Ya van dos películas en donde Pixar nos estafa:
WALL-E (2008) y la reciente
Up (2009). Ambas son películas maravillosas, pero cojean del mismo pie llamado "Disney".
Todavía me estremezco cuando la gente utiliza los términos Pixar y Disney indistintamente. Disney, como su mismo nombre lo indica, nació de la visión de un solo hombre. Los personajes de sus películas son todos huérfanos, las historias son variaciones de cuentos de hadas. Los resultados que se obtuvieron fueron excelentes y muy identificables.
Walt Disney deseaba lograr la simulación perfecta: Lograr que disneylandia fuera más real aún que Anaheim. Anteriormente en mi blog hablaba de cómo esto se ve reflejado en algunos cortos como
Pluto's blue note (1947) o en
Camping trip. Por eso el afán por lo tecnológico, los efectos especiales y los animatronics, un medio para lograr la simulación.
Una de las características de las producciones de Disney es que pretendían dar la impresión de ser alta cultura sin serlo. Walt Disney detestaba el refinamiento del arte y prefería la cultura pop. ¿Productos?
Fantasía (1940),
Snow White and the seven dwarfs (1937) y otras más.
Pixar, por otra parte, surgió de un lugar muy diferente. Y me atreveré de nuevo a traer a cuento la ética del hacker. El grupo de animadores de esta empresa, en sus inicios, trataron de convencer a productores y distribuidores de que las computadoras podían ser creadoras de cortometrajes y películas animadas que podían competir con las de animación tradicional. Para la época, esto era algo incomprensible.
Steve Jobs fue uno de los responsables en el desarrollo de la empresa, y financió Pixar durante mucho tiempo sin recibir ganancias. Como fundador de Apple computer, Jobs tenía mucho en común con la comunidad hacker, pero como megalómano, también con Walt Disney.

Después de algunos afortunados cortometrajes, se pudo convencer a Disney de que distribuyera un proyectito llamado Toy Story, que sería el primer largometraje animado completamente por computadora. En el documental
The Pixar Story (2007) uno de los animadores comenta una anécdota muy significativa: Cuando recién salió esta primera producción, que era el resultado del esfuerzo de un puñado de personas en un sótano, apareció una reseña de ella en una revista importante. Lo primero que pensó este sorprendido animador fue: "Vaya, miraron nuestra película".
Desde fuera, podría parecer como que Pixar siempre ha sabido lo que hace, que sus películas son el resultado de un concienzudo estudio de mercadotecnia y que tienen la fórmula mágica para el éxito, pero al conocer un poco de su historia se puede constatar que esto está lejísimos de la verdad. Varios proyectos han estado al borde del colapso, más notablemente
Toy Story 2 y
Rattatouille, pero siempre han salido adelante por, entre otras cosas, la ética del hacker que impera en la empresa.
Para citar un ejemplo: Cada cierto tiempo hay sesiones donde los animadores muestran alguna escena en la cual están trabajando, y los demás animadores se reúnen a verla. Cualquiera puede hacer comentarios acerca de los errores o aciertos que se cometieron, y el responsable puede tomarlos o dejarlos. De esta manera, el correjir los errores o carencias se convierte en un trabajo colectivo, descentralizado. No hay una autoridad vertical que está dictando lo que debe hacerse con la animación.
No es secreto que actualmente Pixar parecen estar barajándose como el nombre más importante de animación actual, equiparándose quizá a los estudios Ghibli de Japón. Su animación se encuentra en mejora contínua, rompiendo precedentes en cada nueva cinta. Quiero citar algunos momentos de virtuosismo que me parecen excepcionales:
- En Toy Story, en la primera escena, cuando Andy juega con Woody y después de lanzarlo por los aires éste cae en el brazo de un sillón y la cámara gira alrededor de él y una de las ventanas del fondo deja ver la casa de un lado. Virtuosismo puro. Los creadores tuvieron el atrevimiento de poner sus nombres encima de la toma, no es casualidad.
- En Toy Story 2, cuando están limpiando y reparando a Woody, el anciano acerca un cotonete hacia la cámara y podemos ver hasta su más pequeña fibra, posteriormente limpia el ojo del muñeco y en el reflejo podemos ver el resto de la habitación.
- En Rattatouille, cuando Remy cae del techo de la cocina del restaurante Gusteu's y aterriza sobre un fregadero lleno de agua y platos sucios.
- También en la misma película, casi al final, cuando el crítico Anton Ego dice al pequeño chef "Sorpréndeme", la rata hace un gesto y guiña el ojo de manera increíblemente humana.
- En WALL-E, cuando descubre un extinguidor y lo activa por error, la cámara hace movimientos tratando de seguir al robot, pero parecen tan azarosos que podríamos jurar que hay un operador humano detrás de la cámara.

