Para mostrar hasta qué punto resulta necesaria y difícil la ruptura con el pensamiento de Estado que está presente hasta en lo más íntimo de nuestro pensamiento habría que analizar la batalla que estalló recientemente en Francia, en plena guerra del Golfo, a propósito de un objeto a primera vista tan irrisorio como es la ortografía: la grafía correcta, designada y avalada como normal por el derecho, es decir por el Estado, es un artefacto social, muy imperfectamente fundado en razón lógica e incluso lingüística, que es el producto de una labor de normalización y de codificación en todo análoga a la que también lleva a cabo el Estado en muchos otros ámbitos. Pero cuando, en un momento determinado del tiempo, el Estado, o uno de sus representantes, se pone (como ya sucedió, con los mismos efectos, hace un siglo) a reformar la ortografía, es decir a deshacer por decreto lo que el Estado había hecho por decreto, suscita de inmediato el alzamiento indignado de una gran proporción de quienes tienen que ver con la escritura, en el sentido más corriente, pero también en el sentido que suelen darle los escritores. Y, cosa destacable, todos esos defensores de la ortodoxia ortográfica se movilizan en nombre de lo natural de la grafía en vigor y de la satisfacción, experimentada como intrínsecamente estética, que proporciona el acuerdo perfecto entre las estructuras mentales y las estructuras objetivas, entre la forma mental socialmente instituida en los cerebros por el aprendizaje de la grafía correcta y la realidad misma de las cosas designadas por los términos correctamente grafiados: para quienes poseen la ortografía hasta el punto de estar poseídos por ella, la ph absolutamente arbitraria de nénuphar se ha vuelto tan evidentement indisociable de la flor, que pueden invocar, con toda la buena fe del mundo, la naturaleza y lo natural para denunciar una intervención del Estado con el propósito de reducir lo arbitrario de una ortografía que es a todas luces fruto de una intervención arbitraria del Estado.Pa' que sigan defendiendo la lengua española.
Tomado de: Espíritus de Estado. Génesis y estructura del campo burocrático.



1 comentarios:
Todos estamos intervenidos, snif.
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