Don Quijote de la Mancha

Por Miguel Cervantes Saavedra



El Quijote arrastra un lastre pesadísimo: Nos obligan a leerlo en la secundaria, nos lo empujan por la garganta mientras nos gritan que debemos adorarlo y estamos sobreexpuestos a la figura del caballero de la triste figura. Faltas que, desde mi punto de vista, no son culpa de su autor.

Es de esos libros que se ven fantásticos en el librero, pero que ya tiene telarañas por que nadie se ha tomado la molestia de leerlo. (Otros del grupito son: La odisea, La iliada, La divina comedia, La biblia, La guerra y la paz, etc.)

En el siguiente capítulo del Quijote, Cervantes deja testimonio de cómo se leían e interpretaban los libros de caballerías, y los libros en general. Cada personaje da su punto de vista y nos deja ver lo que obtenían mediante la lectura. Por otra parte, el nivel de analfabetismo de la época era increíble, de manera que aquellos que sabían leer congregaban un grupo de personas para hacer lectura en voz alta de algún capítulo. El capítulo que sigue a este es la tan criticada "Novela del curioso impertinente" que no tiene nada que ver con la historia del Quijote.

Es también notable la viva y enterada descripción que Cervantes, en la voz del ventero, hace acerca de las aventuras relatadas en los libros de caballerías. Es imposible no dejarse seducir por ellas. Como dice aquel: "Calle, señor, que si oyese esto, se volvería loco de placer. "