En fin, este tipo de momentos se cuentan por montones, pero ninguno de ellos llegaría a nada sin lo más importante: Una buena trama. Y Pixar las tiene, mientras vemos a otros estudios batallar para llenar una hora y media de animación mediana y tibia. Incluso Disney está flaqueando ya en ese aspecto y tiene que conformarse con imitar a Pixar. Por ejemplo Bolt, que básicamente tiene un complejo de Buzz Lightyear.
Disney se encarga actualmente de la distribución de las películas de Pixar y no se involucra actualmente en el proceso creativo. Yo tengo mis dudas, sobre todo en las últimas dos producciones.
El inicio de WALL-E ya es famoso. Nada de diálogos, un mundo post-apocalíptico, destruído por la contaminación y el capitalismo voraz. Un robot solitario como único habitante del mundo, visitado posteriormente por su eva, un robot aparentemente fabricado por Apple. Visualmente es impresionante.
Lamentablemente, a la mitad de la película entra el factor Disney, y pareciera que Pixar recuerda que tiene que responderle a los accionistas y comenzamos a entrar en territorio conocido: Un villano, un MacGuffin, muchas persecuciones y un desenlace feliz aunque improbable. Aunque es una película excepcional, me sentí estafado. Parece que miré dos mitades de filmes diferentes
Dentro de mí, yo deseaba que se continuara en el mismo tenor y que la distopía triunfara, dándonos una bofetada en el rostro a los espectadores cómodos en nuestras butacas. ¿Se imaginan que WALL-E termine en que todo ser humano continua esclavizado y el pequeño robot continúa recolectando basura?
La primera media hora de
Up es excepcional y podría ser un cortometraje aparte. Pero después de un rato, entra el piloto automático y los personajes parecen súbitamente cambiar de película y entrar en varios estereotipos que ya sabemos en qué terminarán: Los buenos van a ganar, y los malos van a perder.
Lo sé, es una simplificación fea, en realidad hay más conflicto y no olvido los méritos: Un anciano es héroe de una película de acción y el niño no es más inteligente que los adultos. Dos clichés rotos. La película es un obvio y bien logrado tributo a Hayao Miyazaki y películas como
Hauru no ugoku shiro (Howl's moving castle), pero un hecho es evidente: En un punto clarísimo las cosas cambian y toman rumbo conocido, es tan drástico que casi puedo gritar "¡aquí!" cuando sucede.

En Disney se busca el príncipe azul, en Pixar la superación personal. Todos los personajes desean ser el mejor, o cuando menos ser mejores a sí mismos: Buzz Lightyear, Nemo, Lightning McQueen, Mr. Increíble, Sully, Remy, etc. La empresa refleja su propia búsqueda a través de los personajes que crea. Siempre que salgo de ver una película de Pixar me siento como después de un seminario de superación personal.
Walt Disney ayudó muchísimo a la animación tradicional, pero también la maldijo: El estigma de que es "para niños" todavía no puede romperse del todo y además, todavía se buscan los finales felices y complacientes. Disneylandia ya son ruinas. Anteriormente se enfatizaba mucho el aspecto tecnológico de todo lo producido por esta gran empresa, ahora todo es "magia", "nostalgia" y refritos (Rey León 4, Sirenita 5, etc.). No es lo mismo, otro estudio recibió la estafeta desde hace tiempo.
Ahora que acabo de ver
Up, siento el peligro de ese cáncer. Todo el set-up es increíble y conmovedor, pero llega de nuevo el factor Disney y todo se va al carajo. ¿Por qué no puede ser simplemente una película instrospectiva, de personajes con conflictos individuales y sin necesidad de grandes secuencias de acción para mantener a los niños en sus asientos?
Yo sé que es mucho pedir y que una producción de esas dimensiones no puede ser posible de no tener garantizados millones y millones de dólares en taquilla y que nos ofrezcan esos inicios grandiosos es ya un gran favor, pero dentro de mí tengo la esperanza de que un día Pixar se librará de los tentáculos de Walt Disney y llegarán a los lugares donde Miyazaki ya ha estado, nos sorprenderán a todos con una obra de arte en todo derecho, no con pseudo-arte pop como han venido haciéndolo.