convenientemente algunos datos interesantes. Como que Shimomura podía hackear celulares para escuchar conversaciones ajenas. ¿Eso no es un crimen? Incluso lo hizo frente al congreso mediante un permiso especial, para demostrar que se podía. Su respuesta: Las herramientas son herramientas, no son buenas ni malas. ¡Oh, sensei, que sabias palabras!

Pero, ¿robó Mitnick?

Emmanuel Goldstein

En en la sociedad distópica de 1984, imaginada por George Orwell, el enemigo público es llamado Emmanuel Goldstein. La gente es congregada en masa en plaza públicas, y mientras en una pantalla gigante aparece el rostro de Goldstein, el pueblo vomita su odio contra él. Lanzan cosas a la pantalla, gritan, patalean. Por último, aparece el rostro de Gran Hermano y todo vuelve a la calma.

Un joven hacker tomó el nombre de Emmanuel Goldstein como su nickname, y con él ha venido presentándose como editor de la revista 2600, la más popular dentro del mundo hacker, y también como locutor del programa de radio newyorkino Off the hook, que trata temas de privacidad y seguridad informática. Es una de las figuras más reconocidas y respetadas entre los hackers.

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Goldstein siempre fue uno de los cuestionadores de todo el asunto Shimomura-Markoff. En los artículos publicados en 2600 sobre el tema tendía a inclinarse hacia la defensa de Mitnick, como es comprensible. Pero uno de los puntos importantes, después del arresto de Kevin, fue vigilar que obtuviera un juicio justo, y debido a las mentiras publicadas en los medios y la ignorancia del sistema judicial estadounidense en materia informática, esto no se veía probable. Además, n 1998, se anunció una versión cinematográfica del libro Takedown: Más leña al fuego.

En el número de verano de 1998, Golstein escribió en 2600:
[…] Kevin Mitnick, a hacker imprisoned for three and a half years with no trial, no bail, and no visitors while his alleged attacks on multinational corporations are questionable at best and, even if proven, trivial and insignificant. Figures given by these corporations on hacker “damages” are believed without question by the authorities while individuals are imprisoned without the opportunity to counter the charges. It may seem incomprehensible that such points are constantly being missed by the media. But, once you do a little digging of your own and see how much of the media these same corporations own, it all becomes painfully clear.
El hacker pasó tres años encarcelado sin juicio. Así que la ilusión de obtener un juicio justo se redujo a simplemente obtener uno. Y la película solo significaba dos cosas: Más dinero para el bolsillo de Shimomura y Markoff y menos posibilidades para Mitnick. Continúa Goldstein:
So, there’s now a movie in the works. Apart from the indignation many of us will feel over the fact that these people will make yet more money off of Mitnick while exploiting a story they practically made up themselves, the real injustice lies in the screenplay itself. While the book was bad and filled with inaccuracies and omissions, the script (written by Howard Rodman), is far worse, a concept admittedly hard to grasp but unfortunatelly quite true. For in addition to all of the badness of Takedown, the film version has dialogue and situations that are complete fabrications, all in the interests of entertainment.
Las injusticias y sensación amarga dentro de la comunidad hacker fueron el germen del movimiento “Free Kevin”, cuyo objetivo era crear conciencia en el mundo sobre este asunto (que podría repetirse en varias ocasiones de no ser vigilado) y contrarrestar un poco a los medios tradicionales, siempre desinformados en estos asuntos. Pronto se pudieron encontrar las icónicas pegatinas amarillas con la leyenda del movimiento en todo el mundo.

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Aún así, no parecía suficiente. Continúa Goldstein:
We intend to stop this production in its tracks and–make damn sure everyone involved is aware of the facts. And if we are unable to change this reality-based story into something resembling reality, then we will use it as a vehicle to get our own message out. This will include pickets, boicotts, phone/letter/fax canpaings, whatever it takes. There is a story here, a really good one. And while we may not be able to get someone to tell that story, we can do something about the lies. We will either stop them o we will make the world aware of that they really are.
¿El resultado? El primer documental dirigido por hackers.

Freedom Downtime

Armados con cámaras de video, varios hackers se embarcaron en una travesía a lo largo de Estados Unidos en una camioneta rentada para hacer varias paradas estratégicas: Visitar a Shimomura, John Markoff, los estudios de Miramax (productores de la película Takedown), incluso el set de filmación, una convención de hackers y por supuesto el reclusorio donde estaba Mitnick.

