Me dan ganas de portar un pin en mi camisa que diga: "Me siento magnífico, pregúnteme como" y cuando algún incauto se acerque a interrogarme le contestaré orgulloso: Acabo de eliminar mi cuenta de Twitter.
En efecto, la abrí un día que discutía con algunos amigos y les comenté que "nunca en la vida usaré Twitter". Me devolvieron algunos de los refranes de cajón (nunca digas de esta agua no beberé, más pronto cae un hablador que un..., etc.), así que consideré que tenían una pizca de razón y me armé de valor para obtener una y poder criticar con experiencia de primera mano.
Misión cumplida.
Imaginemos que tenemos una máquina del tiempo, y podemos viajar a los años setentas para explicar a Steve Wozniak, por ejemplo, acerca de los increíbles avances informáticos del siglo XXI. Recordemos que él fabricaba computadoras con 4k de RAM, buscaba optimizar al máximo el número de chips debido al costo y cualquier ahorro era bienvenido.
¿Cuánto podía almacenar aquella computadora? ¿De qué tamaño eran los archivos de mayor tamaño que podía almacenar en memoria? Sin duda alguna muy pequeños.
Pero nunca, nunca tan chicos como los miserables, detestables, absurdos 140 caracteres que nos ofrece Twitter como límite por mensaje. Ni siquiera los teléfonos celulares están tan mutilados. ¿Se imaginan explicando eso a las personas de los años setentas? "Algo que va a estar de moda en el siglo XXI es un servicio que te permite enviar no más de 140 caracteres".
Quizá, después de reírse en nuestro rostro por la falta de imaginación al inventar el futuro, nos dirían que los telegramas ya se inventaron.
Ahora son comunes las máquinas de 8 gb de RAM. Los discos duros superan el terabyte fácilmente, las conexiones de internet logran velocidades de carga instantáneas y podemos ver video de alta calidad sin grandes fallas. ¿Por qué queremos retroceder?
Estamos caminando con las manos. Ahora quieren aplicar un "Steve Jobs" diciéndonos que lo que Twitter nos da es lo que siempre hemos necesitado, y el que camine con los pies está mal.
Espero que este límite no sea uno de esos errores que se transformaron en estándar, como los teclados QWERTY y 640 kb de RAM.
Definitivamente Twitter no es un medio para personas que les guste escribir. El único beneficio que le encontré es poder suscribirme a sitios con información relevante que actualizaban cada vez que añadían información a sus blogs. (Sí, revolucionariamente igualito que un feed RSS, pero más limitado). Los conocidos a los que estaba suscrito, disculpen, nunca dijeron nada importante.
Y a todos ustedes: Explíquenme en menos de 140 caracteres qué puedo hacer en Twitter que no pueda hacer en un blog.
Adiós a todos mis seguidores. Ya no sabré que desayunaron, ya no me enteraré qué canción de un grupo que no me interesa están escuchando, ya no sabré si tienen hambre, sueño, cansancio, si están hartos del trabajo, de la escuela, de su familia o pareja, me voy a perder todo su enojo por que se golpearon el dedo meñique del pie con una silla mientras estaban descalzos. Adiós.
Esta sonada página se agregó hace tiempo a aquella lista de cosas que detesto y parecen no irse a ninguna parte. Anoche me perseguía en pesadillas el pajarraco mascota, no tenía una finta amable.
Cuando desperté, Twitter todavía estaba allí.



