El perfil del hombre y la cultura en México


A riesgo de que personas en diferentes flancos me quieran linchar, citaré tres párrafos de libros que me parece establecen cierta continuidad en la ambiciosa tarea de definir al mexicano. Quisiera aclarar que esta tarea de "definir" al mexicano, o reducirlos a sus elementos más esenciales ya es de por sí cuestionable. Es por ello importante considerar que cada obra es producto de su contexto y debemos aproximarnos a ellas con visión constructiva. Abróchence los cinturones, que allá vamos:




Samuel Ramos - El perfil del hombre y la cultura en México (1934)
La nota del carácter mexicano que más resalta a primera vista, es la desconfianza. Tal actitud es previa a todo contacto con los hombres y las cosas. Se presenta haya o no fundamento para tenerla. No es una desconfianza de principio, porque el mexicano generalmente carece de principios. Se trata de una desconfianza irracional que emana de lo más íntimo del ser. Es casi su sentido primordial de la vida. Aun cuando los hechos no lo justifiquen, no hay nada en el universo que el mexicano no vea y juzgue a través de su desconfianza. Es como una forma a priori de su sensibilidad. El mexicano no desconfía de tal o cual hombre o de tal o cual mujer; desconfía de todos los hombres y de todas las mujeres. Su desconfianza no se circunscribe al género humano; se extiende a cuando existe y sucede. Si es comerciante, no cree en los negocios; si es profesional, no cree en su profesión; si es político, no cree en la política. El mexicano considera que las ideas no tienen sentido y las llama despectivamente "teorías"; juzga inútil el conocimiento de los principios científicos. Parece estar muy seguro de su sentido práctico. Pero como hombre de acción es torpe, y al fin no da mucho crédito a la eficacia de los hechos. No tiene ninguna religión ni profesa ningún credo social o político. Es lo menos "idealista" posible. Niega todo sin razón ninguna, porque él es la negación personificada.



Octavio Paz - El laberinto de la soledad (1950).
La palabra chingar, con todas estas múltiples significaciones, define gran parte de nuestra vida y califica nuestras relaciones con el resto de nuestros amigos y compatriotas. Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa. Esta concepción de la vida social como combate engendra fatalmente la división de la sociedad en fuertes y débiles. Los fuertes —los chingones sin escrúpulos, duros e inexorables— se rodean de fidelidades ardientes e interesadas. El servilismo ante los poderosos —especialmente entre la casta de los "políticos", esto es, de los profesionales de los negocios públicos— es una de las deplorables consecuencias de esta situación. Otra, no menos degradante, es la adhesión a las personas y no a los principios. Con frecuencia nuestros políticos confunden los negocios públicos con los privados. No importa. Su riqueza o su influencia en la administración les permite sostener una mesnada que el pueblo llama, muy atinadamente, de "lambiscones" (de lamer).



Heriberto Yépez - La increíble hazaña de ser mexicano (2010).

La sociedad mexicana vive hoy el auge de lo norteño. Anteriormente, se le consideraba inferior a lo mesoamericano -incluso el vocablo chichimeca se empleaba con una connotación despectiva- y, más tarde, como sinónimo de lo que está contaminado por lo norteamericano. Hoy, en cambio, lo norteño tiene prestigio entre las masas.
    El auge de lo norteño se debe a su autocomplacencia hacia la imagen del México pretérito. Lo norteño simboliza lo bárbaro, lo ranchero, lo auténtico, una nueva relación -¡ajúa!- con el mismo pasado general mexicano.
    Lo norteño se está usando como un regreso al verdadero mexicano. Una autoseducción de vuelta a nuestros peores prejuicios, sobre todo el machismo.
    Tal y como sucede con el narco, fenómeno que no se debe tanto a la adicción a sustancias enervantes sino a la dependencia a funciones culturales que la droga ayuda a mantener vigentes. La droga evita que ciertos roles tradicionalistas se caigan a pedazos, de la misma manera en que otros se caerían a pedazos sin la música autovictimizadora o las telenovelas o la Iglesia católica.
    ¡La cultura mexicana se ha convertido en una apología de la inercia!
    La música de banda y la música norteña en general se han convertido en la nueva música popular mexicana porque lo norteño simboliza el amor a los valores viejos: el heroísmo machista, la mujer como objeto sexual y motivo de sufrimiento, o la mujer como nueva macha despiadada -algo que comenzó con Paquita, Chavela, Lupita D'Alessio y terminó con Carmen Salinas y Jenny Rivera- y toda suerte de rasgos brutales, elementales, vulgares, que le permiten al mexicano creer que lo mejor es lo más auténtico y lo más auténtico es lo que no está para nada refinado. "Lo refinado es lo falso", lo corriente es lo más neto, lo más chingón, nosotros los populares somos lo más fregón. No avanzar es lo mejor.

Cierro con una cita de Samuel Ramos: "Los hombres no acostumbrados a la crítica creen que todo lo que no es elogio va en contra de ellos, cuando muchas veces elogiarlos es la manera más segura de ir en contra de ellos, de causarles daño".

1 comentarios:

Roy dijo...

Me gustó tu artículo, excelente recopilación de párrafos que describen perfectamente al mexicano: puedo percibir que a través de los años, las cosas no han cambiado mucho. Un saludo.