El último brinco, antes de su caída, requirió de un mayor esfuerzo. Valió la pena, pudo anotar la canasta, y en un impulso exhibicionista hasta se colgó del aro. Lo hizo solamente para parecerse a los jugadores de la NBA que recién miró en la tele.
Fue entonces cuando sintió que se venía abajo el tablero. Siguió colgado durante todo el trayecto hasta el suelo. Golpearse contra el pavimento no le dolió en absoluto, pero el tallón de sus manos aplastadas por el aro le provocó una reacción más grande, y un pequeño grito.
Logró levantar un poco la cabeza, tomando unos segundos para orientarse. Sentía golpes y raspones en varias partes de su cuerpo, pero el dolor se concentraba en los dedos. Llevándose la mano derecha al rostro la miró sin falages. Sus dedos terminaban abruptamente en una mancha roja, una fuente sanguinolenta borboteante. El miedo se tragó al dolor de un solo bocado. En un momento de lucidez muy raro en este muchacho, olvidó su maltrecho estado para buscar los pedazos de carne con uña que estarían tirados en plena calle.
Localizó uno de ellos, y estirando el brazo lo tomó con la mano izquierda. Un poco más lejos estaban otros dos, pero moviendo un poco el cuerpo los alcanzaría.
En medio de esta situación, algo húmedo en su oreja distrajo su atención. Era un perro callejero lamiéndolo. De un manotazo y a gritos espantó al animal, el cual se movió a un lado un poco sorprendido. La mano ya estaba cerca de recoger las uñas con carne.
El perro flaco, acostumbrado a los malos tratos, no hizo mucho caso de los aspavientos del joven. Comenzó a olfatear el charco de sangre, siguió el rastro hasta llegar cerca del aro, y sin pensarlo dos veces se comió las falages del basketbolista.
Un desmayo, la puerta de una casa cercana se abrió. Los vecinos se acercaban para investigar un ruido en la calle, cuando encontraron al muchachito tirado, con un perro lamiendo las heridas de su mano.
Atte.
BadBit
Mostrando las entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
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Reunión Blogger
-Tengo un mal presentimiento acerca de esto.
Esto le dije a Bianca antes de entrar al café 1661, en donde estaban los bloggers reunidos. Primero fuimos al café Tónicos. La persona que atiende, aparte de negarme la entrada porque me miraba “muy pendejo para ser verdad”, me cerró la puerta en la cara.
Ya íbamos a regresar a nuestras respectivas casas, hasta que por ahí alcancé a escuchar algunas personas que dijeron que se había cambiado el lugar de la reunión al café 1661, pero en cuando me acerqué a preguntarles con detalles, arrancaron en su automóvil.
Al encontrarme de frente con la puerta de del 1661, el presentimiento se hizo más fuerte. Por la ventana reconocí varias personas. Sentí pánico escénico.
-Yo creo que no deberíamos entrar -le comenté a Bianca.
-¿Porqué no?
-No le voy a caer bien a nadie... será algo extraño. Tengo mil motivos para dar media vuelta y retirarme.
-¡Hay que entrar!
Abrió la puerta y me empujó hacia el interior del lugar. Las personas presentes hicieron un silencio sepulcral. Por ahí alcancé a escuchar que varios susurraron “es el BadBit, ¡qué descaro!” y los rostros pronto se tornaron serios y hasta enojados.
-¡Hola! -fue lo que atiné a decir.
-No recordamos haberte invitado -dijo alguien. Lo reconocí, era sgenius.
-Eh... en el post decía que era para cualquier blogger.
Los bloggers comenzaron a mirarse unos a otros, con expresiones de desaprobación.
-Además llegas tarde -dijo una muchacha. Era Kamelié Zarzamora.
-Si, disculpen... Pensamos que se haría en el Tónicos. -En voz baja le dije a Bianca- ¡Te lo dije!
-A ver -prosiguió Kamelié- ¿Quién de aquí le avisó al BadBit el cambio de lugar? Pensé que había quedado muy claro que no se iba a enterar.
-Disculpa -dijo Tavo-, lo comenté a Brendah y me alcanzó a escuchar.
-¡Genial! ¿Cómo nos vamos a deshacer de él?
No me había dado cuenta de que todos estaban sentados en círculo. Tenían expresiones severas, y sus ojos estaban fijos en mí. Por una extraña coincidencia quedé enmedio de todos. Miré que Bianca salió del café, tal vez ahuyentada por la mala vibra que se sentía.
-¡Contéstenme! -gritó Kamelié. Telepedro levantó la mano.
-Yo propongo que lo quememos en la hoguera. Estoy harto de su blog y todo lo que hace.
-¡Qué! -grité yo.
-¡Si! ¡Hay que quemarlo! -gritaron varios más.
-No, no, no... -dijo Kamelié- Eso ya lo hicimos la otra vez, ¿recuerdan?
-Me puedo retirar su quieren... -dije yo.
-¿Después de arruinar nuestra ceremonia? -dijo Marcos, otro blogger presente- ¡Claro! ¿Y tu nieve?
Mi presentimiento había sido cierto. Miré por la ventana y ya no estaba el automóvil de Bianca. Estaba completamente perdido, y me rebajé a implorar por mi vida.
-Perdónenme, se los pido de rodillas, ¡déjenme ir!
-No es suficiente.
-¿Quién eres?
-Yo soy Nora, y no preguntes nada más.
-¿Porqué no?
-Si te digo algún otro dato tendríamos que eliminarte al instante. Cosa que no estaría nada mal...
-¡Momento! -en esta ocasión logré identificar al joven que hablaba, era el memo- Yo sugiero que lo pongamos en la olla de aceite hirviendo.
Una voz anónima dijo “Buena idea, y de paso comemos chicharrón”. Sgenius tomó la palabra.
-En vista de esta lamentable intromisión a nuestra reunión de Blogwarts, sugiero que nos apeguemos al libro sagrado para ver el destino de este inmundo animal del cual prefiero no decir el nombre.
-¡Si! ¡Si! ¡El libro! -gritaron todos.
Pronto llegó una persona en una túnica negra, con un sombrero puntiagudo, cargando un libro grande y lleno de polvo. Sgenius lo tomó en sus manos después de hacer una reverencia, y lo abrió en determinada página. La persona se quitó el gorro y resultó ser Fabián.
-El gran libro dice: “En caso de que algún imbécil perturbe la sagrada reunión de Blogwarts, se procederá a aplicarle la tortura de la cuna de Judas”
-¿Qué es eso? -pregunté yo.
-No quieres saber... -respondió Sgenius.
Decidí correr hacia la puerta, pero dos personas me bloquearon el paso.
-¡Agárrenlo! -gritó Kamelié.
Todos los bloggers se fueron sobre mí, me sujetaron con fuerza. Con gritos y golpes, me cargaron en hombros hacia el fondo del café, lanzándome en una de las mazmorras. Ahí dentro me encontré con Bianca.
-No logré escapar... -me dijo apesadumbrada, con lágrimas en los ojos.
-¿Qué es esto? ¿Porqué nos tratan así?
Afuera se encontraban todos los bloggers, felicitándose por su captura y nuestra próxima tortura y ejecución. Aparte de los mencionados, reconocí a Marisol, Patunio, Joelia, Gilda, Nacho, Emily, Óscar, Baka-Neko, Lizardo y Pola. Había más gente que no conocía, pero todos parecían felices y sedientos de sangre.
-¡Sáquenos por piedad! ¡No hemos hecho nada! -gritaba yo, ahora llorando.
Y luego desperté. La verdad que estuvo raro mi sueño del viernes, ¿no creen?
Atte.
BadBit
Esto le dije a Bianca antes de entrar al café 1661, en donde estaban los bloggers reunidos. Primero fuimos al café Tónicos. La persona que atiende, aparte de negarme la entrada porque me miraba “muy pendejo para ser verdad”, me cerró la puerta en la cara.
Ya íbamos a regresar a nuestras respectivas casas, hasta que por ahí alcancé a escuchar algunas personas que dijeron que se había cambiado el lugar de la reunión al café 1661, pero en cuando me acerqué a preguntarles con detalles, arrancaron en su automóvil.
Al encontrarme de frente con la puerta de del 1661, el presentimiento se hizo más fuerte. Por la ventana reconocí varias personas. Sentí pánico escénico.
-Yo creo que no deberíamos entrar -le comenté a Bianca.
-¿Porqué no?
-No le voy a caer bien a nadie... será algo extraño. Tengo mil motivos para dar media vuelta y retirarme.
-¡Hay que entrar!
Abrió la puerta y me empujó hacia el interior del lugar. Las personas presentes hicieron un silencio sepulcral. Por ahí alcancé a escuchar que varios susurraron “es el BadBit, ¡qué descaro!” y los rostros pronto se tornaron serios y hasta enojados.