Y, como el cura dijese que los libros de caballerías que don Quijote había leído le habían vuelto el juicio, dijo el ventero:
—No sé yo cómo puede ser eso; que en verdad que, a lo que yo entiendo, no hay mejor letrado en el mundo, y que tengo ahí dos o tres dellos, con otros papeles, que verdaderamente me han dado la vida, no sólo a mí, sino a otros muchos. Porque, cuando es tiempo de la siega, se recogen aquí, las fiestas, muchos segadores, y siempre hay algunos que saben leer, el cual coge uno destos libros en las manos, y rodeámonos dél más de treinta, y estámosle escuchando con tanto gusto que nos quita mil canas; a lo menos, de mí sé decir que cuando oyo decir aquellos furibundos y terribles golpes que los caballeros pegan, que me toma gana de hacer otro tanto, y que querría estar oyéndolos noches y días.
—Y yo ni más ni menos —dijo la ventera—, porque nunca tengo buen rato en mi casa sino aquel que vos estáis escuchando leer: que estáis tan embobado, que no os acordáis de reñir por entonces.
—Así es la verdad —dijo Maritornes—, y a buena fe que yo también gusto mucho de oír aquellas cosas, que son muy lindas; y más, cuando cuentan que se está la otra señora debajo de unos naranjos abrazada con su caballero, y que les está una dueña haciéndoles la guarda, muerta de envidia y con mucho sobresalto. Digo que todo esto es cosa de mieles.
—Y a vos ¿qué os parece, señora doncella? —dijo el cura, hablando con la hija del ventero.
—No sé, señor, en mi ánima —respondió ella—; también yo lo escucho, y en verdad que, aunque no lo entiendo, que recibo gusto en oíllo; pero no gusto yo de los golpes de que mi padre gusta, sino de las lamentaciones que los caballeros hacen cuando están ausentes de sus señoras: que en verdad que algunas veces me hacen llorar de compasión que les tengo.
—Luego, ¿bien las remediárades vos, señora doncella —dijo Dorotea—, si por vos lloraran?
—No sé lo que me hiciera —respondió la moza—; sólo sé que hay algunas señoras de aquéllas tan crueles, que las llaman sus caballeros tigres y leones y otras mil inmundicias. Y, ¡Jesús!, yo no sé qué gente es aquélla tan desalmada y tan sin conciencia, que por no mirar a un hombre honrado, le dejan que se muera, o que se vuelva loco. Yo no sé para qué es tanto melindre: si lo hacen de honradas, cásense con ellos, que ellos no desean otra cosa.
—Calla, niña —dijo la ventera—, que parece que sabes mucho destas cosas, y no está bien a las doncellas saber ni hablar tanto.
—Como me lo pregunta este señor —respondió ella—, no pude dejar de respondelle.
—Ahora bien —dijo el cura—, traedme, señor huésped, aquesos libros, que los quiero ver.
—Que me place —respondió él. Y, entrando en su aposento, sacó dél una maletilla vieja, cerrada con una cadenilla, y, abriéndola, halló en ella tres libros grandes y unos papeles de muy buena letra, escritos de mano. El primer libro que abrió vio que era Don Cirongilio de Tracia; y el otro, de Felixmarte de Hircania; y el otro, la Historia del Gran Capitán Gonzalo Hernández de Córdoba, con la vida de Diego García de Paredes. Así como el cura leyó los dos títulos primeros, volvió el rostro al barbero y dijo:
—Falta nos hacen aquí ahora el ama de mi amigo y su sobrina.
—No hacen —respondió el barbero—, que también sé yo llevallos al corral o a la chimenea; que en verdad que hay muy buen fuego en ella.
—Luego, ¿quiere vuestra merced quemar más libros? —dijo el ventero.
—No más —dijo el cura— que estos dos: el de Don Cirongilio y el de Felixmarte.
—Pues, ¿por ventura —dijo el ventero— mis libros son herejes o flemáticos, que los quiere quemar?
—Cismáticos queréis decir, amigo —dijo el barbero—, que no flemáticos.
—Así es —replicó el ventero—; mas si alguno quiere quemar, sea ese del Gran Capitán y dese Diego García, que antes dejaré quemar un hijo que dejar quemar ninguno desotros.
—Hermano mío —dijo el cura—, estos dos libros son mentirosos y están llenos de disparates y devaneos; y este del Gran Capitán es historia verdadera, y tiene los hechos de Gonzalo Hernández de Córdoba, el cual, por sus muchas y grandes hazañas, mereció ser llamado de todo el mundo Gran Capitán, renombre famoso y claro, y dél sólo merecido. Y este Diego García de Paredes fue un principal caballero, natural de la ciudad de Trujillo, en Estremadura, valentísimo soldado, y de tantas fuerzas naturales que detenía con un dedo una rueda de molino en la mitad de su furia; y, puesto con un montante en la entrada de una puente, detuvo a todo un innumerable ejército, que no pasase por ella; y hizo otras tales cosas que, como si él las cuenta y las escribe él asimismo, con la modestia de caballero y de coronista propio, las escribiera otro, libre y desapasionado, pusieran en su olvido las de los Hétores, Aquiles y Roldanes.
—¡Tomaos con mi padre! —dijo el dicho ventero—. ¡Mirad de qué se espanta: de detener una rueda de molino! Por Dios, ahora había vuestra merced de leer lo que hizo Felixmarte de Hircania, que de un revés solo partió cinco gigantes por la cintura, como si fueran hechos de habas, como los frailecicos que hacen los niños. Y otra vez arremetió con un grandísimo y poderosísimo ejército, donde llevó más de un millón y seiscientos mil soldados, todos armados desde el pie hasta la cabeza, y los desbarató a todos, como si fueran manadas de ovejas. Pues, ¿qué me dirán del bueno de don Cirongilio de Tracia, que fue tan valiente y animoso como se verá en el libro, donde cuenta que, navegando por un río, le salió de la mitad del agua una serpiente de fuego, y él, así como la vio, se arrojó sobre ella, y se puso a horcajadas encima de sus escamosas espaldas, y le apretó con ambas manos la garganta, con tanta fuerza que, viendo la serpiente que la iba ahogando, no tuvo otro remedio sino dejarse ir a lo hondo del río, llevándose tras sí al caballero, que nunca la quiso soltar? Y, cuando llegaron allá bajo, se halló en unos palacios y en unos jardines tan lindos que era maravilla; y luego la sierpe se volvió en un viejo anciano, que le dijo tantas de cosas que no hay más que oír. Calle, señor, que si oyese esto, se volvería loco de placer. ¡Dos higas para el Gran Capitán y para ese Diego García que dice!
Oyendo esto Dorotea, dijo callando a Cardenio:
—Poco le falta a nuestro huésped para hacer la segunda parte de don Quijote.
—Así me parece a mí —respondió Cardenio—, porque, según da indicio, él tiene por cierto que todo lo que estos libros cuentan pasó ni más ni menos que lo escriben, y no le harán creer otra cosa frailes descalzos.
—Mirad, hermano —tornó a decir el cura—, que no hubo en el mundo Felixmarte de Hircania, ni don Cirongilio de Tracia, ni otros caballeros semejantes que los libros de caballerías cuentan, porque todo es compostura y ficción de ingenios ociosos, que los compusieron para el efeto que vos decís de entretener el tiempo, como lo entretienen leyéndolos vuestros segadores; porque realmente os juro que nunca tales caballeros fueron en el mundo, ni tales hazañas ni disparates acontecieron en él.
—¡A otro perro con ese hueso! —respondió el ventero—. ¡Como si yo no supiese cuántas son cinco y adónde me aprieta el zapato! No piense vuestra merced darme papilla, porque por Dios que no soy nada blanco. ¡Bueno es que quiera darme vuestra merced a entender que todo aquello que estos buenos libros dicen sea disparates y mentiras, estando impreso con licencia de los señores del Consejo Real, como si ellos fueran gente que habían de dejar imprimir tanta mentira junta, y tantas batallas y tantos encantamentos que quitan el juicio!
—Ya os he dicho, amigo —replicó el cura—, que esto se hace para entretener nuestros ociosos pensamientos; y, así como se consiente en las repúblicas bien concertadas que haya juegos de ajedrez, de pelota y de trucos, para entretener a algunos que ni tienen, ni deben, ni pueden trabajar, así se consiente imprimir y que haya tales libros, creyendo, como es verdad, que no ha de haber alguno tan ignorante que tenga por historia verdadera ninguna destos libros. Y si me fuera lícito agora, y el auditorio lo requiriera, yo dijera cosas acerca de lo que han de tener los libros de caballerías para ser buenos, que quizá fueran de provecho y aun de gusto para algunos; pero yo espero que vendrá tiempo en que lo pueda comunicar con quien pueda remediallo, y en este entretanto creed, señor ventero, lo que os he dicho, y tomad vuestros libros, y allá os avenid con sus verdades o mentiras, y buen provecho os hagan, y quiera Dios que no cojeéis del pie que cojea vuestro huésped don Quijote.
—Eso no —respondió el ventero—, que no seré yo tan loco que me haga caballero andante: que bien veo que ahora no se usa lo que se usaba en aquel tiempo, cuando se dice que andaban por el mundo estos famosos caballeros.
A la mitad desta plática se halló Sancho presente, y quedó muy confuso y pensativo de lo que había oído decir que ahora no se usaban caballeros andantes, y que todos los libros de caballerías eran necedades y mentiras, y propuso en su corazón de esperar en lo que paraba aquel viaje de su amo, y que si no salía con la felicidad que él pensaba, determinaba de dejalle y volverse con su mujer y sus hijos a su acostumbrado trabajo.

Anécdotas juveniles

¿Recuerdan mi blog antigüo? Espero que no. Escribía mucho sobre adolescentes, muchos cuentos giraban alrededor ese tema. Me sigue interesando, pero ahora es mi trabajo. Supongo que por eso me da una pereza enorme escribir al respecto. Ya tengo una colección bastante chonchita de anécdotas juveniles y hazañas insólitas acontecidas en la prepa. Ayer, por ejemplo, me comentaba una alumna que nunca en su vida había ido al cine, que difícilmente conocía algunas secciones de la ciudad, y si no fuera por la escuela no saldría de su casa.

Mis amigos y conocidos me preguntan cómo soy como profesor y nunca sé qué responder. Creo que eso no puedo juzgarlo yo, si algo me dicen los comentarios que hacen otros profesores sobre sí mismos es que cada uno de ellos es el mejor que ha habido. Claro, es fácil decir cualquier cosa cuando los únicos dentro del aula son ellos y los alumnos. Lo que sí puedo afirmar es que intento ser el profesor que me hubiera gustado tener.

