Poiesis


Fragmento de Sputnick, mi amor de Haruki Murakami:
—Tengo la cabeza atiborrada de cosas que quiero escribir. Como un granero atestado de cualquier manera —me dijo Sumire—. Imágenes, escenas, retazos de palabras, figuras humanas… Están llenos de vida dentro de mi cabeza, lanzando destellos cegadores. Y oigo cómo gritan: «¡Escribe!». Pienso que de ahí tendría que surgir una gran historia. Tengo la impresión de que van a conducirme a algún lugar nuevo. Pero, llegado el momento, cuando me siento frente a la mesa e intento traducirlos en palabras, me doy cuenta de que se pierde algo vital. El cuarzo no cristaliza, todo queda en pedruscos. Y yo no llego a ninguna parte.

Sumire hizo una mueca, recogió la piedrecilla número doscientos cincuenta y la arrojó al estanque.

—Quizá, de base, me falte algo. Algo imprescindible que debe tener todo escritor.

Cayó en un profundo silencio. Al parecer, me estaba pidiendo una de las vulgares opiniones que solía darle.
Tengo lo mismo, ¿será curable?