-¡Hola! -fue lo que atiné a decir.
-No recordamos haberte invitado -dijo alguien. Lo reconocí, era sgenius.
-Eh... en el post decía que era para cualquier blogger.
Los bloggers comenzaron a mirarse unos a otros, con expresiones de desaprobación.
-Además llegas tarde -dijo una muchacha. Era Kamelié Zarzamora.
-Si, disculpen... Pensamos que se haría en el Tónicos. -En voz baja le dije a Bianca- ¡Te lo dije!
-A ver -prosiguió Kamelié- ¿Quién de aquí le avisó al BadBit el cambio de lugar? Pensé que había quedado muy claro que no se iba a enterar.
-Disculpa -dijo Tavo-, lo comenté a Brendah y me alcanzó a escuchar.
-¡Genial! ¿Cómo nos vamos a deshacer de él?
No me había dado cuenta de que todos estaban sentados en círculo. Tenían expresiones severas, y sus ojos estaban fijos en mí. Por una extraña coincidencia quedé enmedio de todos. Miré que Bianca salió del café, tal vez ahuyentada por la mala vibra que se sentía.
-¡Contéstenme! -gritó Kamelié. Telepedro levantó la mano.
-Yo propongo que lo quememos en la hoguera. Estoy harto de su blog y todo lo que hace.
-¡Qué! -grité yo.
-¡Si! ¡Hay que quemarlo! -gritaron varios más.
-No, no, no... -dijo Kamelié- Eso ya lo hicimos la otra vez, ¿recuerdan?
-Me puedo retirar su quieren... -dije yo.
-¿Después de arruinar nuestra ceremonia? -dijo Marcos, otro blogger presente- ¡Claro! ¿Y tu nieve?
Mi presentimiento había sido cierto. Miré por la ventana y ya no estaba el automóvil de Bianca. Estaba completamente perdido, y me rebajé a implorar por mi vida.
-Perdónenme, se los pido de rodillas, ¡déjenme ir!
-No es suficiente.
-¿Quién eres?
-Yo soy Nora, y no preguntes nada más.
-¿Porqué no?
-Si te digo algún otro dato tendríamos que eliminarte al instante. Cosa que no estaría nada mal...
-¡Momento! -en esta ocasión logré identificar al joven que hablaba, era el memo- Yo sugiero que lo pongamos en la olla de aceite hirviendo.
Una voz anónima dijo “Buena idea, y de paso comemos chicharrón”. Sgenius tomó la palabra.
-En vista de esta lamentable intromisión a nuestra reunión de Blogwarts, sugiero que nos apeguemos al libro sagrado para ver el destino de este inmundo animal del cual prefiero no decir el nombre.
-¡Si! ¡Si! ¡El libro! -gritaron todos.
Pronto llegó una persona en una túnica negra, con un sombrero puntiagudo, cargando un libro grande y lleno de polvo. Sgenius lo tomó en sus manos después de hacer una reverencia, y lo abrió en determinada página. La persona se quitó el gorro y resultó ser Fabián.
-El gran libro dice: “En caso de que algún imbécil perturbe la sagrada reunión de Blogwarts, se procederá a aplicarle la tortura de la cuna de Judas”
-¿Qué es eso? -pregunté yo.
-No quieres saber... -respondió Sgenius.
Decidí correr hacia la puerta, pero dos personas me bloquearon el paso.
-¡Agárrenlo! -gritó Kamelié.
Todos los bloggers se fueron sobre mí, me sujetaron con fuerza. Con gritos y golpes, me cargaron en hombros hacia el fondo del café, lanzándome en una de las mazmorras. Ahí dentro me encontré con Bianca.
-No logré escapar... -me dijo apesadumbrada, con lágrimas en los ojos.
-¿Qué es esto? ¿Porqué nos tratan así?
Afuera se encontraban todos los bloggers, felicitándose por su captura y nuestra próxima tortura y ejecución. Aparte de los mencionados, reconocí a Marisol, Patunio, Joelia, Gilda, Nacho, Emily, Óscar, Baka-Neko, Lizardo y Pola. Había más gente que no conocía, pero todos parecían felices y sedientos de sangre.
-¡Sáquenos por piedad! ¡No hemos hecho nada! -gritaba yo, ahora llorando.
Y luego desperté. La verdad que estuvo raro mi sueño del viernes, ¿no creen?
Atte.
BadBit
La pisteada del sábado
El texto que presento a continuación forma parte de los mails pendetontos que envío a mis contactos para avisarles de algo. Aparentemente ya se han convertido en toda una tradición. En esta ocasión quería preguntar a mis excompañeros de secundaria si estarían disponibles el sábado que viene para una pisteada. Se trata de los mismos que me hicieron bolita. A mi me parece una pregunta muy tonta, ¿quién puede tener algo más importante que pistear? Pero bueno, para estar seguros lanzo la pregunta al aire.
Al leerlo de nuevo hay algo ahí que no parece mío, me deprime. Tal vez sea producto de que lo escribí como a las cuatro de la mañana. Sea lo que sea se siente extraño. De todas formas quiero presentarlo. Ai' me dejan un comment con sus opiniones.
Ayer estaba frustado porque no había chocomilk en la casa. ¿Cómo voy a soportar el nauseabundo sabor de la leche? me preguntaba con desesperación. Para quitar mi mente de estos asuntos tan estresantes me puse a contar las lozetas de mi casa mientras ponía mi colección de discos de Timbiriche. Mientras cantaba muy feliz Soy un desastre cuando tú te vas de casaaaa, en el armario ya no encuentro las corbataaas escuché un ruido que me hizo perder la cuenta cuando ya iba por la lozeta 56,478.
Jaime, le grité al mayordomo, ven inmediatamente. En efecto, después de dos horas llegó un señor con tuxedo y pose restirada. Llamaba el señor, me preguntó. Si, escuché un ruido cerca de las caballerizas, ve a investigar. Y a ver si le vas bajando de huevos, te tardaste mucho en llegar, parece que te crees el patrón, le dije. La verdad el ruido me tenía preocupado, ni menso arriesgo el pellejo con tanto secuestrador suelto.
Ya que se había ido recordé lo del chocomilk. Tomé un post-it y anoté Decirle a Jaime que compre chocolate en polvo y arregle mi cajón de calcetines (clasificarlos por tipo de tela). Pegué la nota en una columna de mármol. Después, saqué unas pelotas de tennis y comencé a jugar un juego que yo inventé. Es parecido a las canicas, pero con una serie de reglas bastante complicadas que involucran ecuaciones fractales. Además, se consideran todos los muebles de mi casa. A veces puede resultar complicado cuando hay remodelaciones, porque tengo que hacer ajustes a las reglas.
Total, mi colección de discos se había reproducido de principio a fin y estaba divirtiéndome de lo lindo. En eso regresa Jaime y me dice Señor, creo que hubo una pequeña confusión, no tiene usted caballeriza. Me quedé pensando unos veinte minutos, y me dí cuenta de que tenía razón, pero no hay nada peor para un mayordomo que decirle que se encuentra en lo correcto.
Preferí cambiar de tema Mañana quiero que te vayas tempranito al registro civil e investigues todos los trámites para cambiarte de nombre por otro que no suene tan pinche, parece sacado de telenovela de Thalía. Lo miré dudar. Te vas a poner mamón, le pregunté. No señor, pero creo que es un trámite muy caro, me respondió. No me importa el precio, repliqué, al cabo que saldrá de tu sueldo. Es lo menos que espero de él, después de que interrumpió mi partida de Tenicas (aunque a veces lo llamo Canitennis). Lo dejé que se fuera a seguir cortando el papel picado que utilizaremos en septiembre.
Guardé mis pelotas (las de tennis) y entré a mi estudio. Así le digo yo al cuarto en donde guardo todos mis juguetes. Presioné un botón y hablé por el intercomunicador Silvia Patricia, tengo nuevos mensajes, le pregunté. Si señor, habló Roberto Madrazo de nuevo, quiere disculparse por el elefante de marfil que robó de su sala la otra noche, alega que es cleptómano y no pudo evitarlo, Ese Madrazo nunca cambiará, ¿alguien más? Si señor, llamó también Hortensio el exjardinero, quiere saber si ya leyó usted El Código DaVinci, A esa llamada ni le respondas, ¿alguna otra? Si, se comunicó con usted el ingeniero Castañeda, quiere... Ya te dije que me tienes que decir señor siempre, otro error de estos te cuesta el empleo, Disculpe usted señor, Está bien, te lo perdonaré por esta ocasión, me decías, Señor, el ingeniero Castañeda llamó y quiere ver si se va a realizar la pisteada de este sábado, Pues yo también quiero saber, pero en donde, no te dijo, No señor, parece que el lugar no está definido todavía, pero hay varias opciones, Entonces para qué llamó, Señor, quiere ver si usted puede comunicarse con sus excompañeros de secundaria, para ver quienes están disponibles para esa fecha...
