El último libro de Heriberto Yépez, subtitulado "una obra de superación nacional para reír y pensar" es una trampa bien planteada con una carnada apetitosa para su público meta. La primera parte de esta trampa es tendida desde el título: "La increíble hazaña de ser mexicano" atraerá a aquel que desee reafirmar sentimientos patrióticos fuertes.
La portada también es cómplice: Íconos aparentemente mexicanos, como la máscara de Blue Demon, la camiseta de la selección nacional y la mujer con un mandil con el mapa nacional. Los colores de la bandera la inundan.
La contraportada no ayuda. El texto dice: "¿En qué consiste la bendición y maldición de ser mexicanos? ¿Cuales son nuestras virtudes y defectos? ¿Cómo podremos convertirnos en un pueblo con una mentalidad renovada y salir del subdesarrollo?" Más abajo, entre otras cosas: "¿Qué es lo que la televisión y el gobierno te ocultan acerca del narco, los partidos políticos y tu propia familia?". El mexicano patriota y orgulloso ya está aceitadito y listo para recibir caricias al ego.
Oh-oh. Nada más lejos de las intenciones del libro.
Abrevando de libros como El perfil del hombre y la cultura en México de Samuel Ramos, El laberinto de la soledad de Octavio Paz y Who Prospers? de Lawrence E. Harrison, Yépez se encarga primero de analizar al mexicano desde la psicología y la filosofía, con la pretensión de cambiar todo aquello que no nos deja avanzar como cultura.
Harrison, por ejemplo, se apoya en la tipología cultural de Mariano Grodona para describir las características de las culturas "resistentes al progreso". Entre ellas, por ejemplo, pensar en la competencia como una forma de agresión que amenaza la estabilidad y solidaridad de la sociedad. En estas culturas, también la familia es vista como las únicas personas en quien el individuo puede confiar, las personas ajenas a ella son enemigos. La educación transmite valores ortodoxos y la tradición se sobrepone al pragmatismo.
Casi citando a la Tesis sobre Feuberbach de Marx, el autor define las intenciones de su libro:
Los ensayos sobre el mexicano no siempre han sido acertados y, por supuesto, algunos puntos de sus descripciones han perdido vigencia [...]. Pero estos autores han descifrado [...] cómo es el mexicano, y negar la realidad de sus hallazgos es, sencillamente, no querer ver que todas estas personas construyeron una paulatina ciencia acerca del mexicano.No sólo motiva a la acción y al cambio personal, en realidad es un libro de superación. El mexicano que espera ser reafirmado en sus valores a través de la lectura de "La increíble hazaña de ser mexicano" se llevará un tremendo chasco. El resultado es verdaderamente demoledor.
En lo que toca a este libro, no me interesa ser otro más dentro de esa tradición. Esa tradición ha sido descriptiva. Ésa ha sido su labor. Describir al mexicano, analizarlo, identificarlo.
Pero ya nos hemos identificado. Este libro no pretende describir los rasgos del mexicano sino destruirlos.
Heriberto Yépez se ensaña en mostrar las heridas, echarles limón y sal para hacer sufrir al lector con ellas. Pero es un dolor saludable, un dolor que motiva a cambiar esa situación que parece habernos molestado toda la vida sin haberlo sabido. Traer los problemas a la conciencia, y proponer soluciones, alternativas, rutas de cambio.
En el trayecto del texto el autor habla sobre la "netafísica" (la creencia de que la sabiduría popular es superior a la ciencia o al conocimiento fundamentado), "la raza cómica" (cómo el mexicano utiliza la risa para no cambiar), El Santo, el PRI y otros temas. Un gran ausente es, quizá, Andrés Manuel López Obrador.
Cito un fragmento del capítulo "Made y desmadre del mexicano":
Un niño, para poder desarrollarse, tiene que asimilar, recibir, de sus padres dos tipos de información.Ouch.
Una: aquella que podríamos llamar información femenina.
Otra: aquella que podríamos llamar información masculina.