¿Recuerdan una muchachita que fotografié hace años en una convención de anime? Aquí está para los que no recuerdan, o llegaron tarde al show:



Como en aquellos tiempos este cuchitril era bastante leído, no tardé en enterarme de que le daba clases a uno de sus exnovios, quien le dio mi messenger y comenzamos a chatear regularmente. Tenía catorce años en ese entonces. El semestre pasado, me tocó darle clases a ella.

En ocasiones tengo alumnos y alumnas con los que surge cierta afinidad que trasciende el aula. Sería muy difícil llamarle amistad ya que nunca los veo fuera de la escuela y la diferencia de edades siempre se impone. Hay algunos que me preguntan como "ser hacker". Ahora que lo pienso, es una de las preguntas más frecuentes que me hacen mis estudiantes: "¿Cómo puedo hackear un correo?", y mi respuesta es siempre un choro mareador acerca de la ética del hacker y la distorsión que han hecho los medios sobre el término.

Otros que me han visto en la tele me piden que les mande saludos o que los ayude a salir aunque sea en el fondo. Obviamente no he hecho ninguna de las dos cosas. Sin embargo, este semestre se grabó un comercial donde salieron dos de mis alumnos y uno de ellos me dijo: "Profe, como no me quería poner en la tele, tuve que buscarme otros medios".

Trato de frecuentar las obras de teatro que montan mis alumnos en la escuela, o asistir a eventos donde participan. Hace poco fui a un tributo a The Doors donde un muchacho tocó el teclado, la baterista fue la de mi banda. Ahí estaban todos los chamaquitos de la prepa, preguntándose qué hacía el profe en eventos divertidos. Yo los invito también a mis pláticas y conciertos y asisten en ocasiones.

Algunos tienen blogs y los leo con frecuencia. Me interesa saber lo que traen en la cabeza los adolescentes de hoy, y no caer en el cinismo y lugares comunes de afirmar que son una "generación perdida" y todas esas cosas. (Tampoco estoy en exceso optimista, el asunto es complejo y merece un texto aparte.) El semestre pasado una de mis alumnas posteó en clase a escondidas y encontrar el escrito al llegar a mi casa fue muy divertido (aunque su ortografía es de miedo).

Con la muchacha de la foto de arriba me llevé muy bien. En el laboratorio terminaba sus prácticas que todos y se reclinaba en la mesa para dormir. Platicábamos un poco saliendo de clases. Me enteré con el tiempo de que tenía blog (o ella me dijo, no recuerdo), y he estado leyéndolo ya desde hace un buen tiempo. He sido gratamente sorprendido.

Ya ni está en la misma prepa y no la he visto por que anda por sus rumbos, pero me siguen sorprendiendo sus gustos. Quizá no sean realmente inusuales (y su ortografía también está deficiente), pero cuando observo a mi alrededor y veo los gustos, aspiraciones e ideales mis estudiantes, que a una de ellas le interesen curiosidades de la nobleza europea y pinturas de Leonora Carrington es bastante notable.

Y por cierto, sí que sabe tomarse fotografías.

The Fugitive Game: Online with Kevin Mitnick




Durante su tiempo como fugitivo, Kevin Mitnick contactó telefónicamente al periodista Jonathan Littman, quien ya había escrito un libro sobre hackers: The watchman, que relataba la vida y crímenes de Kevin Poulsen, amigo de Mitnick. Al parecer, el periodista grabó todas las llamadas, y además realizó entrevistas a los personajes más variados para dar un testimonio objetivo de la persecución y captura del hacker más notable del mundo. Éste es el libro que hacía falta.

Las fotografías publicadas por John Markoff en el New York Times mostraban un "sociópata" peligroso e inhumano. Constantemente se referenciaba al sobrepeso de Mitnick, como si fuera una de las condicionantes de su uso intensivo de computadoras. De la misma forma, a pesar de ser co-autor de dos libros sobre él (Cyberpunk, Takedown), poco había discutido sobre su vida, amistades y motivaciones.

Littman nos revela algo interesante: Markoff llamó a Mitnick a la cárcel, mientras estaba encerrado en aislamiento, y le propuso entrevistarlo para escribir un libro sobre su hacking. Mitnick preguntó si le pagarían alguna compensación y edl periodista respondió que pagar al sujeto de un libro periodístico sería antiético, así que el convicto se negó afirmando que no era nada placentero estar encerrado sin poder siquiera leer mientras él ganaba millones de dólares explotando su historia. Markoff amenazó con utilizar la información disponible de cualquier fuenta, entrevistas con su ex-esposa, enemigos, etc. Eso fue exactamente lo que hizo, y de donde obtuvo la información que apareció en la primera plana del New York Times.

¿Por qué alguien culpable de delitos informáticos se le condena a aislamiento total? Miedo. Los artículos sobre Mitnick y el imaginario popular del hacker calaron hondo en el inconsciente colectivo, y el juez estaba convencido de que el hacker podría utilizar un teléfono para lanzar bombas atómicas y comenzar la tercera guerra mundial.

El hacker es peligroso, una amenaza y un psicópata con demasiado poder. Debe ser aislado, debe ser encerrado como Hannibal Lecter. El mismo artículo de Markoff lo insinua:

While he is thought to be living somewhere in Southern California, Mr. Mitnick has eluded an F.B.I. manhunt for more than a year and a half, Justice Department officials say. Last year, while a fugitive, he managed to gain control of a phone system in California that allowed him to wiretap the F.B.I. agents who were searching for him.

"He has created a lot of frustration inside the bureau," said James Settle, aformer computer crime fighter for the Federal Bureau of Investigation. "He should have been locked up long ago."

En primer lugar, la perpetuación de un mito que no tiene fundamento: Que Mitnick haya espiado telefónicamente al F.B.I. nunca fue comprobado y Markoff lo cita como un hecho. Por otra parte, la declaración de James Settle, quien era "computer crime fighter" es engañosa: "Debería haber sido encerrado hace mucho tiempo". ¿A lo Lecter?

