Neurótico


Esta fotografía fue tomada en Disneylandia, sospecho que a principio de los noventa. Como mi cumpleaños es el 26 de diciembre, nadie anda de humor para otra fiesta. Muchas veces mi familia me llevaba de viaje a algún lugar de California como regalo. Ya sea Disney, los Universal Studios, Sea World y así. En mi narcisimo egoísta esto era una especie de trampa, ya que el regalo era para todos, no sólo para mi.

Recuerdo muy bien el momento de esa fotografía. A mi me gustaba mucho Disneylandia por que creaba mundos ficticios pero convincentes. Hay montañas y ecosistemas totalmente artificiales, pero que por un momento te pueden transportar a una fantasía. Particularmente me gusta toda la fila de Indiana Jones. Hay muchas cosas para ver, y es bastante convincente como mina semi-abandonada. Pero me molestaba que algunos detalles rompían la ilusión.

El punto es que esa fotografía me parecía un excelente momento para transportarme a ese mundo ficticio. Si estaba bien tomada, podría parecer que nos encontrábamos en patolandia, así que estaba bien ansioso por que nada arruinara la simulación. Pero mi papá tomó el globo por las cuerdas. Si ese globo realmente estuviera inflado, las cuerdas no se doblarían así al jalarlas. Mi tía se encontraba medio salida de la canasta, ¿cómo podía ser eso posible? La foto se estaba echando a perder por completo. No sé si lo notan en mi rostro, pero yo me moría de la angustia. ¡Quería explotar y decirles que todo estaba mal! Pero me contuve.

Ya que veo la foto, hay miles de otras cosas totalmente mal. El flash ilumina erróneamente a uno de los patos. El ángulo deja ver cosas del fondo, que no son parte de patolandia. ¿Cómo es posible que se vea en el fondo que estemos volando y los patos se encuentran enfrente? Definitivamente disneylandia perdió los objetivos originales de Walt Disney desde hace mucho.

El punto es que soy un neurótico perfeccionista desde entonces. Pero, bueno, observo esta foto veinte años después y ahora puedo "dejar ir" y relajarme. Ya es un avance, ¿no?

Nunca es tarde para superarse

Hoy fui a tomarme unas fotografías de tamaño infantil que requiero para un trámite. No tenía mucho tiempo en la mañana, así que llegué a un estudio fotográfico cerca de mi casa. Muchas veces lo había visto, cuando iba de carrera o regresando del trabajo, pero nunca había entrado. ¿Para qué? Me estacioné y al asomarme dentro el lugar me dio un aspecto bastante descuidado. Pero no me importó, llevaba mucha prisa. La puerta estaba cerrada pero había un timbre que presioné para anunciar mi llegada.

Detrás de una cortina de tela salió una señora de corta estatura, caminaba con dificultad. Me abrió la puerta de vidrio con sus llaves y preguntó qué se me ofrecía. Le comenté lo de las fotografías, pero que no estaba seguro si eran a color o en blanco y negro. Observé a mi alrededor y vendían cosas nada relacionadas con la fotografía. Tintes para el cabello, algunas figuras de porcelana y otras cosas que no recuerdo. Había un escritorio desgastado que vio mejores días. Seguro ya ni lo usaban y seguía de adorno.

Muchos estudios fotográficos se encuentran en decadencia. Todavía la gente busca los retratos familiares, fotos de los novios y quinceañeras. Pero creo que la fotografía digital ha robado mercado a muchos de estos negocios. Algunos ya están tan abandonados como éste, moribundos. Como un lugar congelado en el tiempo. Por eso mismo decidí tomarme las fotos ahí y no buscar otro lugar. Llevaba prisa, es verdad, pero bien podría haberme dado la media vuelta. Creo que tenía tiempo. Ahora me siento millonario de minutos.

"Las fotos a color te las tendría ahorita, las de blanco y negro mañana en la tarde." Como no tenía tanto tiempo, opté por las fotos a color. "Qué bueno, así no te tienes que dar otra vuelta, me dijo", pero más bien creo que también sería más fácil para ella. Me pasó a otro cuarto de aspecto más ruinoso todavía. Había una puerta abierta que seguro daba hacia una casa. Una radio vieja se escuchaba a lo lejos, con algunas canciones románticas muy viejitas.

Había muchas cosas en ese cuarto. Algunos trapos mal acomodados, sobrantes de fotografías que fueron recortadas, un espejo, un sillón individual tan deteriorado como el escritorio de la entrada y algunas luces que formaban el improvisado estudio. Me senté en la banca detrás de las luces y delante de la pantalla. La señora se agachó con dificultad para encender los focos.