En eso escucho de nuevo el ruido aquel. Grité a todo pulmón Jaimeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee. A los cinco minutos llegó. Llamaba el señor, Y todavía preguntas pendejo, no escuchaste el gritote, Qué sucede señor, Pues el mismo ruido, pero creo que esta vez vino del sótano, ve a investigar, Pero señor, usted me dijo que nunca bajara al sótano porque luego me mancho los guantes y la lavandería está muy cara, Que hagas lo que te digo, por cierto, se me había olvidado decirte que compres chocomilk, la otra vez me tomé un vaso de leche sin chocolate y casi me ahogo con mi propio vómito, Me haré cargo de eso señor, Bien, ahora al sótano. Se quedó parado un ratote viéndome con cara de extrañado, después de una media hora se quitó los guantes, los puso sobre mi escritorio (en realidad era una mesita de Playschool) y se retiró bien lento, como esperando a que cambiara de opinión.
Bien Silvia Patricia, en qué estábamos. Se hizo un silencio al otro lado del intercomunicador. Silvia Patricia, estás ahí, Si señor, pero, Pero qué, No soporto más esta situación, No me dijiste señor, estás despedida, Eso precisamente le iba a decir, que renuncio, No renuncias, estás despedida y nunca volverás a trabajar en esta ciudad, que digo en esta ciudad, en este país, comunícame con Vicente Fox de inmediato, Le acabo de decir que renuncio, Eso me vale madre, ponlo al teléfono. Y ya no escuché nada por el aparatito.
Furioso me dirigí a la oficina de Silvia Patricia. Bueno, su oficina en realidad era el hueco debajo de las escaleras con una caja de madera como mesita, un teléfono, el intercomunicador y un block de hojas amarillas con su respectivo crayón negro. Silviaaaaaaaaaaaaaaa. Nadie me contestó. Jaimeeeeeeeeeeeeeeeeeee, esperé dos horas pero nada.
Tomé el block de notas que estaba encima de la caja, y tras revisar su contenido me topé con el teléfono del ingeniero Miguel. Miré el teléfono, pero la verdad llevaba años si usar uno. Creo que una vez miré alguno en una caricatura de Bugs Bunny, pero ni puse atención a su funcionamiento. Jaimeeeeeeeeeeeeeeeeee, de nuevo sin respuesta.
Levanté el auricular, y me lo coloqué en el oído, no se escuchaba nada. Me habré quedado sordo, pensé, pero a los quince minutos me dí cuenta de que me lo había puesto al revés. Comencé a presionar los botones, pero olvidaba la secuencia de números a la mitad. Estuve intente e intente toda la noche hasta que pude hacerlo correctamente a las tres de la mañana. Lo malo es que nadie me contestó. El sueño me venció y dormí recargado en la caja de tomates.
Me dí cuenta de que había amanecido porque el tragaluz de cuarzo del techo comenzó a filtrar el sol. No tenía ningún reloj a la mano, nomás uno de arena que es una reliquia árabe del siglo XI y la verdad no sé como da la hora. Intenté marcar de nuevo, me tardé dos horas en dar con la combinación correcta.
Bueno, quién habla, Que onda Maikiki, habla el Miguelón, Quiubole, te dijeron que te llamé, Si, qué se te ofrecía, Quería ver si puedes enviar un correo electrónico a los de la secu para ver quién puede ir a la pisteada del sábado, Chin, ahorita va a estar difícil porque acabo de despedir a mi secretaria, Y eso, Pues ya vez, uno ya no puede confiar en nadie, Si, está canija la situación, Pero bueno, voy a ver si mi mayordomo puede ayudarme, Está bien, nomás quería decirte eso, nos vemos, Nos vemos, y a ver si en la semana vamos a jugar tennis, ya no te vayas a San Diego, Claro, nos vemos pronto y colgó.
El problema sería encontrar a Jaime, no se había parado en toda la mañana. Ni siquiera me despertó. Fui a su cuarto (en realidad era una hamaca en el patio) pero no estaba ahí. Tampoco estaba entre los matorrales, ni en la piscina, ni en la cancha de cricket. ¿Qué se estaba creyendo este wey? Ya no quería gritar su nombre porque la neta suena bien naco. De pronto recordé que a la última parte a donde lo envié fue al sótano, así que tendría que aventurar a esas profundidades. Noté también que las plantas ya estaban muy crecidas, pero Hortensio el jardinero había renunciado la semana pasada. El pobrecito está ahora pidiendo dinero debajo del puente de la Lázaro Cárdenas, le advertí que no volvería a trabajar.
Estuve como loco buscando la puerta del sótano, hasta que de pura casualidad dí con ella. Estaba muy obscuro y encendí el interruptor. Aún así faltaba muchísima luz, aparentemente se habían fundido la mayoría de los focos. Frente a mí se encontraba la escalera de madera que conducía hacia abajo. Cada escalón que pisaba emitía un rechinido.
Conforme descendía, un olor muy desagradable llegó a mi nariz. Tuve que rebajarme a gritar de nuevo Jaimeeeeeeeeee. Me respondió el silencio. Llegué al fondo y el olor se hizo tremendamente fuerte. Sólo avancé unos pasos hasta que miré algo que me horrorizó: Un río de sangre salía del cuerpo de Jaime, el cual estaba tirado en el suelo completamente desnudo. Tenía extendidas los brazos y piernas. Había un círculo pintado alrededor de su cadaver y tenía grabado un pentagrama en la frente. Cinco velas colocadas en círculo alumbraban el cuerpo. En la pared había una inscripción escrita con sangre que decía Tú eres el siguiente.
Después de pensar Cómo apesta este cabrón, me dije a mi mismo Y ahora cómo voy a escribir el mail a mis amigos para ver si pueden ir a la pisteada del sábado. Hasta la fecha no sé como voy a hacerle.
Atte.
BadBit
P.D. Aprovecho este pequeño espacio al final para pedir una disculpa pública. Mi amigocha Deyamota cumplió años el sábado pasado y de regalo le prometí un cuento nuevecito. Primero que nada, ¡Felicidades! Segundo que nada, esta promesa resultó ser una empresa titánica. El cuento sigue avanzando, aunque a paso de tortuga. Me siento como pasta de dientes que está próxima a acabarse y estoy exprimiéndome con todas mis fuerzas. Saludos de nuevo, y pido paciencia.
Al leerlo de nuevo hay algo ahí que no parece mío, me deprime. Tal vez sea producto de que lo escribí como a las cuatro de la mañana. Sea lo que sea se siente extraño. De todas formas quiero presentarlo. Ai' me dejan un comment con sus opiniones.
Ayer estaba frustado porque no había chocomilk en la casa. ¿Cómo voy a soportar el nauseabundo sabor de la leche? me preguntaba con desesperación. Para quitar mi mente de estos asuntos tan estresantes me puse a contar las lozetas de mi casa mientras ponía mi colección de discos de Timbiriche. Mientras cantaba muy feliz Soy un desastre cuando tú te vas de casaaaa, en el armario ya no encuentro las corbataaas escuché un ruido que me hizo perder la cuenta cuando ya iba por la lozeta 56,478.
Jaime, le grité al mayordomo, ven inmediatamente. En efecto, después de dos horas llegó un señor con tuxedo y pose restirada. Llamaba el señor, me preguntó. Si, escuché un ruido cerca de las caballerizas, ve a investigar. Y a ver si le vas bajando de huevos, te tardaste mucho en llegar, parece que te crees el patrón, le dije. La verdad el ruido me tenía preocupado, ni menso arriesgo el pellejo con tanto secuestrador suelto.
Ya que se había ido recordé lo del chocomilk. Tomé un post-it y anoté Decirle a Jaime que compre chocolate en polvo y arregle mi cajón de calcetines (clasificarlos por tipo de tela). Pegué la nota en una columna de mármol. Después, saqué unas pelotas de tennis y comencé a jugar un juego que yo inventé. Es parecido a las canicas, pero con una serie de reglas bastante complicadas que involucran ecuaciones fractales. Además, se consideran todos los muebles de mi casa. A veces puede resultar complicado cuando hay remodelaciones, porque tengo que hacer ajustes a las reglas.
Total, mi colección de discos se había reproducido de principio a fin y estaba divirtiéndome de lo lindo. En eso regresa Jaime y me dice Señor, creo que hubo una pequeña confusión, no tiene usted caballeriza. Me quedé pensando unos veinte minutos, y me dí cuenta de que tenía razón, pero no hay nada peor para un mayordomo que decirle que se encuentra en lo correcto.