En The Fugitive Game, no sólo conocemos el lado de los medios, sabemos detalles sobre la vida de Mitnick que nos humanizan a este personaje y nos hacen comprender sus verdaderas motivaciones. En realidad, sus motivos nunca fueron económicos ni destructivos. Las cifras de pérdidas millonarias que alegaron empresas de tecnología tienen muy poco fundamento pero fueron repetidas cientos de veces por los medios.


Mitnick prisionero en Raleigh, Carolina del Norte. Febrero, 1995.
Esta imagen dista mucho de la del "sociópata" tan difundida por Markoff.


Tampoco se le glorifica. Cometió crímenes, causó molestias a administradores de sistemas y corporaciones privadas, pero los daños no fueron ni cercanos al escenario apocalíptico que pintaron los medios y, en especial, John Markoff, quien nunca se documentó bien para hacer sus artículos.

Por otra parte, es difícil utilizar la etiqueta hacker para denominar a Mitnick pues respetaba poco la ética original surgida en el M.I.T., sólo intercambiaba exploits, código malicioso y puertas traseras con otros compañeros de oficio. Su conocimiento técnico no era muy avanzado y nunca llegó a crear nada. Sus habilidades principales consistían en la "ingeniería social", la destreza de obtener información confidencial por teléfono mintiendo acerca de su identidad, algo que no tiene absolutamente nada que ver con computadoras.

Lo más interesante de este libro, y sin duda la parte más significativa, es la nueva perspectiva en la participación de Tsutomu Shimomura. En realidad llegó demasiado tarde a la jugada, cuando ya muchas personas tenían pistas concretas sobre la localización de Mitnick. Algunos incluso lo habían localizado con toda precisión. Uno de los capítulos más notables nos cuenta cómo Kevin Pazaski de CellularOne llegó a rastrearlo y cuando el hacker entró a una tienda de autoservicio, él estaba detrás de él en la fila para pagar. El F.B.I. no quiso colaborar con ellos para su captura por que su perfil era demasiado bajo, y el buró solo intervenía en casos donde los daños fueran superiores a $10,000.

Littman cuestiona el hecho de que Shimomura no hubiera tenido un firewall, el que Markoff estuviera en la captura del hacker cuando ese es un procedimiento estrictamente judicial. Señala las irregularidades y posibles actividades antiéticas de Shimomura y Markoff. Por ejemplo, el periodista es también víctima del hacker, se asocia con otra víctima, está escribiendo artículos sobre él y recibiendo dinero por adelantado ($750,000) para escribir un libro del asunto mientras asiste en su captura. Los participantes pasan por este asunto de puntillas en el libro Takedown y omiten detalles sumamente importantes que hubieran sido inconvenientes.

Si bien Littman no hace acusaciones directas, nos presenta entrevistas y evidencia para que el lector haga el juicio pertinente.

No quisiera extenderme demasiado en un asunto acontecido hace más de diez años, pero creo que es válido mencionar que toda la publicidad negativa hacia Kevin Mitnick afectó terriblemente el juicio después de capturado. Los procedimientos legales dejaron mucho que desear, y en muchos casos la evidencia fue insuficiente.

Por otra parte, ¿dónde está el supergenio Tsutomu Shimomura? Si era tan increíble, si sabía tanto de seguridad informática, ¿a dónde se fue? ¿dónde se encuentra escondido? Después del frenesí mediático que se dio en torno a Takedown, su figura se enterró fugazmente en el olvido para no volver: Se esfumó así como así. He intentado averiguar su paradero, saber sobre su trabajo actual y no hay nada en Internet. Intenten buscar su nombre en Google, todos los resultados hacen referencia a información de más de diez años de antigüedad. Obtengan sus propias conclusiones.

En la siguiente entrevista, se toca un tema importantísimo: ¿Mitnick robó? ¿Los daños fueron de millones de dólares?


Merriweather Post Pavillion

Photobucket

Para la tecnofrenética del internet, este disco es ya antediluviano. No había escrito sobre él por que apareció cuando mi blog estaba en criogenia. Observen la portada. La ondulación, inestabilidad, incertidumbre es lo que propone desde el primer vistazo y hasta la última nota del último track. Cada vez que sale un nuevo disco de Animal Collective se me voltea el mundo de cabeza y salgo corriendo a escribir, intentando imitar los sonidos con palabras.

Me sucedió lo usual: No me gustó la primera vez. Lo taché de tibio, poco memorable y otras tantas tonterías. Con el paso de las horas caí en cuenta que había descargado el mejor disco del 2009. La psicodelia está viva, radiante.

Brian Wilson decidió desechar uno de los mejores discos de pop sesentero (Smile) debido a su paranoia y excesivo consumo de drogas. Con retazos y desperdicios del mismo creó uno de los mejores discos psicodélicos: Smiley Smile, hogar de Good Vibrations y Heroes and Villains, únicos sobrevivientes del disco desechado.

El resto, dijo la crítica, era basura.

Animal Collective la rescató tomó esa basura y la transformó en psicodelia para el siglo XXI. La mayoría de la psicodelia actual es nostálgica, posan sus miradas hacia el pasado. Merriweather Post Pavillion observa a aquellos que en el futuro observarán hacia el pasado. Concluía el otro día que cada disco de esta banda newyorkina contiene recursos propios y prestados, pero tan diferentes que hay que aprender a escucharlos de nuevo.

Dejaré de escribir: alucino. El video lo dice todo mucho mejor que cualquier masturbación verbal intentando imitar sonidos. My Girls, un himno. Ya llegó summertime clothes.

Takedown, the pursuit and capture of Kevin Mitnick, America’s most wanted computer outlaw–by the man who did it



Tsutomu Shimomura no sólo es un experto en sistemas UNIX y seguridad informática, es una eminencia en el campo de la física, un excelente esquiador, patinador, todo un ladies man y un defensor de una alimentación sana. Junto a él, todo mundo palidece en comparación, y generalmente nadie está a la altura de sus increíbles habilidades. El resto del mundo, lleno de mentes sencillas e ineficientes, es un estorbo para sus sofisticados planes.

¿Cómo es que puedo afirmar todo esto? Shimomura mismo nos lo cuenta en su libro Takedown.