"Algo raro le pasa al radio", me dijo, "cuando prendo cualquier foco suena más fuerte". Yo no había prestado atención y supongo que mostré contrariedad. Como para demostrar que no estaba loca, me dijo: "Escucha". Apagó la iluminación y, en efecto, la radio bajó de volumen drásticamente. Ya casi no se entendía la letra. Cuando las encendió de nuevo, el volumen se vino arriba, con un poco de distorsión. La voz se escuchaba claramente. La canción era "Puerto de ilusión" en una interpretación muy emotiva y melancólica de las hermanas Huerta. Creo que encajaba con todo el resto del lugar.
La Paz, puerto de ilusión
remanso de luz y amor
como una perla que el mar encierra
así te guarda mi corazón.
La señora preparó la cámara. Obviamente las fotografías serían instantáneas. La cámara era de esas que tienen seis lentes para captar seis imágenes al mismo tiempo. Me indicó que moviera la cabeza un poco y disparó el obturador. Sacó el papel fotográfico y lo colocó en una mesa, mientras esperaba a que se revelara. Para sacar plática me preguntó:

¿Para qué necesitas estas fotografías?
Para un examen de inglés. Pero no especificaron si eran a color o en blanco y negro.
Han de ser a color -me dijo, como para darme ánimos  Mi hija estaba hace poco en estos trámites, pero ella ya se recibió.
¿Ah sí? ¿De qué?
Psicología respondió . ¿Y tú de qué te vas a recibir?

Podría haber dicho la verdad: De la maestría de estudios socioculturales. Pero casi siempre es una mala idea. Luego tengo que explicar qué demonios es eso y no es una tarea placentera. La gente nunca queda satisfecha, ni yo. Prefiero decir una mentira inocente, algo que no es totalmente falso pero que no es la mera verdad: "Comunicación". Se quedó satisfecha con mi respuesta, así que me congratulé por mi elección. Comentó algo más sobre su hija, no recuerdo exactamente qué, pero eso picó mi curiosidad para saber qué edad tenía actualmente.

Veintiséis -respondió. No debí preguntar, sabía la siguiente pregunta.
¿Qué edad tienes tú?  Preguntó y decidí no mentir.
Veintinueve.
Oh...

En su rostro pude ver todas sus suposiciones. "Ya está grande para estarse graduando". Muchas veces he visto esta reacción y yo me la busco. La verdad, la prefiero a tener que explicar toda mi vida. Decir que soy ingeniero, que luego entré a estudiar comunicación y que no he terminado, pero entré en la maestría de estudios socioculturales. Escuché a la señora atentamente pero no estaba de humor de explicar toda mi vida, realmente no. Para ella fui un pobre estudiante de comunicación que se graduaba casi a los treinta. Fue quizá demasiado enternecedor e intentó hacerme sentir mejor:

Nunca es tarde para superarse.
No  concordé yo, sinceramente de nuevo.

Y sí, tiene razón. Nunca es tarde, siempre he pensado así. Si hay algo que me cae gordo, es la gente que dice que ya es demasiado tarde para cambiar cualquier cosa de su vida. Para iniciar algo nuevo.

Hace poco conocí aquí una señora que ya se ha recibido de muchas cosas  continuó.
¿Ah, sí? ¿De qué?  pregunté, francamente interesado.
Pues la primera fue de psicología -me decía sin verme, mientras cortaba mis fotografías- la última de trabajadora social.
Qué bien  le respondí.

Me entregó mis fotografías, de las cuales quedé muy decepcionado. Quedaron muy lejanas, la iluminación no me ayudó. Como venía de la calle, creo que hubiera sido bueno que me lavara el rostro. Pero bueno, decidí estar ahí y "rescatar" un estudio fotográfico con mi pequeñísima contribución. Le pagué, le di las gracias y salí por donde había entrado.

En el camino me sentí culpable por no haberle contado una historia más. Quizá contarle al siguiente, si llegaba algún despistado, que conoció un joven que había estudiado mucho y que todavía no sabía qué hacer con su vida. Pero bueno, supongo que hay precios por pagar por ser romántico, tanto por no serlo. Obtuve malas fotografías por serlo, y un remordimiento por no serlo.

Everest




Entregué mi primer borrador completo de tesis la semana pasada. Creo. Ahorita está en revisión y seguro necesitará muchas correcciones, pero por lo pronto estoy a la espera. Por supuesto, sigo atareado dando clases en prepa y con la licenciatura en comunicación. Pero comparado con antes, me siento de vacaciones.

Este semestre fue para mí, sin duda, el más difícil de toda mi vida, por mucho. Échenle: Excesivo trabajo, estrés, problemas familiares, de salud, emocionales... Económicos no, por suerte. Y yo sabía, ya sospechaba lo que se avecinaba. Le comenté a algunos de mis allegados: "Si logro sobrevivir este semestre, sentiré que escalé el monte Everest".