Preferí cambiar de tema Mañana quiero que te vayas tempranito al registro civil e investigues todos los trámites para cambiarte de nombre por otro que no suene tan pinche, parece sacado de telenovela de Thalía. Lo miré dudar. Te vas a poner mamón, le pregunté. No señor, pero creo que es un trámite muy caro, me respondió. No me importa el precio, repliqué, al cabo que saldrá de tu sueldo. Es lo menos que espero de él, después de que interrumpió mi partida de Tenicas (aunque a veces lo llamo Canitennis). Lo dejé que se fuera a seguir cortando el papel picado que utilizaremos en septiembre.
Guardé mis pelotas (las de tennis) y entré a mi estudio. Así le digo yo al cuarto en donde guardo todos mis juguetes. Presioné un botón y hablé por el intercomunicador Silvia Patricia, tengo nuevos mensajes, le pregunté. Si señor, habló Roberto Madrazo de nuevo, quiere disculparse por el elefante de marfil que robó de su sala la otra noche, alega que es cleptómano y no pudo evitarlo, Ese Madrazo nunca cambiará, ¿alguien más? Si señor, llamó también Hortensio el exjardinero, quiere saber si ya leyó usted El Código DaVinci, A esa llamada ni le respondas, ¿alguna otra? Si, se comunicó con usted el ingeniero Castañeda, quiere... Ya te dije que me tienes que decir señor siempre, otro error de estos te cuesta el empleo, Disculpe usted señor, Está bien, te lo perdonaré por esta ocasión, me decías, Señor, el ingeniero Castañeda llamó y quiere ver si se va a realizar la pisteada de este sábado, Pues yo también quiero saber, pero en donde, no te dijo, No señor, parece que el lugar no está definido todavía, pero hay varias opciones, Entonces para qué llamó, Señor, quiere ver si usted puede comunicarse con sus excompañeros de secundaria, para ver quienes están disponibles para esa fecha...
En eso escucho de nuevo el ruido aquel. Grité a todo pulmón Jaimeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee. A los cinco minutos llegó. Llamaba el señor, Y todavía preguntas pendejo, no escuchaste el gritote, Qué sucede señor, Pues el mismo ruido, pero creo que esta vez vino del sótano, ve a investigar, Pero señor, usted me dijo que nunca bajara al sótano porque luego me mancho los guantes y la lavandería está muy cara, Que hagas lo que te digo, por cierto, se me había olvidado decirte que compres chocomilk, la otra vez me tomé un vaso de leche sin chocolate y casi me ahogo con mi propio vómito, Me haré cargo de eso señor, Bien, ahora al sótano. Se quedó parado un ratote viéndome con cara de extrañado, después de una media hora se quitó los guantes, los puso sobre mi escritorio (en realidad era una mesita de Playschool) y se retiró bien lento, como esperando a que cambiara de opinión.
Bien Silvia Patricia, en qué estábamos. Se hizo un silencio al otro lado del intercomunicador. Silvia Patricia, estás ahí, Si señor, pero, Pero qué, No soporto más esta situación, No me dijiste señor, estás despedida, Eso precisamente le iba a decir, que renuncio, No renuncias, estás despedida y nunca volverás a trabajar en esta ciudad, que digo en esta ciudad, en este país, comunícame con Vicente Fox de inmediato, Le acabo de decir que renuncio, Eso me vale madre, ponlo al teléfono. Y ya no escuché nada por el aparatito.
Furioso me dirigí a la oficina de Silvia Patricia. Bueno, su oficina en realidad era el hueco debajo de las escaleras con una caja de madera como mesita, un teléfono, el intercomunicador y un block de hojas amarillas con su respectivo crayón negro. Silviaaaaaaaaaaaaaaa. Nadie me contestó. Jaimeeeeeeeeeeeeeeeeeee, esperé dos horas pero nada.
Tomé el block de notas que estaba encima de la caja, y tras revisar su contenido me topé con el teléfono del ingeniero Miguel. Miré el teléfono, pero la verdad llevaba años si usar uno. Creo que una vez miré alguno en una caricatura de Bugs Bunny, pero ni puse atención a su funcionamiento. Jaimeeeeeeeeeeeeeeeeee, de nuevo sin respuesta.
Levanté el auricular, y me lo coloqué en el oído, no se escuchaba nada. Me habré quedado sordo, pensé, pero a los quince minutos me dí cuenta de que me lo había puesto al revés. Comencé a presionar los botones, pero olvidaba la secuencia de números a la mitad. Estuve intente e intente toda la noche hasta que pude hacerlo correctamente a las tres de la mañana. Lo malo es que nadie me contestó. El sueño me venció y dormí recargado en la caja de tomates.
Me dí cuenta de que había amanecido porque el tragaluz de cuarzo del techo comenzó a filtrar el sol. No tenía ningún reloj a la mano, nomás uno de arena que es una reliquia árabe del siglo XI y la verdad no sé como da la hora. Intenté marcar de nuevo, me tardé dos horas en dar con la combinación correcta.
Bueno, quién habla, Que onda Maikiki, habla el Miguelón, Quiubole, te dijeron que te llamé, Si, qué se te ofrecía, Quería ver si puedes enviar un correo electrónico a los de la secu para ver quién puede ir a la pisteada del sábado, Chin, ahorita va a estar difícil porque acabo de despedir a mi secretaria, Y eso, Pues ya vez, uno ya no puede confiar en nadie, Si, está canija la situación, Pero bueno, voy a ver si mi mayordomo puede ayudarme, Está bien, nomás quería decirte eso, nos vemos, Nos vemos, y a ver si en la semana vamos a jugar tennis, ya no te vayas a San Diego, Claro, nos vemos pronto y colgó.
El problema sería encontrar a Jaime, no se había parado en toda la mañana. Ni siquiera me despertó. Fui a su cuarto (en realidad era una hamaca en el patio) pero no estaba ahí. Tampoco estaba entre los matorrales, ni en la piscina, ni en la cancha de cricket. ¿Qué se estaba creyendo este wey? Ya no quería gritar su nombre porque la neta suena bien naco. De pronto recordé que a la última parte a donde lo envié fue al sótano, así que tendría que aventurar a esas profundidades. Noté también que las plantas ya estaban muy crecidas, pero Hortensio el jardinero había renunciado la semana pasada. El pobrecito está ahora pidiendo dinero debajo del puente de la Lázaro Cárdenas, le advertí que no volvería a trabajar.
Estuve como loco buscando la puerta del sótano, hasta que de pura casualidad dí con ella. Estaba muy obscuro y encendí el interruptor. Aún así faltaba muchísima luz, aparentemente se habían fundido la mayoría de los focos. Frente a mí se encontraba la escalera de madera que conducía hacia abajo. Cada escalón que pisaba emitía un rechinido.
Conforme descendía, un olor muy desagradable llegó a mi nariz. Tuve que rebajarme a gritar de nuevo Jaimeeeeeeeeee. Me respondió el silencio. Llegué al fondo y el olor se hizo tremendamente fuerte. Sólo avancé unos pasos hasta que miré algo que me horrorizó: Un río de sangre salía del cuerpo de Jaime, el cual estaba tirado en el suelo completamente desnudo. Tenía extendidas los brazos y piernas. Había un círculo pintado alrededor de su cadaver y tenía grabado un pentagrama en la frente. Cinco velas colocadas en círculo alumbraban el cuerpo. En la pared había una inscripción escrita con sangre que decía Tú eres el siguiente.
Después de pensar Cómo apesta este cabrón, me dije a mi mismo Y ahora cómo voy a escribir el mail a mis amigos para ver si pueden ir a la pisteada del sábado. Hasta la fecha no sé como voy a hacerle.
Atte.
BadBit
P.D. Aprovecho este pequeño espacio al final para pedir una disculpa pública. Mi amigocha Deyamota cumplió años el sábado pasado y de regalo le prometí un cuento nuevecito. Primero que nada, ¡Felicidades! Segundo que nada, esta promesa resultó ser una empresa titánica. El cuento sigue avanzando, aunque a paso de tortuga. Me siento como pasta de dientes que está próxima a acabarse y estoy exprimiéndome con todas mis fuerzas. Saludos de nuevo, y pido paciencia.
El hombre de tus sueños
-¿Bueno?
-¡Marta! ¿Estás dormida?
-Ya no.
-Perdón, es que me acabo de despertar y tuve un sueño loquísimo.
-No me digas.
-Tienes que escucharlo.
-Primero me gustaría saber quién habla.
-¿No te acuerdas de mí?
-Acabo de despertar, la verdad no reconocería ni a mi mamá.