Kevin Mitnick había eludido la justicia norteamericana después de cometer varios crímenes informáticos. Con varios arrestos a cuestas y después de cumplir con una sentencia de ocho meses en solitario (una exageración por los crímenes cometidos), decidió que había visto suficiente del sistema legal estadounidense y desapareció de la faz de la tierra, violando su libertad condicional.



Una vez fugitivo, siguió cometiendo algunos actos ilegales. Copió código fuente perteneciente a varias empresas de tecnología como Qualcomm, Sun, DEC, etc. Varias personas intentaron rastrearlo, sin éxito. Mientras tanto, causaba millones de dólares en daños por toda la red y desgracias innombrables en cientos de servidores, comprometiendo sistemas enteros sin pensarlo dos veces. Un psicópata de la red.

No fue si no hasta que penetró el sistema de seguridad de Tsutomu Shimomura, un hacker japonés residente de San Diego, cuando las cosas se pusieron complicadas. Varios programas fueron robados de su computadora, incluyendo software que, utilizado de manera incorrecta, podría causar destrozos en millones de servidores, así que los riesgos iban en aumento. El físico japonés tomó esta intrusión como “un asunto de honor”.

Durante semanas se dio a la tarea de recuperar todas las pistas posibles sobre el atacante, evadiendo la ineptitud de todos los que lo rodeaban, mientras vivía un romance complicado con su amada Julia (Tsutomu no es un geek) y ordenaba comida saludable de restaurantes conocidos en San Diego, aunque en una ocasión tuvo que conformarse con unas papas fritas de McDonnald’s, por que no había nada demasiado saludable en su menú. Lo bueno es que fueron de tamaño pequeño, así que seguramente no tuvieron mucho colesterol.

Después de varias semanas de arduo trabajo, recopilando evidencias, había la suficiente información como para determinar que Mitnick fue el atacante y Shimomura intentó rastrearlo mediante la señal de su teléfono celular. Lamentablemente los inútiles de FBI entorpecían su brillante labor detectivesca y no podía avanzar como era debido.

Finalmente, en un emocionante final tipo hollywood, los oficiales dieron con el departamento del peligroso hacker, pudieron entrar y arrestaron, por fin, al criminal que tanto daño había causado a los pacíficos y simples usuarios de Internet. Shimomura había hecho un gran servicio a Estados Unidos.

En la corte, cuando llegó Kevin Mitnick esposado y con el uniforme de convicto, reconoció a Tsutomu, quien ya había aparecido en revistas y diarios nacionalmente, y cruzó palabra con el japonés por primera y última vez: “Respeto tus habilidades”, Shimomura inclinó la cabeza y Mitnick fue llevado frente al juez.

Fin.

Aquí termina el libro Takedown, el cual se convirtió en bestseller cuando apareció en 1996. Basta de la historia oficial, aquí entre nos les comentaré algunas cosas que Tsutomu no quiere que sepan.

Antes que nada: El libro fue escrito con la colaboración del periodista del New York Times, John Markoff, quien ya había publicado algunos artículos sobre Kevin Mitnick. Uno en especial apareció en la primera plana, en 1994, por lo que el hacker se catapultó hacia la fama mundial.

Lamentablemente, el artículo no estaba bien investigado, y contiene falsedades que se siguen repitiendo hasta el día de hoy. Es una pieza alarmista, desinformada y realmente no muy novedosa. Por ejemplo:
As a teen-ager he [Mitnick] used a computer and a modem to break into a North American Air Defense Command computer, foreshadowing the 1983 movie "War Games."



Aquí hay una entrevista con uno de los escritores de la película y expresa lo siguiente:
Walter F. Parkes: Yeah. We did months of research from everywhere from Stanford Research Institute, Hughes Research Institute, we went to NORAD. On the other hand, we also had relationships with the emerging culture of computer hackers. We kind of looked all over the place to try to find our story.

It was rumored awhile ago that Matthew Broderick's character was based off the hacker Kevin Mitnick and Larry said he hadn't even heard of him. Was there anyone in real life, though, that Matthew Broderick's character was based on?

Walter F. Parkes: No. I think Kevin Mitnick's after us.

Yeah. I read that and I thought it was quite bizarre. I didn't think he was really around back then.

Walter F. Parkes: Yeah. There was this guy, David Lewis, that we spoke to, who was a young computer enthusiast at the time, but he was sort of an amalgamation of kids we met who were into it.
¿Cómo llegó a la primera plana de uno de los diarios más importantes del mundo? Sigue siendo un misterio.

Aunque, aparte de ese, digamos... resbalón, Markoff tiene una carrera periodística respetable, si ayudó a Tsutomu en la redacción de Takedown, hizo un trabajo muy mediocre. Veamos el siguiente párrafo:
Now three years later I could tell she knew the relationship was bad for her, but she didn’t seem to be able to get out of it. I knew that she had been trying to end it for some time, but she found familiar things comforting and difficult to part with. It was all making her unhappy and depressed. It wasn’t the first time I’d seen her feel this way–a year ago she’d gone to Nepal with John–but left and she became involved with another man, an American she met while traveling. Their relationship went on for six months, but it ended over her unwillingness to leave John.
Párrafos como el anterior debieron quedarse en el bote de basura de John Markoff, no en la versión final del libro, y hay demasiados. La redacción es básica, sucia, descuidada y poco imaginativa. Esto es muy notable desde la página uno.

Por otra parte, ¿por qué Markoff no advirtió a Shimomura que ser demasiado egocéntrico puede disgustar a los lectores? El japonés llama a los demás ineptos, ineficientes, estúpidos y les reprocha todos los pequeños errores que cometen, y por supuesto en todo el libro él no se equivoca una sola vez y todos sus instintos resultan ser acertados. ¿Se supone que debemos creer eso?

Y si Shimomura es tan genial como afirma y es un mago de las computadoras, ¿cómo es posible que un hacker que él llama mediano e inexperto haya podido acceder a sus archivos secretos y evadir a la justicia durante tanto tiempo? La explicación del experto en seguridad es "suerte".

