Io, Don Giovanni (2009)


Mi retrato favorito de Mozart es una pintura incompleta de su cuñado Joseph Lange. Constanza dijo que era la que más se parecía a su esposo. Antes de leer esa cita, yo tenía el mismo presentimiento. Es la única donde veo verdadera inteligencia y concentración en sus ojos. Es la mirada y expresión que yo esperaría al escuchar su música.

Pero quién sabe, Mozart no tuvo buenos retratistas.

En el verano de 2008 escribí una obra de teatro titulada El disoluto impune cuya acción transcurre principalmente el 28 de octubre de 1787, la noche anterior al estreno de la ópera Don Giovanni de Mozart. La tengo por ahí arrumbada todavía, esperando a que se enfríe.

Acabo de enterarme que salió una película italiana sobre el tema, y se titula Io, Don Giovanni (2009). El hecho de que a alguien se le ocurra tomar el mismo tema de hace 250 años para hacer una obra de ficción es un tanto frustrante, sobre todo por el hecho de que aún no he dado a conocer mi trabajo.


Pero no importa. Es una oportunidad para ver a esas personas, gente con la que viví un tiempo y sentí de carne y hueso al menos en mi imaginación. Mozart no es tan importante en la historia. Sabemos mucho sobre él gracias a su música, lo demás empequeñece. Lorenzo da Ponte y Casanova tuvieron la oportunidad de dejar cientos de páginas (en el caso de Casanova, miles) escritas y podemos también conocerlos a profundidad. Pero, ¿qué me dicen de Domenico Guardasoni, el productor de la ópera? ¿Qué hay de la condesa María Guillermina Thun y el barón Bretfeld von Kronenberg? Esos son los personajes fascinantes, los recipientes vacíos donde un escritor puede volcar su imaginación e imaginarse a si mismo interpelando a Mozart, conversando con él.

La recreación histórica siempre me ha fascinado. En ficción tiene sus trampas, y yo caí en aquella que dice que es un arte puramente imitativo. En un principio me obsesioné con la imitación, intentando recrear perfectamente el siglo XVIII. Pero estoy en el siglo XIX, ahora sé que eso es tan inútil como pretender que la pintura imite a la fotografía, ¿qué nos puede decir el pasado a nosotros?

Sobre Lorenzo da Ponte no hay mucha ficción y tiene una vida que pareciera inventada. Un sacerdote católico judío, administrador de un burdel, expulsado de varias ciudades, libretista del emperador José II, amigo de Mozart y Casanova, verdulero newyorkino y el primer profesor de italiano de la Universidad de Columbia.

Antonio Salieri, un compositor modesto, no tan malo como nos podría hacer pensar Amadeus. Cabe destacar que no mató a Mozart, no estaba enojado con él y estaba casado. Peter Shaffer se tomó una serie de libertades que ayudaron a su drama pero afectaron a la figura histórica.

Vicente Martín i Soler, uno de los mejores compositores españoles de todos los tiempos, injustamente olvidado por el tiempo, admirado por Mozart. Recientemente se hizo una película sobre su vida. Al escuchar sus primeras y últimas obras se palpa un avance impresionante. Sus óperas necesitan escucharse mucho más, por suerte están resurgiendo. Por favor, a manera de muestra representativa revisen Una cosa rara (1786)Il Burbero di buon core (1786)La capricciosa Coretta (1795).

Casanova, ¿qué más decir? Su autobiografía se editó recientemente al español, íntegra por fin. La de Da Ponte hace unos años.

No he visto la nueva película en donde aparecen algunos de estos personajes, pero por los cortos veo algunas cosillas que me inconforman de entrada, algunos lugares comunes que yo decidí evitar. Cuando la vea, comentaré más al respecto.

Quiero dejar un brevísimo fragmento la obra que escribí, y al final el trailer.

[Mozart, Lorenzo da Ponte y Mozart en el estudio del conde Thun. Mozart no ha escrito la obertura, y son casi las once de la noche. Casanova acaba de tener un reality-shock]


CASANOVA
(melancólico)
Estoy en desacuerdo con el título de tu ópera, ¿sabes? "Don Giovanni, o el disoluto castigado". Don Giovanni estaba destinado a sufrir lo suficiente, ¿no crees? Después de todos sus crímenes, después de todas sus pasiones, después de sus ultrajes y engaños no era necesario que llegara una estatua de piedra del otro mundo para arrastrarlo hasta el infierno. Fue un final casi piadoso. Rápido. Le ahorró la venganza de los agraviados. El mayor castigo sería dejarlo vivir eternamente. Que viviera para ver su vida caer y caer, piano, piano. Un deterioro cada vez peor. Perder su juventud y sufrir y padecer durante toda una eternidad. Don Giovanni sólo seducía gracias con su juventud y arrojo. De viejo daría lástima. Incapaz de volver a su vida anterior, aislado totalmente y con una lista de enemigos cada vez mayor. Es muy irónico que las mujeres lo maldijeran constantemente pero volvieran a él una y otra vez. Leporello actuaba de manera similar: Comienza quejándose acerca de su amo en la primera escena, continúa haciéndolo durante toda la ópera, pero nunca se separa de él... Quizá en el fondo todos lo amaban. Quizá querían ser como él. Por eso nos fascina tanto el mito de Don Juan, por eso se hacen más y más obras acerca de él. Hay muchos donjuanes por ahí, pero no hay estatuas de piedra que se los lleven al infierno.


LORENZO
El arte debe ser para retratar la realidad como debería ser, no como es. Don Juan merecía ser castigado y lo fue... En la obra. Si no te parece suficiente castigo una eternidad en el infierno, sugiere algo.


CASANOVA
¿Crees que en realidad exista algún disoluto impune? Yo lo creo. Alguien que haya vivido su vida sin límites, estimulando sus sentidos constantemente y que haya muerto tranquilamente en su cama, joven y hermoso. Sin consecuencias reales. ¿Lo ven? Nosotros tres no somos tan diferentes. A fin de cuentas los tres somos sirvientes. Fuera de este cuarto hay una cena espléndida, ofrecida por una mujer noble. Podemos gozar de la cena pero nunca será realmente nuestra. Y la condesa critica mucho a la nobleza, pero, ¡qué va! Es fácil criticarla y cobijarte con seda. Nosotros podremos tener todo el ingenio del mundo para ver las contradicciones de la nobleza, pero seguiremos aquí, como hasta el momento. Mille grazie per ricordare, Lorenzo.