-Soy Sofía, la novia de Pedro.
-Conozco a muchos Pedros.
-El que trabaja en el periódico.
-Mira Sofía, son casi las tres de la mañana y me tengo que despertar muy temprano. ¿Lo podemos dejar para otra ocasión?
-¡Es que es impresionante! ¡Tienes que escuchar esto!
-Bueno... Que sea breve por favor.
-Soñé que estaba en ese edificio gigante que está en Estados Unidos. Uno en dónde está una estatua grandísima de Lincoln sentado.
-Si.
-Iba subiendo las escaleras, pero cuando entré al edificio estaba adentro de la casa de una amiga. No la conoces, pero paso mucho tiempo en su casa, pareciera que vivo ahí. Entonces mi amiga me dijo "Te presento a mi suegra", y salió alguien de su cocina. ¡Pero eras tú!
-¿En serio?
-¡Si! Salí de la casa como asustada, porque yo sabía que sí eras la suegra de mi amiga, aunque sabía que tú no eras ella... O sea, te veía como eres, pero no eras tú. ¿Sabes cómo? Al salir, estaba como en un parque muy grande, con un camino de tierra muy largo, tapizado de hojas secas. Al fondo...
-Sofía, no quiero ser grosera, pero en verdad necesito dormir. Se me están cerrando los ojos, te agradecería que me lo contaras luego.
-Espérate, ya viene lo interesante.
-Sofía, por favor...
-Caminé durante un largo rato, y llegué al fondo del camino. ¡Ahí estaba tu casa! Había una mujer con los brazos alrededor de un hombre (que por cierto estaba muy bien) y la mujer decía: “¡Eres el amor de mi vida!”. Me acerqué un poco, ¡y la mujer eras tú!
-Qué sorpresa. Mañana me lo cuentas a detalle.
-Cuando nos pusimos a platicar, me dijiste que lo habías conocido ese día, que le impresionó la ropa que traías puesta porque había visto una foto de su mamá en donde salía vestida igual. El caso es que ya tenías planes para casarte. Nunca te había visto tan feliz.
-Si que me has impresionado con este sueño tan interesante, nos vemos.
-¿No piensas hacer nada al respecto?
-Si, voy a colgar.
-¡Marta! No cometas un error, ¿qué no te das cuenta? ¡Para eso te llamé!
-No entiendo.
-En mi sueño traías una falda blanca, y una blusa verde. Usabas sandalias.
-¿Y?
-Yo tengo una falda blanca, te la puedo prestar. Cuando fuimos a aquel bar que queda por el centro, ¿te acuerdas? Ahí te miré puesta una blusa verde. El problema son las sandalias... ¿Tienes?
-¿De qué estás hablando?
-¡Pues de lo que te acabo de contar! Mi abuela siempre decía que soñamos las cosas que van a pasar. No quieres perder al amor de tu vida nomás porque andabas mal vestida, ¿verdad?
-Déjame ver si capto. ¿Quieres que me ponga la ropa que soñaste porque mañana... perdón, hoy conoceré al amor de mi vida?
-Si.
-¿Estás loca?
-Escúchame Marta, la otra vez soñé que un compañero de trabajo iba a reencontrarse con alguien muy importante en un café. Lo llevé casi a rastras a un lugar muy parecido al de mi sueño, estuvimos un rato y ¿adivina qué?
-No se me ocurre que podría haber pasado.
-¡Se topó con su mejor amiga de la primaria! Se pusieron contentísimos por haberse reencontrado, y quedaron de verse en otra ocasión.
-Ese compañero de trabajo tuyo, ¿es el Ricardo?
-Si, ¿te contó?
-¡Claro! Esa vieja resultó ser una traumada, no se la podía quitar de encima. Lo seguía a todas partes, y quería estar a un lado de él hasta en los momentos más imprudentes. Un verdadero lastre.
-Bueno, eso no importa. Mi sueño resultó realidad.
-Sofía, en el supuesto caso de que conozca a una persona que me agrade, tú bien sabes que ya tengo novio.
-¿Eso qué? ¡Estoy hablando del amor de tu vida!
-Creo que ya he escuchado suficiente.
-¿O a poco me vas a decir que te vas a casar con el Jaime?
-Ese es problema mío.
-¡Ajá! ¿El Jaime es un problema? ¡Te traiciona el subconsciente!
-No existe tal cosa, querrás decir inconsciente.
-Pues eso, pero te traiciona.
-O sea, me despiertas a las tres de la mañana para decirme esto. No lo puedo creer...
-¡Tienes que ponerte esa ropa!
-¡Marta, ni siquiera uso faldas! ¿Cuándo me has visto con una? ¡Déjame dormir, por favor!
-Así me lo agradeces... Pues debes saber que a nadie nos gusta la pareja que haces con el Jaime, es cuestión de tiempo para que terminen.
-¿Y a ustedes qué chingados les importa? Consíganse sus propias vidas, por piedad. Déjenos en paz.
-¿Ves? Lo mismo me dijiste en el sueño, ya decía yo. Ni me caes tan bien, no te iba a contar nada de esto, pero la conciencia no me dejaba dormir.
-Disculpa la molestia. Ahora te suplico que te calles y me dejes dormir.
-¡Qué grosera! Está bien. Dulces sueños Martita.
-¡Adiós!
-¿Bueno? ¿Sofía?
-Si, ¿quién habla?
-Marta...
-¡Ah! Martita, ¡qué milagro! No sabía nada de ti desde ayer, ¿qué se te ofrecía?
-¿Todavía tienes la falda que mencionaste la otra noche?
-Si, claro. ¿Porqué Martita?
-¿Me la puedes prestar?
-¡Ay muchacha! Ya ni te molestes, él ya no va a regresar.
-¿Cómo sabes?
-No me lo vas a creer, pero lo soñé.
Atte.
BadBit
P.D. Quiero dar reconocimiento a mi amiga Ruth, ya que me ayudó a terminar esta historia y también se puso a discutir conmigo algunos puntos que me ayudaron a salir del atolladero. Por lo tanto, también se lo dedico ;) Dulces sueños Ruth :P
-¡Marta! ¿Estás dormida?
-Ya no.
-Perdón, es que me acabo de despertar y tuve un sueño loquísimo.
-No me digas.
-Tienes que escucharlo.
-Primero me gustaría saber quién habla.
-¿No te acuerdas de mí?
-Acabo de despertar, la verdad no reconocería ni a mi mamá.
-Soy Sofía, la novia de Pedro.
-Conozco a muchos Pedros.
-El que trabaja en el periódico.
-Mira Sofía, son casi las tres de la mañana y me tengo que despertar muy temprano. ¿Lo podemos dejar para otra ocasión?
-¡Es que es impresionante! ¡Tienes que escuchar esto!
-Bueno... Que sea breve por favor.
-Soñé que estaba en ese edificio gigante que está en Estados Unidos. Uno en dónde está una estatua grandísima de Lincoln sentado.
-Si.
-Iba subiendo las escaleras, pero cuando entré al edificio estaba adentro de la casa de una amiga. No la conoces, pero paso mucho tiempo en su casa, pareciera que vivo ahí. Entonces mi amiga me dijo "Te presento a mi suegra", y salió alguien de su cocina. ¡Pero eras tú!
-¿En serio?
-¡Si! Salí de la casa como asustada, porque yo sabía que sí eras la suegra de mi amiga, aunque sabía que tú no eras ella... O sea, te veía como eres, pero no eras tú. ¿Sabes cómo? Al salir, estaba como en un parque muy grande, con un camino de tierra muy largo, tapizado de hojas secas. Al fondo...
-Sofía, no quiero ser grosera, pero en verdad necesito dormir. Se me están cerrando los ojos, te agradecería que me lo contaras luego.
-Espérate, ya viene lo interesante.
-Sofía, por favor...
-Caminé durante un largo rato, y llegué al fondo del camino. ¡Ahí estaba tu casa! Había una mujer con los brazos alrededor de un hombre (que por cierto estaba muy bien) y la mujer decía: “¡Eres el amor de mi vida!”. Me acerqué un poco, ¡y la mujer eras tú!
-Qué sorpresa. Mañana me lo cuentas a detalle.
-Cuando nos pusimos a platicar, me dijiste que lo habías conocido ese día, que le impresionó la ropa que traías puesta porque había visto una foto de su mamá en donde salía vestida igual. El caso es que ya tenías planes para casarte. Nunca te había visto tan feliz.
-Si que me has impresionado con este sueño tan interesante, nos vemos.
-¿No piensas hacer nada al respecto?
-Si, voy a colgar.
-¡Marta! No cometas un error, ¿qué no te das cuenta? ¡Para eso te llamé!
-No entiendo.