Además, ¿es realmente necesario que nos cuente qué comió todos los días de la investigación? En Takedown nos enteramos de que el autor comió tacos de pescado, hamburguesas, malteadas, comida china, comida japonesa, pizzas, etc. Se nos proporcionan datos innecesarios sobre el nombre de los lugares donde se detuvo a comer, su indecisión al ver el menú y otra información que sería absurda en un diario íntimo, mucho más en un libro sobre crimen informático.

Tsutomu tiene miedo de que pensemos que es un geek o un nerd y llena su libro de detalles que supuestamente lo alejan del estereotipo. “Tengo novia (no soy un geek), me gustan los deportes (no soy un nerd), me gusta patinar y esquiar (hago cosas cool)”. Lamentablemente, la verdad salta a la vista de manera mucho más miserable de lo que el autor hubiese deseado. Los capítulos donde aparece su novia parecen sacados de alguna telenovela gringa y ella en sí es un adorno superfluo para la narrativa: No hace nada más que posar a un lado de su amado e increíble experto en computadoras (quien no es un geek) mientras él teclea en terminales UNIX, insulta la ignorancia de los demás, y nos cuenta todo sobre el peligrosísimo criminal que penetró en su sistema.

El autor también nos comenta mucho sobre sus hábitos de patinaje, y una de sus quejas más frecuentes es que por culpa de Kevin Mitnick no pudo aprovechar el invierno para esquiar con su novia: ¡Malditos hackers!

La visión de seguridad de este experto es un tanto extraña:
For many people, security in the Internet today is simply a matter of going out and buying a system called firewall, a black-box solution that just restricts the type of data packets that can flow in from the outside world. I’ve never believed that merely building thicker castle walls will offer a better defense, so instead we set traps and built alarms into the network, making it easier for us to detect and respond to future intrusions.
Oh, así que el experto Shimomura no “cree” en los firewalls. ¿No será esto una excusa para el hecho de que Mitnick pudo entrar a su sistema sin problemas? Un simple firewall hubiera evitado al intruso, pero no había ninguno. ¿Por qué no estaba ahí? En el párrafo anterior está la respuesta (Tsutomu nunca se equivoca).

Después de los primeros párrafos, odiamos al autor, a todos los que lo rodean y al libro en general. Se pretendía crear una historia de “el bien contra el mal”, y lamentablemente los lectores nos identificamos mucho más con Kevin Mitnick ya que los justicieros son verdaderamente odiosos. Lo único que nos hace reir en toda la historia, es una transcripción de una conversación en línea de Mintick con un amigo suyo.

Éste es un libro pésimo, aburrido, y no le hace justicia al título. No hay aquí nada que no se encuentre mejor narrado en otra parte. Shimomura no hizo casi nada para atrapar a Mitnick, pero se llevó todo el crédito.

Takedown necesitaba una respuesta, otro libro que viniera a desinflar su ego y revelar varias cosas que los autores no quieren que sepamos.



Cartones de Abel Quesada





La cámara de escritores desocupados

Me ha encantado lo que escribe Vivian Abenshunshan en uno de sus últimos artículos. Ya me hacía falta leer algo así y salir de los textos mal escritos sobre hackers. He terminado pensando que justo hoy, cuando a nadie le importa lo que escribo, cuando ninguna editorial me hace en el mundo, cuando estoy escribiendo una novela que nadie ha leído, que nadie espera y que es sólo para complacerme a mí, es cuando soy verdaderamente un escritor libre. Esto quizá no dure demasiado tiempo y ahora lo valoro en verdad.

Un fragmentito del artículo:
Desde un punto de vista pragmático, desde la perspectiva del capitalismo actual, el momento en que un escritor publica (no importa qué, no importa dónde) comienza a vivir bajo la lógica del mercado. Presentaciones, carrusel de entrevistas, autógrafos, contratos de exclusividad. ¿Y eso qué tiene de malo? Nada, al menos para quienes desean permanecer ahí (para quienes desean legitimarse). Para los otros, para los escritores desesperados o inconformes, para quienes desean escuchar la lengua fuera del poder, en el esplendor de eso que Barthes llamó alguna vez “la revolución permanente del lenguaje”, para ellos, para nosotros, no hay ingenuidad posible cada vez que nos asamos, como San Lorenzo en la parrilla, dando vueltas alrededor de las preguntas manidas de la prensa. ¿Quién ignora que cualquier potencial de rebelión se pierde en el vértigo del corte a comerciales? Si eres en verdad un escritor subversivo, o por lo menos deseas dejar de ser un espectador inerte de la estupidez, preocúpate cuando te inviten a la tele. Aunque creas que estás siendo sincero, aunque defiendas una postura estética contraria al decorado del set, la televisión te hará finalmente suya. Te maquillará, te editará, te hará sonreír, te neutralizará, te volverá impotente. Y el público habrá visto tantas veces la portada de tu libro a lo largo de tu semana de promoción que lo dará por leído.
Todo el artículo: La cámara de escritores desocupados.

Esto me recuerda un video de Orson Welles que está en YouTube, de su etapa post-Touch of evil, cuando ya era el gordito simpático que salía a veces en la tele, dentro de hollywood nadie lo contrataría ni gratis y hacía los comerciales de vino barato. Sin embargo, despedazó el show con su breve discurso acerca de la audiencia de la tele. Es tan interesante ver a una conductora de televisión enfrentándose a nociones que probablemente nunca se había cuestionado en la vida. De veras: véanlo, hay mucha sabiduría en muy breve tiempo. (Frase memorable de la conductora: "How excit...!").

¿Por quién saldría a votar?

No pude dejar de resentir que Kamelié dijera en un comentario del post pasado que mi blog es "perredista". No es la primera vez que me dicen eso, recuerdo que también alguien me lo mencionó cuando voté por Andrés Manuel López Obrador, y lo admito sin ninguna vergüenza, no como tanta gente que también votó por él en su momento y ahora se hacen los que no lo conocen.

Cuando yo recomendaba que no votaran por Hank en las elecciones de Baja California, se me acusaba de Panista y así sucesivamente en por cada una de mis desiciones electorales. Se me enjareta toda la carga ideológica y se afirma que comulgo con los ideales de fulanito partido cuando a veces ni los mismo afiliados lo hacen.