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El documental independiente Freedom Downtime, producido por la revista 2600, comienza con la historia de Phiber Optik, un joven hacker también encarcelado por delitos informáticos, y continúa con un breve recuento de los hechos del caso de Mitnick para dar paso a las escenas del viaje, salpicadas de entrevistas a varios personajes que aportan su perspectiva e información interesante. Es un esfuerzo valiente y necesario.

Pero hay un “pequeño” problema: El documental está hecho por hackers, y se nota.

Los realizadores olvidaron que el resto del mundo no está empapado de la información que ellos poseen, y nunca nos explicaron lo que es la ética del hacker, por lo que al espectador casual le será muy difícil entender la causa por la que pelean. Mientras vemos las escenas de Phiber Optik, lo que podemos pensar que es que el joven es un criminal, y merece estar en la cárcel. Nos es muy difícil empatizar con el hecho de que merece salir de ella simplemente por que tiene amigos.

Por otra parte, el recuento de los hechos es muy poco explicativo, se pierde en voice-overs cargados de información mientras visualmente vemos diapositivas tipo Power Point. Para este punto, sólo alguien muy interesado en el tema continuará viendo el documental. Era necesario alguien cono conocimiento de cine para ayudar visualmente al filme, y un periodista para ayudar con la información. Los hackers no tienen colmillo en estos asuntos, y siempre han tenido una pésima relación con los medios de comunicación debido a uno de los postulados de la ética del hacker: Desconfía de la autoridad, promueve la descentralización. Para el hacker los medios son como el Ministerio de la Verdad de 1984: Agentes de la desinformación y la mentira.

(En la convención de hackers Hackers on Planet Earth de 2008, hubo un panel sumamente informativo llamado How to talk to the mainstream media (MP3), donde el periodista Stephen Cass explicó los errores más comunes de los hackers en su relación con los medios, quizá como respuesta a este tipo de casos.)

La entrevista más valiosa y reveladora de todo el filme es la que se pudo efectuar con John Markoff, donde queda demostrada su total ignorancia con respecto a Kevin Mitnick. Sorprendente para alguien que escribió varios artículos de primera plana al respecto e incluso un libro sobre el tema.

Donde se acertó plenamente fue al entrevistar a Bernie S., uno de los colaboradores del programa Off the hook, quien también fue encarcelado por delitos informáticos. Nos narra de los maltratos de sufrió en la cárcel y lo difícil que es defender tus garantías individuales. Debido a una golpiza recibida en la cárcel, tiene una prótesis en el brazo que no le permite extenderlo en su totalidad y tampoco puede abrir la mandíbula del todo.

Otro de los momentos memorables es la entrevista a una de las actrices de Takedown, desmaquilladas y fodongas, en uno de los descansos de la filmación. Cuando los hackers muestran su indignación ante la realización de una película que difama a un personaje real, responde: “Al menos va a ser interpretado por un actor muy carismático. Así que eso es bueno desde su punto de vista, tiene mucha suerte”. Emmanuel Goldstein dice en voice-over: “No olvidaré decirle a Kevin lo suertudo que es la próxima vez que lo vea”.

Por otra parte, el resto son fracasos: No logran entrevistar a Shimomura, los ejecutivos de Miramax no los reciben, nunca encuentran a los productores de Takedown, tampoco logran detener la producción y se equivocan de ciudad al asisitir a la convención de hackers. Al final del filme, nos sentimos derrotados. Todos estos goofy-antics son propios del geek, así que en ese aspecto no hay sorpresas.

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Notificación al inicio del DVD de Freedom Downtime.

Aunque, para ser justos, el movimiento “Free Kevin” logró algo muy importante: Concientizar al mundo sobre el injusto caso de este hacker. También se cambió el libreto de la película Takedown para ser más apegada a la realidad y no satanizarlo. En el 2009, la batalla parece ganada, pero no nos adelantemos.

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Mitnick fue liberado en 2000. Se acordó que no podría obtener ganancias narrando sus actividades criminales durante siete años, por lo cual no ha escrito ningún libro al respecto. También tuvo un periodo de restricción en el acceso de uso a computadoras, y sólo podría utilizar teléfonos residenciales.

Sólo quedaba ver cómo sería la película basada en su vida, ahora llamada Track Down.

Aquí está el documental completo:


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