-En mi sueño traías una falda blanca, y una blusa verde. Usabas sandalias.
-¿Y?
-Yo tengo una falda blanca, te la puedo prestar. Cuando fuimos a aquel bar que queda por el centro, ¿te acuerdas? Ahí te miré puesta una blusa verde. El problema son las sandalias... ¿Tienes?
-¿De qué estás hablando?
-¡Pues de lo que te acabo de contar! Mi abuela siempre decía que soñamos las cosas que van a pasar. No quieres perder al amor de tu vida nomás porque andabas mal vestida, ¿verdad?
-Déjame ver si capto. ¿Quieres que me ponga la ropa que soñaste porque mañana... perdón, hoy conoceré al amor de mi vida?
-Si.
-¿Estás loca?
-Escúchame Marta, la otra vez soñé que un compañero de trabajo iba a reencontrarse con alguien muy importante en un café. Lo llevé casi a rastras a un lugar muy parecido al de mi sueño, estuvimos un rato y ¿adivina qué?
-No se me ocurre que podría haber pasado.
-¡Se topó con su mejor amiga de la primaria! Se pusieron contentísimos por haberse reencontrado, y quedaron de verse en otra ocasión.
-Ese compañero de trabajo tuyo, ¿es el Ricardo?
-Si, ¿te contó?
-¡Claro! Esa vieja resultó ser una traumada, no se la podía quitar de encima. Lo seguía a todas partes, y quería estar a un lado de él hasta en los momentos más imprudentes. Un verdadero lastre.
-Bueno, eso no importa. Mi sueño resultó realidad.
-Sofía, en el supuesto caso de que conozca a una persona que me agrade, tú bien sabes que ya tengo novio.
-¿Eso qué? ¡Estoy hablando del amor de tu vida!
-Creo que ya he escuchado suficiente.
-¿O a poco me vas a decir que te vas a casar con el Jaime?
-Ese es problema mío.
-¡Ajá! ¿El Jaime es un problema? ¡Te traiciona el subconsciente!
-No existe tal cosa, querrás decir inconsciente.
-Pues eso, pero te traiciona.
-O sea, me despiertas a las tres de la mañana para decirme esto. No lo puedo creer...
-¡Tienes que ponerte esa ropa!
-¡Marta, ni siquiera uso faldas! ¿Cuándo me has visto con una? ¡Déjame dormir, por favor!
-Así me lo agradeces... Pues debes saber que a nadie nos gusta la pareja que haces con el Jaime, es cuestión de tiempo para que terminen.
-¿Y a ustedes qué chingados les importa? Consíganse sus propias vidas, por piedad. Déjenos en paz.
-¿Ves? Lo mismo me dijiste en el sueño, ya decía yo. Ni me caes tan bien, no te iba a contar nada de esto, pero la conciencia no me dejaba dormir.
-Disculpa la molestia. Ahora te suplico que te calles y me dejes dormir.
-¡Qué grosera! Está bien. Dulces sueños Martita.
-¡Adiós!
* * *
-¿Bueno? ¿Sofía?
-Si, ¿quién habla?
-Marta...
-¡Ah! Martita, ¡qué milagro! No sabía nada de ti desde ayer, ¿qué se te ofrecía?
-¿Todavía tienes la falda que mencionaste la otra noche?
-Si, claro. ¿Porqué Martita?
-¿Me la puedes prestar?
-¡Ay muchacha! Ya ni te molestes, él ya no va a regresar.
-¿Cómo sabes?
-No me lo vas a creer, pero lo soñé.
Atte.
BadBit
P.D. Quiero dar reconocimiento a mi amiga Ruth, ya que me ayudó a terminar esta historia y también se puso a discutir conmigo algunos puntos que me ayudaron a salir del atolladero. Por lo tanto, también se lo dedico ;) Dulces sueños Ruth :P
El día sereno
El otro día me acosté boca arriba en el suelo de mi casa para divertirme de lo lindo viendo esas cositas brillosas que hay en el techo. Me causan especial interés porque en las casas modernas ya no existen, el recubrimiento es diferente. Duré unas dos o tres horas ocupado en esa actividad, sin contar los minutos necesarios para ir a tomar agua e ir al baño de vez en cuando. Pero todo se interrumpió cuando recordé que tenía que enviar un e-mail. Era mejor redactarlo en estos momentos, horas antes de que llegara mi novia, porque después sería imposible.
Malhumorado me levanté, sin ganas de escribirlo, así que primero fui a la tienda y me compré unas Doritos incógnitas, preguntándome en el camino de regreso a mi casa el motivo de este nombre. Le dí cinco vueltas a la cuadra antes de entrar de nuevo, porque (como comenté) en verdad no tenía ganas de escribir ese mail.
Al llegar, me puse a ver el programa La Oreja. Creo que es uno de los mejores programas de la televisión de su país. Un hecho que me impresiona es que lo graben en el polo sur. Luego me dispuse a seguir con una buena dosis de Bob Esponja, y grité ¡Si capitán, estamos listos! cuando suena la campana de mi casa.
Me pregunté quién podría llamar, porque no estaba esperando a ninguno de mis dos amigos y medio. Abrí la puerta y me encontré con una muchacha guapísima de rostro inocente y mirada transparente. Seguramente se equivocó de casa, pensé para mis adentros, hasta que dijo ¿Miguel Ángel? Entonces le dije a mis adentros: Parece que no se equivocó. Respondí que sí a la pregunta de la hermosa joven, y ella habló una vez más con voz tímida pero intrigante: ¿Puedo pasar?
Lo pensé unos momentos, tendría que decidirme entre Bob Esponja y su escultural cuerpo. No me gustan los dilemas. Le pedí un momento, y corrí hasta la televisión para ver si ya había visto el capítulo de hoy. Pataleé en el suelo cuando miré que era nuevo. Comprendí que tendría que tomar una decisión pronto. Me desharé de ella en los comerciales, dije para mis adentros, y mis adentros contestaron Ya párale, ¿me tienes que decir todo lo que piensas?
Los anuncios llegaron pronto, y corrí de nuevo hasta la puerta, con tan mala suerte que me golpeé el dedo meñique del pie izquierdo con una silla. ¡Ah! Tal vez olvidé decirles que estaba descalzo. Brincando en un solo pie, llegué con la muchacha que esperaba fuera y a señas le dije que podía pasar.
Duré unos cinco minutos sin poder articular palabra por el dolor, y ella esperó pacientemente. Llegué a una conclusión obvia: No podría ver Bob Esponja. Esto me predispuso contra esta rubia de belleza poco común. ¿Qué se te ofrecía? le dije. No sé si me recuerdes, pero iba contigo en la primaria, respondió, y soltando una pícara risita, añadió Soy Fernanda. Los engranes de mi memoria comenzaron a funcionar, y efectivamente, a los diez minutos recordé una niña rubia, con bastante sobrepeso, frenos y lentes de fondo de botella del mismo nombre.
¿Eres tú? Si, he cambiado un poco, ¿Un poco? Estás completamente renovada, ¿Para bien o para mal? ¡Por supuesto que para bien! Me alegra, ¿Y cómo supiste dónde vivía? ¿qué te impulsó a visitarme después de tantos años? Bajó la mirada, hizo círculos en el suelo con la punta de su pie. Me miró tímidamente de nuevo y habló Siempre me gustaste, pero en aquellos tiempos no me hacías caso... Nadie me hacía caso, Eso no es cierto, ¿y este niño del que eras muy amiga? ¿cómo se llamaba? Gritó: ¡No es lo mismo!
Quedé un poco pasmado con el repentino cambio en el tono de su voz, pero decidí ignorarlo. Confieso esta situación me tenía intrigado, y me propuse sacrificar mi caricatura favorita con tal de averiguar lo que buscaba esta güera. Además, sus seductoras curvas estaban de muy buen ver.
¿Y porqué me lo dices después de tantos años? Te escuché en la radio recientemente, en el programa de Tere Coronado, Ah si, Sales los miércoles, ¿no? Si, si, Bueno, escuché también tu nombre, y recordé aquellos años de la primaria... los mejores de mi vida.
¡Oh no! Esto se estaba tornando un poco extravagante...
Pero pues, solamente te gustaba en la primaria, debió ser un cariño fraternal, ¿verdad? En la primaria si, pero me enamoré de ti en un bazar, entre cuadros y revistas, camisetas, libros y jeans...¿En el parque de los hippies? Así es, te reconocí por la voz, es increíble ver cómo tu voz cambió de ser chillante a transformarse en algo que parece una caricia en el oído.
Decidí terminar esto cuanto antes.
¿No quieres ir a ver Bob Esponja? Ya mero se termina, pero podemos ver aunque sea el final.