Pero, en fin, escribo esto para comentarles de alguien por quien valdría la pena salir a votar aunque hiciera mucho calor. Por desgracia, no es mexicano, pero si hubiera podido votar en Estados Unidos en las elecciones pasadas, no lo habría hecho ni por McCain ni por Obama.

Mi candidato: Ron Paul, miembro del partido republicano de Estados Unidos, aunque no es raro que le cuestionen su adherencia a éste cuando está, por la mayor parte, en desacuerdo con el resto de los miembros.

Sus propuestas son tan simples que rayan en lo radical, y aunque Obama se nos mostraba como un político novedoso cosméticamente, ha resultado ser alguien que intenta complacer a todo el mundo y creo que lentamente ha caído en cuenta de que esto es imposible. La lógica de Ron Paul no pretende agradar a nadie, tan solo volver a los principios y valores que fundaron a Estados Unidos y los llevaron a consolidarse como potencia mundial.

Según este político, la constitución debe ser el papel fundamental en el cual deben guiarse las acciones del país. ¿Ejemplos? La guerra de Iraq y gran parte de las intervenciones en otros países son atribuciones que la constitución en ningún momento ha dado a Estados Unidos. Él proponía como paso número uno regresar a todas las tropas de Iraq y dejar de gastar trillones de dólares en una guerra inútil que sólo frena el desarrollo del país.

¿Más ejemplos? La llamada guerra contra las drogas obviamente no está dando resultados, y sólamente beneficia a los grandes cárteles y traficantes. En un verdadero país libre, las personas deben ser responsables de su propio cuerpo, y el papá gobierno no debe esconderle las sustancias arriba de la alacena para que no pueda alcanzarlas. De la misma manera, después de utilizar esas sustancias, el individuo tampoco tiene derecho de exigir ayuda, así que básicamente es su bronca si se mete drogas o no.

Cuando se le pregunta al candidato qué recortaría del presupuesto, la lista es larga: Departamento de educación, departamento de defensa, departamento de salud... Básicamente todo el gobierno. Eliminar impuestos, regulaciones, etc, etc.

Ojo: No estamos hablando de un loco, todo esto tiene sentido al revisar la constitución. Uno de los pilares fundadores de U.S.A. es la libertad individual y la búsqueda de la felicidad (valores de la ilustración), cosas que se han venido perdiendo desde principios del siglo veinte según Ron Paul.

Otras propuestas: Internet libre de censura y regulación, volver al gold standard, quitar subsidios, eliminar TODOS los impuestos... Casi suena a utopía.

En el debate de candidatos republicandos del 2007, Ron Paul defendió la idea de que el país no debía intervenir en la política de otros países, como en el caso de Afganistán o Iraq. El moderador le preguntó: "¿No cambió eso después del once de septiembre?", y la respuesta fue que por supuesto que no, que Estados Unidos fue atacado debido a que habían estado interviniendo en Iraq desde hace muchos años, bombardeando el territorio e imponiendo líderes. Los demás republicanos se mostraron indignadísimos ante esta postura y hubo varios abucheos.

En fin, hasta parece que me está pasando una buena lana para hacerle publicidad, pero no soy el único que se muestra apasionado con sus ideas. En internet y youtube hay muchísimos seguidores y hasta tiene su propio canal donde explica las últimas propuestas del congreso y sus repercusiones.

Ahora bien: ¿Desde dónde pueden ser atacadas sus propuestas? Básicamente Ron Paul se basa en la escuela austriaca de economía, que promueve la acción individual, al contrario de la mayor parte de los candidatos (por ejemplo Obama) cuya vertiene es más keynesiana. No soy un experto en economía, y sé que ahorita el debate está candente entre diversas teorías económicas debido a la crisis que se vive ahora en todo el mundo (que, by the way, Ron Paul predijo) y tendría que leer mucho más al respecto para dar una opinión verdaderamente informada, pero por lo pronto hay un hecho evidente: Sus propuestas tienen sentido, son atractivas y si pudiera votar por él lo haría sin pereza.

¿Qué opciones tenemos en México? Revisemos los discursos de nuestros, sus propuestas, su preparación... ¿No se deprimen? ¿No les da vergüenza tener que elegir entre alguno de ellos? Votar en México siempre duele: Si pierde el candidato, pensamos que lo hubiera hecho mejor que el que está en turno ("estaríamos mejor con López Obrador"), si gana, nos lamentamos por su ineptitud, ignorancia y corrupción. (Aunque claro: mínimo podemos elegir).

¿Quién sabe? Ron Paul ni siquiera llegó a ser candidato y ganó Obama, quien dice que la crisis económica está a punto de llegar a su fin. Por desgracia, la misma gente que dice eso no pudo predecir que la burbuja económica se reventaría pronto y algunos premios nobel de economía nos dicen que falta mucho por empeorar, así que estamos por ver los resultados.

Por lo pronto, los invito a que vean el debate del cual les comentaba unos párrafos arriba, donde Ron Paul dice sus propuestas frente a otros aspirantes a candidatos del partido Republicano. Es algo emocionante, la verdad (ahora qué soy, ¿republicano?):


¿Algún día nos curaremos del PRI?

No fui a votar por que hacía mucho calor y mi casilla quedaba en un distrito donde ya no vivo (no he actualizado mi credencial (hay mucha fila)). Cuando le comenté a algunos de mis conocidos este hecho, me acusaron con el dedo índice de ser un mal ciudadano y de todas esas cosas que salen en los comerciales del IFE. Eso de que si no votamos ya no podemos opinar por el resto de nuestras vidas.

Cuando por la tarde se anunciaban los primeros resultados y estaba ya en casa de una amiga, miré que el PRI había arrasado. Era de esperarse y, sinceramente, es el paso lógico dentro del pensamiento mexicano.

En los sesentas y setentas nadie se tomaba la molestia de ir a votar. ¿Pa' qué? El que lo hacía era un ingenuo incurable o un miembro de alguno de los múltiples sindicatos que amarraban tu voto. Todos sabían el resultado de antemano y nadie haría nada posteriormente: Ganaría el PRI. El dedazo estaría omnipresente en todos los puestos de elección pública. "El sistema" duró más de setenta años en el país.

