James Cameron y el mexicano


Titanic (1997) es una de las películas que ha recaudado más dinero en las taquillas mexicanas. En Estados Unidos también fue tremendamente exitosa, y terminó ganando once Óscares, así que quizá esta relación no sea tan sorprendente.

Sin embargo, pienso que hay otros motivos por los cuales Titanic fue particularmente agradable en el territorio nacional, y tienen poco que ver con el rostro de Leonardo di Caprio o los impresionantes efectos especiales: Titanic es una versión de alto presupuesto de "Nosotros los pobres".

Los melodramas telenovelescos que surgen y a la vez alimentan el imaginario mexicano actual retratan una serie de valores con los cuales se identifica el grueso de la población, y cuyas raíces se encuentran en el catolicismo y en la propia historia del país.

No me extenderé mucho, si se quieren encontrar esos valores simplemente hay que sintonizar cualquier telenovela de televisa o alguna película de Pedro Infante.

Los pobres son buenazos. No son ricos por que no quieren manchar su vida con las posesiones materiales, que corrompen el alma. Por otra parte, siempre les toca perder, ya que es la imagen que el mexicano tiene de sí mismo. La única manera de triunfar es mediante los valores familiares y el amor, ya que el personaje podrá perderlo todo, menos la familia que estará ahí cuando la necesite y al ser amado que siempre estará ahí en la salud y la enfermedad. Fuera de eso, nada importa.

Obviamente "los ricos" son desenmascarados al final de la trama, como los seres desalmados que son, confirmando una vez más que las riquezas sólo envilecen.

En pocas palabras: Titanic.

Leonardo di Caprio, el pobre rechazado por la aristocracia, pero con gran corazón, muere al final de la película, pero triunfó el amor. Por otra parte, las clases altas quedan expuestas como unos hipócritas por demás aburridos. ¿Cómo olvidar la escena en donde bajan a la cubierta de tercera clase para tener un baile con "la raza" y divertirse de veras, no como esos catrines restirados? Además, el prometido de Kate Winslet quería comprar su amor con un diamante, no ganárselo (¡fuchi!). La única que se salva es la "nueva rica" por que todavía no aprendía las odiosas costumbres de la clase alta.

(La quinceañera, tradición robada por el "pueblo" a los "ricos", se llenó de valses al ritmo de "My hearth will go on" aunque está en cuatro cuartos.)

No importa la clase social, ¡el amor y la familia triunfarán!


Avatar (2009), también de James Cameron, al poco tiempo de su estreno se convirtió en la película más taquillera en la historia de México. También hay un romance imposible dentro de la cinta, pero se incluyen elementos que llegan profundamente al inconsciente mexicano.

La trama habla de un planeta donde vive una tribu indígena en armonía con su ambiente, y es invadida por hombres avariciosos y ciegos ante la bella cultura de los nativos, quienes no se detendrán por nada para obtener la riqueza de sus tierras. Los indígenas, más preocupados por sus valores familiares y por sus costumbres, no buscan la explotación de los recursos, si no la convivencia entre ellos y su entorno. Son perfectos, ¡ni los toquen!

¿Suena parecido? Es la idea que todo mexicano tiene de su historia.

Los invasores, como los conquistadores españoles con tecnología superior e ignorancia desbordante, son ciegos ante la belleza de una tribu "perfecta" que sólo quiere que la dejen en paz. La destrucción de toda una cultura por el sucio y vil dinero, como siempre.

El mexicano siente que todavía le sigue sucediendo lo mismo, sin embargo los invasores son ahora "los gringos". Irónicamente la película más taquillera en la historia de México, quizá por que presenta esta idea, es norteamericana.

Hay un giro inesperado en la historia de Avatar: Los nativos ganan. Algo inaudito y sin precedente en la historia humana. El mexicano no se desconcierta, no se decepciona, piensa: "Así es cómo debió haber sido".

No importa que nos hayan saqueado, y que nos sigan saqueando, ¡somos más buena gente que ellos!

Ahí se los dejo de tarea.