Después de pensarlo durante medio segundo, respondió Está bien.
¡Demonios! pensé. Mis adentros dijeron ¿Ya no me vas a dirigir la palabra?
Tuve que ir con ella a sentarme frente a la tele. De pronto recordé que ya había visto ese capítulo, lo cual lo tornó sumamente aburrido. El hecho de estar en mi casa con una muchacha prácticamente extraña viendo un episodio repetido de Bob Esponja me puso los nervios de punta. Me quedó como consuelo el techo de mi casa, y los pequeños puntos brillantes para matar el tiempo. También busqué figuras con las sombras que se forman en él y me encontré con una réplica exacta del perfil de Gregory Peck.
Cuando sonó la música final de la caricatura, Fernanda me preguntó ¿Qué miras en el techo? Contesté Creo que cuando llueve se hace una gotera por aquí.
Miguel, la razón por la que vine es muy sencilla, vengo a decirte que acepto casarme contigo, ¿Qué? ¡ni siquiera me conoces! ¡Oh, te conozco mejor de lo que te conoces a ti mismo! Estos años me han bastado para ver lo perfecto que eres para mí, el destino nos une, la otra vez estaba en un banco y escuché tu crítica de cine, dime si eso no es una señal. ¡No puedo casarme contigo! ¿¡Porqué no puedes!? ¡Para empezar tengo novia! ¡Ah! Los dos sabemos que la Bianca no es mujer para ti, ella ha dicho en varias ocasiones que no se quiere casar, ¿Y tú como chingados sabes eso? ¿quién eres?
Me levanté del sillón asustado, esta tipa fue un caballo de Troya que alguien me envió, seguro de que no le negaría la entrada. ¡Me arrepentí de no haber elegido a Bob Esponja desde el principio!
Vine a ser tu prometida, y no aceptaré un no como respuesta.
Corrí hasta el baño, y me encerré con seguro dentro de él. Con la respiración agitada y sudor frío corriéndome por la espalda alcancé a escuchar que abría los cajones de la cocina, hasta tuvo el descaro de comerse las Doritos incógnitas que quedaban. Cuando vació la bolsa, escuché pasos cerca de la puerta. ¿Ya te decidiste? Yo sé que al final vas a hacer lo correcto, cortarás con Bianca y me entregarás este anillo de matrimonio que tengo reservado para esta ocasión.
¿Acaso esto se podía poner peor? Mis adentros contestaron Créeme que sí. Respondí No te estaba hablando a ti.
Me hice bolita en una de las esquinas del baño, temblando de terror al pensar que tenía una psicópata dentro de la casa, dispuesta a hacer hasta lo indecible con tal de asesinar mi soltería. Veo que la puerta se abre repentinamente, y aparece Fernanda del otro lado con un desarmador en una mano y el cuchillo más grande de mi cocina en la otra. Caí en cuenta de que la perilla de mi baño puede abrirse fácilmente con un desarmador delgado. Lo que me preocupaba era el cuchillo.
¿Qué vas a hacer con eso? Nada que tu no quieras, me lo agradecerás luego. Ella seguía acercándose peligrosamente, y yo trataba de hacerme más pequeño en mi esquina. ¿Porqué me miras así? Bueno, si no aceptas casarme conmigo, ambos sabemos que hay cierta parte de tu cuerpo que ya no necesitarás, porque somos el uno para el otro, ¿De qué hablas? ¡Estás loca! Si... loca de amor por ti.
Mi mente no se hacía a la idea de que este cliché sería lo último que escucharía en la vida. Fernanda levantó el cuchillo y miró mi entrepierna. Yo gritaba con horror al comprender que había llegado mi fin.
Sonó la campana de mi casa. Ambos nos paralizamos, ella blandiendo el frío metal en lo alto, y yo pidiendo clemencia con ambas manos. La puerta de mi casa se abrió, olvidé ponerle seguro cuando entró la asesina. Una voz preguntó Amor, ¿qué fueron esos gritos?
Con los ojos inyectados de sangre, Fernanda me susurró al oído ¡Bianca! Esto sí que se puso bueno...
Quedé mudo y paralizado en mi esquina. Fernanda dejó el cuchillo y el desarmador en el suelo. Cuando salió del baño escuché una exclamación de sorpresa.
¿Quién eres?
La psicópata se transformó en la ternura encarnada.
Ay, perdón, me llamo Fernanda, mucho gusto, ¿Dónde está Miguel? Ahí en el baño, ¿En el baño? ¿contigo? Si, queríamos darte una sorpresa, ¿A mí? Sip... Miguel me comentó que ustedes dos siempre habían querido hacer un trío...
Dije para mis adentros ¿Y ella como chingados sabe eso? Mis adentros respondieron una vez más ¡Ah! ¿Ahora sí me hablas cabroncito? Tal vez si no dijeras lo del trío cada vez que te emborrachas, no lo sabría todo Mexicali.
Bianca entró al baño. Amor, ¿qué estás haciendo ahí?
Yo apenas podía recuperarme del estado de shock.
¿Es cierto lo que dice esta muchacha? ¡No! ¡Es mentira! ¡Es una trampa! ¡Llama a la policía!
La psicópata volvió en sí, e intentó alcanzar el cuchillo que yacía a mi lado. Pude patearlo antes a tiempo y con toda la fuerza que me proporcionan los Corn Flakes que desayuno todas las mañanas, pude darle un golpe en la cabeza con el puño cerrado que la llevó al suelo y dio tiempo a Bianca de correr al teléfono de mi sala.
Pude calmarme un poco, y prestando atención noté que había dejado inconsciente a Fernanda, mi compañera de la primaria. En efecto, nadie la pelaba en aquellos tiempos, el único amigo que le conocimos también era un exiliado y se le acusaba de joto. Haciendo memoria, debo reconocer que le hicimos pasar muy malos ratos. Quedó con el cuerpo inmóvil en el baño de mi casa, hasta que llegó la policía y una ambulancia.
Cuando se la llevaron, después de un pequeño interrogatorio policiaco, Bianca me preguntó ¿Y ella quién era? Respondí Una loca... ¿no te quieres tirar en el suelo?
De mis adentros surgió una voz que dijo ¿No te sientes mal por esa pobre muchacha? Pero olvidé contestarle, tenía que escribir un e-mail a todos mis contactos recomendándoles mi blog.
Atte.
BadBit
P.D. Me acaban de decir que La Oreja no se graba en el polo sur, retiro lo que dije acerca de que era el mejor programa de televisión de su país.
P.D. #2 Por cierto, mi blog es http://badbit.blogspot.com
Malhumorado me levanté, sin ganas de escribirlo, así que primero fui a la tienda y me compré unas Doritos incógnitas, preguntándome en el camino de regreso a mi casa el motivo de este nombre. Le dí cinco vueltas a la cuadra antes de entrar de nuevo, porque (como comenté) en verdad no tenía ganas de escribir ese mail.
Al llegar, me puse a ver el programa La Oreja. Creo que es uno de los mejores programas de la televisión de su país. Un hecho que me impresiona es que lo graben en el polo sur. Luego me dispuse a seguir con una buena dosis de Bob Esponja, y grité ¡Si capitán, estamos listos! cuando suena la campana de mi casa.
Me pregunté quién podría llamar, porque no estaba esperando a ninguno de mis dos amigos y medio. Abrí la puerta y me encontré con una muchacha guapísima de rostro inocente y mirada transparente. Seguramente se equivocó de casa, pensé para mis adentros, hasta que dijo ¿Miguel Ángel? Entonces le dije a mis adentros: Parece que no se equivocó. Respondí que sí a la pregunta de la hermosa joven, y ella habló una vez más con voz tímida pero intrigante: ¿Puedo pasar?
Lo pensé unos momentos, tendría que decidirme entre Bob Esponja y su escultural cuerpo. No me gustan los dilemas. Le pedí un momento, y corrí hasta la televisión para ver si ya había visto el capítulo de hoy. Pataleé en el suelo cuando miré que era nuevo. Comprendí que tendría que tomar una decisión pronto. Me desharé de ella en los comerciales, dije para mis adentros, y mis adentros contestaron Ya párale, ¿me tienes que decir todo lo que piensas?
Los anuncios llegaron pronto, y corrí de nuevo hasta la puerta, con tan mala suerte que me golpeé el dedo meñique del pie izquierdo con una silla. ¡Ah! Tal vez olvidé decirles que estaba descalzo. Brincando en un solo pie, llegué con la muchacha que esperaba fuera y a señas le dije que podía pasar.
