A veces recuerdo alguna fiesta donde uno de mis conocidos estaba tomando fotos. A veces estas reuniones fueron hace un par de años y nunca me envió las fotos. De vez en cuando les escribo un correo para pedirle algunas imágenes que me ayuden a recordar. La mayor parte del tiempo las perdieron. Mil motivos: Se les borraron por accidente, les robaron la laptop con todas las fotos, se les descompuso el disco duro, formatearon la máquina y olvidaron respaldarlas. Simplemente no lo entiendo. ¿No quieren a sus fotos? ¿Cómo es que tienen tan poco cuidado con ellas?
En la época de los rollos y las impresiones era más difícil perder una fotografía: Había que romperla, quemarla, quizá mojarla o dejarla caer en un lugar desconocido. Los álbumes fotográficos normalmente estaban en algún cajón o librero, al alcance para la ocasión de mostrarlos a algunas visitas, o recordar uno mismo. Hoy están normalmente en el disco duro y se pueden ir con un teclazo. El robo de un álbum fotográfico tradicional es algo muy raro: Un disco duro tiene mucho más valor de reventa.
Las primeras fotos digitales que tuve fueron tomadas con una Sony Mavica cuando iba en la preparatoria. Grababa los archivos en un diskette de 3.5 pulgadas. Conservo esas fotos hasta la fecha, hice varias copias de ella y anoté la fecha de cuando fueron tomadas. Conforme han pasado los años se han vuelto más y más valiosas, cada vez retratan un pasado más distante e irrepetible. Cuando las tomamos, las enviamos y pasamos a varios de nuestros compañeros, pero cuando las subí al Facebook nadie se acordaba que existían: Obviamente todos las habían perdido.
Yo no puedo soportar perder fotografías. Mucho menos después de tomar clases. En los cursos me enseñaron a clasificar los negativos, hacer una prueba de contacto, ponerles fecha y lugar de donde fue tomado cada fotograma y de ser posible anotar la velocidad y apertura en la que fueron tomadas. Todavía tengo la carpeta con mis primeros negativos, pero he sido muy perezoso para imprimir todas las fotos.
Me tardé un tiempo en tomar en serio a la fotografía digital: Las cámaras no estaban muy avanzadas y el rollo las superaba fácilmente. Pero pronto llegaron a un nivel equiparable. Aparte, la conveniencia de verlas inmediatamente después de disparar y el bajo costo es algo muy atractivo. Pronto se acumularon los archivos JPG y hubo necesidad de organización. Lo comencé a guardar todo en carpetas con la fecha y una descripción breve. Ahora tengo aproximadamente 33,400 fotos que he estado acumulando desde el 2000.
Como verán, soy obsesivo con esto. No hay nada que me moleste más que perder una foto. Aprendí esto de mi primer profesor: "Nunca borren una fotografía, no importa que crean que es una soberana porquería". Nos platicó el ejemplo de cuando ganó un concurso con una fotografía que él consideraba asquerosa, pero que mejoró muchísimo después de editarla en el photoshop. Uno nunca sabe para qué le puede servir la imagen. No se puede ver en el momento, siempre se ve en retrospectiva. Este consejo me ha ayudado una y otra vez. Las fotografías que parecen el patito feo del álbum se convierten luego en la imagen que sale al rescate en cierta situación específica.
Siempre conservo las originales, no las reduzco de tamaño, no las "edito" como dicen por ahí. Cuando lo hago, guardo siempre el original. Las copias editadas se hacen cuando sea, cuando se pierde el original prácticamente se perdió la foto.
He perdido imágenes en varias ocasiones. Dos han sido las más importantes: Cuando se me descompuso el disco duro en el 2006 y cuando me robaron en el 2009. No perdí todo, sólo aquello que todavía no respaldaba. Por eso hay que hacer respaldos constantes, uno nunca sabe cuando llega la hora de perder los datos. Esto lo aprendí en ingeniería. Actualmente estoy intentando minimizar un poco los daños descargando fotos que había subido a MySpace, Fotolog y al blog, para darme una idea más clara de lo que perdí. Ahora tengo sistemas mucho más sofisticados para evitar que esto pase de nuevo.