Por información denomino a todo lo que da forma.
Por ejemplo, un golpe es una información, porque si te golpean mucho, eso te forma; te forma como un ser resentido, cohibido, listo para recibir y pedir más golpes el resto de tu vida.
Si un ser humano nuevo, un niño, no recibe información de cierto tipo, se crea un desequilibrio.
La carencia de esa información afecta su configuración, su potencial, su energía, pues la información recibida de los padres sirve para conectar con posibilidades del individuo. Cómo será su vida, en buena medida, depende de esta dote de información parental que se obtiene durante la infancia.
La energía materna sirve para que el ser humano se conecte con sus aspectos femeninos; la energía paterna, para que se conecte con sus aspectos masculinos.
La verdadera función de los padres humanos es dotar de esas energías. Esa energía se entrega a través de ese proceso complejo que llamamos comúnmente amor.
Es como si el contacto con ambos padres -contacto físico, mental, emocional- nutriera de cierta información necesaria al niño. Lo cargara de cierta energía.
El mexicano es nutrido con un exceso de información materna.
Un exceso, paradójicamente, que proviene de mujeres no autorrealizadas.
Y una carencia de información masculina.
Esto se debe a la ausencia de la figura paterna. Incluso cuando el cuerpo físico del padre está ahí, muchas veces no lo está su cuerpo intelectual o su cuerpo emocional. Esa parte del padre, generalmente, está ausente.
Buena parte del viejo mexicano se deriva del padre ausente.
Y, entonces, la madre suple esa ausencia y dota al mexicano de información femenina, casi siempre, en exceso. Y, repito, de feminidad que no se ha autorrealizado. Ésta es la fórmula desastrosa del mexicano.
¿Qué quiere decir exceso? Que ella está ausente y lo que transmite es todo su pasado, todos los sentimientos que viene cargando acerca de todo lo no realizado. El mexicano recibe de su madre todo lo que ella "no pudo".
Ahora, como la mujer mexicana muchas veces ha callado, ha ocultado sus emociones, porque éstas son juzgadas tontas, inferiores, exageradas o intrascendentes, entonces, informa a sus hijos para que también ignoren, escondan o se avergüencen de sus emociones. Las dejen pendientes.
O, para mencionar otro rasgo muy común de las mujeres mexicanas, ellas se sacrifican, dejan de lado su propia vida, son abnegadas. Al dedicar sus vidas a sus hijos, entonces, la información que finalmente entregan es: abandona tu vida, vive para otros...
Vivir para otros, por cierto, crea una deuda invisible, una deuda secreta.
Si alguien se sacrifica por ti, lo quiera o no, te hará un cobro.
La madre mexicana realiza tal cobro. Sacrifica su vida por su hijo.
El hijo le pagará esa deuda no logrando olvidarla. El mexicano rinde homenaje a su madre -literalmente por medio de su inconsciente- no consiguiendo lo que él quiere, tal y como tampoco lo consiguió su madre. De esta manera, el mexicano "ama" a su madre y echa a perder su propia vida; en el inconsciente, "amar" significa "repetir" el destino de tus amados.
El fracaso mexicano es un gran tributo a las madres no autorrealizadas.
Por favor, lean este libro. Es terapéutico.




4 comentarios:
Es buenísimo este libro. Duele, duele mucho pero como todo buen psicoanálisis tambien nos da las pautas para mejorar, no solo critica. Debiera ser un libro de texto en las escuelas.
Fue un fucking libro de texto en mi escuela, lo bonito es como teniendo al autor en las clases alguno de nosotros lo fotocopiamos por falta de capital.
Al menos yo así lo hice.
¿Comentó algo al respecto?
Como muchos trabajos no-científicos, éste es una proyección de su autor: la relación que vivió con sus padres la percibe como una realidad universal.
Ojalá el Sr. Yépez se pudiera acercar más a la Historia y a la Psicología con una postura más profesional, pues el tema que trata es muy delidado y complejo.
Víctor Manuel Herrera
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