Duré unos cinco minutos sin poder articular palabra por el dolor, y ella esperó pacientemente. Llegué a una conclusión obvia: No podría ver Bob Esponja. Esto me predispuso contra esta rubia de belleza poco común. ¿Qué se te ofrecía? le dije. No sé si me recuerdes, pero iba contigo en la primaria, respondió, y soltando una pícara risita, añadió Soy Fernanda. Los engranes de mi memoria comenzaron a funcionar, y efectivamente, a los diez minutos recordé una niña rubia, con bastante sobrepeso, frenos y lentes de fondo de botella del mismo nombre.
¿Eres tú? Si, he cambiado un poco, ¿Un poco? Estás completamente renovada, ¿Para bien o para mal? ¡Por supuesto que para bien! Me alegra, ¿Y cómo supiste dónde vivía? ¿qué te impulsó a visitarme después de tantos años? Bajó la mirada, hizo círculos en el suelo con la punta de su pie. Me miró tímidamente de nuevo y habló Siempre me gustaste, pero en aquellos tiempos no me hacías caso... Nadie me hacía caso, Eso no es cierto, ¿y este niño del que eras muy amiga? ¿cómo se llamaba? Gritó: ¡No es lo mismo!
Quedé un poco pasmado con el repentino cambio en el tono de su voz, pero decidí ignorarlo. Confieso esta situación me tenía intrigado, y me propuse sacrificar mi caricatura favorita con tal de averiguar lo que buscaba esta güera. Además, sus seductoras curvas estaban de muy buen ver.
¿Y porqué me lo dices después de tantos años? Te escuché en la radio recientemente, en el programa de Tere Coronado, Ah si, Sales los miércoles, ¿no? Si, si, Bueno, escuché también tu nombre, y recordé aquellos años de la primaria... los mejores de mi vida.
¡Oh no! Esto se estaba tornando un poco extravagante...
Pero pues, solamente te gustaba en la primaria, debió ser un cariño fraternal, ¿verdad? En la primaria si, pero me enamoré de ti en un bazar, entre cuadros y revistas, camisetas, libros y jeans...¿En el parque de los hippies? Así es, te reconocí por la voz, es increíble ver cómo tu voz cambió de ser chillante a transformarse en algo que parece una caricia en el oído.
Decidí terminar esto cuanto antes.
¿No quieres ir a ver Bob Esponja? Ya mero se termina, pero podemos ver aunque sea el final.
Después de pensarlo durante medio segundo, respondió Está bien.
¡Demonios! pensé. Mis adentros dijeron ¿Ya no me vas a dirigir la palabra?
Tuve que ir con ella a sentarme frente a la tele. De pronto recordé que ya había visto ese capítulo, lo cual lo tornó sumamente aburrido. El hecho de estar en mi casa con una muchacha prácticamente extraña viendo un episodio repetido de Bob Esponja me puso los nervios de punta. Me quedó como consuelo el techo de mi casa, y los pequeños puntos brillantes para matar el tiempo. También busqué figuras con las sombras que se forman en él y me encontré con una réplica exacta del perfil de Gregory Peck.
Cuando sonó la música final de la caricatura, Fernanda me preguntó ¿Qué miras en el techo? Contesté Creo que cuando llueve se hace una gotera por aquí.
Miguel, la razón por la que vine es muy sencilla, vengo a decirte que acepto casarme contigo, ¿Qué? ¡ni siquiera me conoces! ¡Oh, te conozco mejor de lo que te conoces a ti mismo! Estos años me han bastado para ver lo perfecto que eres para mí, el destino nos une, la otra vez estaba en un banco y escuché tu crítica de cine, dime si eso no es una señal. ¡No puedo casarme contigo! ¿¡Porqué no puedes!? ¡Para empezar tengo novia! ¡Ah! Los dos sabemos que la Bianca no es mujer para ti, ella ha dicho en varias ocasiones que no se quiere casar, ¿Y tú como chingados sabes eso? ¿quién eres?
Me levanté del sillón asustado, esta tipa fue un caballo de Troya que alguien me envió, seguro de que no le negaría la entrada. ¡Me arrepentí de no haber elegido a Bob Esponja desde el principio!
Vine a ser tu prometida, y no aceptaré un no como respuesta.
Corrí hasta el baño, y me encerré con seguro dentro de él. Con la respiración agitada y sudor frío corriéndome por la espalda alcancé a escuchar que abría los cajones de la cocina, hasta tuvo el descaro de comerse las Doritos incógnitas que quedaban. Cuando vació la bolsa, escuché pasos cerca de la puerta. ¿Ya te decidiste? Yo sé que al final vas a hacer lo correcto, cortarás con Bianca y me entregarás este anillo de matrimonio que tengo reservado para esta ocasión.
¿Acaso esto se podía poner peor? Mis adentros contestaron Créeme que sí. Respondí No te estaba hablando a ti.
Me hice bolita en una de las esquinas del baño, temblando de terror al pensar que tenía una psicópata dentro de la casa, dispuesta a hacer hasta lo indecible con tal de asesinar mi soltería. Veo que la puerta se abre repentinamente, y aparece Fernanda del otro lado con un desarmador en una mano y el cuchillo más grande de mi cocina en la otra. Caí en cuenta de que la perilla de mi baño puede abrirse fácilmente con un desarmador delgado. Lo que me preocupaba era el cuchillo.
¿Qué vas a hacer con eso? Nada que tu no quieras, me lo agradecerás luego. Ella seguía acercándose peligrosamente, y yo trataba de hacerme más pequeño en mi esquina. ¿Porqué me miras así? Bueno, si no aceptas casarme conmigo, ambos sabemos que hay cierta parte de tu cuerpo que ya no necesitarás, porque somos el uno para el otro, ¿De qué hablas? ¡Estás loca! Si... loca de amor por ti.
Mi mente no se hacía a la idea de que este cliché sería lo último que escucharía en la vida. Fernanda levantó el cuchillo y miró mi entrepierna. Yo gritaba con horror al comprender que había llegado mi fin.
Sonó la campana de mi casa. Ambos nos paralizamos, ella blandiendo el frío metal en lo alto, y yo pidiendo clemencia con ambas manos. La puerta de mi casa se abrió, olvidé ponerle seguro cuando entró la asesina. Una voz preguntó Amor, ¿qué fueron esos gritos?
Con los ojos inyectados de sangre, Fernanda me susurró al oído ¡Bianca! Esto sí que se puso bueno...
Quedé mudo y paralizado en mi esquina. Fernanda dejó el cuchillo y el desarmador en el suelo. Cuando salió del baño escuché una exclamación de sorpresa.
¿Quién eres?
La psicópata se transformó en la ternura encarnada.
Ay, perdón, me llamo Fernanda, mucho gusto, ¿Dónde está Miguel? Ahí en el baño, ¿En el baño? ¿contigo? Si, queríamos darte una sorpresa, ¿A mí? Sip... Miguel me comentó que ustedes dos siempre habían querido hacer un trío...
Dije para mis adentros ¿Y ella como chingados sabe eso? Mis adentros respondieron una vez más ¡Ah! ¿Ahora sí me hablas cabroncito? Tal vez si no dijeras lo del trío cada vez que te emborrachas, no lo sabría todo Mexicali.
Bianca entró al baño. Amor, ¿qué estás haciendo ahí?
Yo apenas podía recuperarme del estado de shock.
¿Es cierto lo que dice esta muchacha? ¡No! ¡Es mentira! ¡Es una trampa! ¡Llama a la policía!
La psicópata volvió en sí, e intentó alcanzar el cuchillo que yacía a mi lado. Pude patearlo antes a tiempo y con toda la fuerza que me proporcionan los Corn Flakes que desayuno todas las mañanas, pude darle un golpe en la cabeza con el puño cerrado que la llevó al suelo y dio tiempo a Bianca de correr al teléfono de mi sala.
Pude calmarme un poco, y prestando atención noté que había dejado inconsciente a Fernanda, mi compañera de la primaria. En efecto, nadie la pelaba en aquellos tiempos, el único amigo que le conocimos también era un exiliado y se le acusaba de joto. Haciendo memoria, debo reconocer que le hicimos pasar muy malos ratos. Quedó con el cuerpo inmóvil en el baño de mi casa, hasta que llegó la policía y una ambulancia.
Cuando se la llevaron, después de un pequeño interrogatorio policiaco, Bianca me preguntó ¿Y ella quién era? Respondí Una loca... ¿no te quieres tirar en el suelo?
De mis adentros surgió una voz que dijo ¿No te sientes mal por esa pobre muchacha? Pero olvidé contestarle, tenía que escribir un e-mail a todos mis contactos recomendándoles mi blog.
Atte.
BadBit
P.D. Me acaban de decir que La Oreja no se graba en el polo sur, retiro lo que dije acerca de que era el mejor programa de televisión de su país.
P.D. #2 Por cierto, mi blog es http://badbit.blogspot.com