Por eso me escandaliza cómo los demás tratan sus fotos. Veo que las toman, y dicen "no me gustó" y la borran en el acto sin misericordia. En ocasiones han osado borrar imágenes de mi propia cámara por que "no les gustó cómo salieron". Transfieren las fotos de su cámara a la computadora y proceden a reducirlas de tamaño y, por lo tanto, de calidad. Su cámara de doce megapixeles que tanto alardean prácticamente queda reducida a una de dos.
A veces me encuentro en un evento en donde olvidé mi cámara y pido prestada alguna otra para tomar fotos de algo interesante para que luego me las envíen. Sé que esta es la receta perfecta para la catástrofe: Normalmente me las envían en versiones reducidas de tamaño, obviamente se deshicieron de las originales. En una ocasión tomé como cuarenta y me enviaron siete, pregunté dónde quedaron las otra y me respondieron: "Ah, es que borré las demás por que estaban muy ni al caso". Fuck you very much.
Cuando pierdo imágenes recurro a las personas a quienes les envié las fotos: Siempre las pierden. ¿Para qué las quieren entonces? Sé que no todo mundo debe tener mente de fotógrafo, por eso nunca confío en los demás en cuestión de fotos. Nunca.
La imagen del principio pertenece a uno de los álbumes que perdí. Una amiga de la facultad de ciencias humanas me pidió ayuda para una práctica de fotografía. Ella estudiaba la carrera de educación y llevó la clase como optativa. No sintió haber aprendido mucho y no sabía como cumplir con la tarea. Nos dimos un paseo por el centro de la ciudad, ella con su cámara y yo con la mía. Tomaba algunas imágenes como ejemplo para que se diera ideas. Recuerdo algunas de una carreta de dulces, de ella cámara en mano, de algunos callejones, de la catedral y algunos edificios cercanos. Llegamos hasta el hotel del norte y tomé esa foto. No recuerdo ni la fecha. Por suerte la subí a photobucket con la idea de publicarla en el blog, pero nunca la mostré hasta hoy. Lamentablemente no tengo el original y no envié el álbum a nadie.
Quiero terminar con un último ejemplo: BajaProg 2005. Estas fotos son unas de las que más me han dolido perder. Específicamente una del baterista Carl Palmer esperando entrar al escenario momentos antes de su concierto. La tomé justo a un lado del escenario ya que en ese año estaba trabajando en el staff. En la imagen Palmer salía de espaldas, silueteado en las sombras, con los brazos cruzados y mirando hacia su batería, que estaba en el fondo iluminada por las luces del escenario mientras sonaba una introducción.
Carl Palmer era uno de mis ídolos desde la preparatoria. Mis cuadernos de la escuela tenían fotos de Emerson, Lake and Palmer y sobre todo de su impresionante batería. Cuando me enteré de que iba a venir a Mexicali, algo que parecía inaudito, de inmediato busqué trabajar ahí para conocerlo. Hubo varias fricciones con él y su ingeniero de sonido, pero en general ofreció un muy buen concierto.
Cuando terminó, tuvimos que cuidar muy bien que la gente no se colara al escenario para conocerlo. Algunos llegaron con toda la discografía para que se la firmaran y tuvimos que rechazarlos. Al final pudimos tomarnos unas fotos con él. Se me acercó una persona desesperadísima, y me dijo que no llevaba cámara, que si podía hacerle el favor de tomarle algunas fotos con Carl Palmer y que luego se las enviara al correo. Para generar confianza me dijo que él había sido baterista de Cast, y sacó unas fotos viejas de su cartera. Le dije que estaba bien y tomé varias imágenes que luego le envié por correo (si se puede confiar en mí para ese tipo de cosas).
Esas fueron de las pocas fotos que sobrevivieron del evento. Pude recuperarlas gracias a que se las había enviado. Las que yo me tomé con Palmer se perdieron. Aquí pongo una grupal, la persona que me pidió la foto sale sosteniendo la baqueta, con la camiseta roja. Esta fue, creo la única foto donde Palmer salió sonriendo.