Setenta años como quiera pesan, no se olvidarán así como así por más que vayamos a votar. Cuando ganó la oposición en el 2000, la gente salió a las calles a festejar que por fin se había terminado "el sistema" (la corrupción, la tranza, el dedazo) sin saber que todos nacimos dentro de él y está dentro de todos.

Hice mi servicio social de ingeniería en la Comisión Federal de Electricidad, una institución de alta tradición priísta. Algunos familiares me decían que le hiciera la luchita de entrar a trabajar ahí, porque "conviene". Estudiantes de ingeniería me decían que si agarras plaza ahí: "ya la hiciste".

¿Qué significa para el mexicano "hacerla"? Enraizarse en un puesto por los siglos de los siglos, de preferencia mamando del gobierno un sueldo gordo, con todas las prestaciones del mundo (si no pagas luz, cuánto mejor) y con el mínimo esfuerzo posible. ¿Cómo le haces para "hacerla"? Teniendo amigos que ya la hicieron antes que tú, y que te jalen cuando estés en el lugar y momento correctos. Hay que hacer la barba, caerle bien a mucha gente y hacerte visible. Es todo un arte, decía Abel Quezada. Cuesta mucho trabajo preparar el caldo con todas estas condiciones, pero vale la pena: te dejas de preocupar de por vida.

¿Cómo la haces en la escuela? Cuando, después de tirar hueva todo el semestre, por una jugada milagrosa, rogándole al profe, copiando o de otra manera, pasas de panzaso. Pero pasas, que es lo que importa. En una fila muy larga: Cuando alguien "te hace un paro" y logras saltarte a toda esa bola de perdedores que creen que poniéndose al final llegarán algún día. En un semáforo en rojo: Cuando rebasas por la derecha a todos los ingenuos que respetan el reglamento de tránsito. Cuando te detiene un policía: Cuando te safas con una mordida moderada, y le dices al poli que nomás traes cincuenta pesos. Al cabo que todo mundo lo hace, ¿quieres ser de los pendejos que hacen fila y pagan sus multas?

Cuando todo falla, cuando te cachen, échale la bronca al otro.

Todo se vale con tal de obtener un minúsculo beneficio personal. Ése es el PRI y no se fue nunca. El PRI siempre dice lo que se tiene que hacer y no puedes decir nada en contra de él por que te castiga, ni le muevas. Si le caes bien, chance y la haces.

Las elecciones pasadas sólo admiten lo que ya todos sabíamos inconscientemente. Democracia no es que se cuente voto por voto. Hemos avanzado mucho en lograr sistemas de seguridad para que los votos se respeten y que la gente sienta que vale la pena levantarse de sus camas un domingo para ir a depositarlo en una urna, pero, ¿de qué sirve si seguimos pensando igual que hace setenta años?

El país necesita terapia. La gente votó por el PRI por que está decepcionada de sí misma. Cambió el que manda, pero todo mundo seguimos (pensando) igual. Como siempre, pues.

Paul Kopecky

La primera vez que vino el tecladista sueco Pär Lindh al BajaProg, lo hizo acompañado por dos hermanos de apellido Kopecky, uno en el bajo y el otro en la batería. Aunque tenían su grupo aparte y llevaban ya una trayectoria de varios álbumes, eran virtualmente desconocidos en el festival. Fue triste ver cómo intentaban vender sus discos en el café literario del teatro del estado y que todos los asistentes simplemente rodeaban sin detenerse en su modesto stand. Como estaban casi en la entrada, la escena era doblemente deprimente y se podía ver la frustración en sus rostros.

Inmediatamente después de su concierto, la gente se agolpó alrededor de ellos y vendieron sus discos en lo que dura un solo de Keith Emerson.

Pär Lindh regresó en otra ocasión, pero con músicos diferentes. A mucha gente no le gustó. Cuando se mencionan a las mejores bandas que han venido, generalmente se escucha: "Pär Lindh... pero con Kopecky".

Esta breve disquisición sirve para anunciar una noticia triste: Falleció el baterista Paul Kopecky hace unos cuantos días. Era mecánico de profesión en Estados Unidos y había sufrido de diabetes desde joven, y esa fue la causa de su muerte.

Siempre duele ver a un músico talentoso partir, y más tan joven. La banda no será ya lo mismo. R.I.P.

Mexicali Blues



Laid back in an old saloon, with a peso in my hand,
Watchin flies and children on the street,
And I catch a glimpse of black-eyed girls who giggle when I smile,
Theres a little boy who wants to shine my feet.

And its three days ride from bakersfield and I dont know why I came.
I guess I came to keep from payin dues.
So instead Ive got a bottle and a girl whos just fourteen,
And a damn good case of the Mexicali blues. yeh!

Is there anything a man dont stand to lose,
When the devil wants to take it all away?
Cherish well your thoughts, and keep a tight grip on your booze,
Cause thinkin and drinkin are all I have today.

She said her name was billy jean and she was fresh in town.
I didnt know a stage line ran from hell.
She had raven hair, a ruffled dress, a necklace made of gold,
All the french perfume youd care to smell.

She took me up into her room and whispered in my ear,
Go on, my friend, do anything you choose.
Now Im payin for those happy hours I spent there in her arms,
With a lifetimes worth of the Mexicali blues.

Is there anything a man dont stand to lose,
When the devil wants to take it all away?
Cherish well your thoughts, and keep a tight grip on your booze
Cause thinkin and drinkin are all I have today.

And then a man rode into town, some thought he was the law.
Billy jean was waitin when he came.
She told me he would take her, if I didnt use my gun,
Id have no one but myself to blame.

I went down to those dusty streets, blood was on my mind.
I guess that stranger hadnt heard the news
Cause I shot first and killed him, lord, he didnt even draw
And he made me trade the gallows for the Mexicali blues.

Is there anything a man dont stand to lose
When he lets a woman hold him in her hands?
He just might find himself out there on horseback in the dark
Just ridin and runnin across those desert sands.