Y heme aquí, vivo todavía. Yo sé que el semestre aún no concluye, pero lo más difícil ha quedado atrás. Si acaso, falta el descenso. Algunas cosas pueden salir mal todavía. Puedo tropezar, rodar hasta el fondo rompiéndome hasta el más pequeño hueso de mi cuerpo. También puedo resbalar, caer en una grieta, quedar atrapado por el brazo con una piedra, de manera que tendría que cortármelo para sobrevivir. Toco madera.

Creo que no he sido bueno para explicar a nadie cuánta presión implicó los últimos dos años para mi. Pero en especial este semestre. Me acostaba después de las doce de la noche para despertarme a las cinco, yacía acostado en mi cama y el estrés no me dejaba dormir. Padezco del corazón, y el sentirlo latir tan fuerte, casi en mi cuello, me estresaba aún más. Hacía changuitos para que no me diera un infarto durante la noche y descubrieran mi cuerpo tres días después, cuando los vecinos se quejaran por el olor.

A veces tenía que decirme a mi mismo que esto pasaría, tarde o temprano. Me ponía a pensar en los sobrevivientes del holocausto, y decía: Si ellos pudieron, yo puedo. Quizá dirán: “¡Oooooh! ¡Qué gran insulto! ¡Ellos si sufrieron de verdad!” y tienen ustedes toda la razón. Comparado con ellos, estaba en la gloria. Pero así me sentía,

No me crean, pues. Seguro estoy exagerando.

Intentar explicarlo era como explicarle a alguien que nunca ha estado en Mexicali el calor que hace en agosto. Uno hace su mejor intento:

─Aquí hace muuucho calor en el verano ─dirá el mexicalense promedio.
─¡Ah, sí! -responderá el foráneo─ De donde vengo a veces también se pone bien caliente.
─No, no. Es que no me entiendes. Aquí hace MUCHO calor.
─Si, allá también. El verano pasado fui caminando a la tienda, estaba a tres cuadras y regresé sudando.
─No, no, no... ─diría el mexicalense, quizá llevándose la mano a la frente, tratando de pensar cómo explicarlo─ Es que aquí hace mucho calor, no puedes ni caminar en verano.

Indudablemente, en el 100% de los casos, piensan que uno está exagerando. ¿Cuál es la mejor manera de convencerlos de nuestro punto? Cinco minutos en el solazo de agosto. Nomás. Es más, con que salga un solo minuto, ya con eso tienes para entender.

Pues así me sentía explicando las presiones a las que estuve sometido este semestre:

─Es que este semestre estoy muy ocupado...
─Si, yo también.
─No, no, no. Espera... ─Etcétera.

Toda esa presión hizo también que todo se viera peor de lo que era. El mundo se volvió gris, desaparecí de la faz de la tierra. No podía ni saludar a alguien en la calle, las pocas veces que me dejé ver, por que ya iba con prisa. No me aparecí en eventos, no fui a fiestas, tanto familiares, de amigos, de conocidos, de desconocidos. Una que otra vez decidí que sería bueno ver la luz del sol, para no perder la cordura (cosa que estuvo a punto de suceder), pero cuando lo hacía ni siquiera lo disfrutaba. Tenía la bola de pendientes encima, esperándome con actitud amenazadora. Como cuando mafiosos esperan a alguien afuera de un restaurante italiano para darle una paliza. Lo más que le queda a la víctima es tratar de disfrutar lo mejor posible sus alimentos, pero ni siquiera piensa en ellos. Así me sentía.

En cuanto entregué el archivo de mi tesis, me di cuenta de algo. Había un gran elefante en el cuarto al cual no le había prestado atención en dos años. El mundo siguió su marcha y yo no fui parte de él. Simplemente estuve fuera, como un monje budista. Extrañé la literatura, el cine, la fotografía, la música. Todo lo que me hacía ser yo y sentirme vivo.

Extrañé sentarme en el pasto a pensar. Extrañé respirar hondo, escuchar música sin preocupaciones. Extrañé tocar el piano, tomar una buena fotografía. Extrañé leer una buena novela, escribir un cuento. Extrañé escuchar a otras personas, escucharme a mí.

Quizá nunca hice estas dos últimas cosas. Pero ya las hago.

Vi claramente que mi vida anterior fue puro tirar barra. Puro hacer lo que me gusta. Estuvo padre, y lo extrañaba. Pero también faltaba más dirección, más disciplina, más exigirme a mi mismo.

Las cosas malas también comenzaron a acumularse en mi, y no tenía ni tiempo de pensar en ello. Se iban a acumulando como en uno de mis programas favoritos, Hoarders. De pronto ya estaba lleno de "cosas" que no me gustaban en otras personas. Como dicen los acumuladores del programa, simplemente pensé que las sacaría al día siguiente. Pues tuve que hacer una limpieza masiva. Me imagino cómo me veía ante los ojos de los demás, pero nadie sabía (ni sabe) la historia completa.

Esta limpieza no sólo consistió en sacar cosas que no me gustan, sino en reintroducir aquellas que amo. De pronto me encontré a mi mismo pensando en tramas para cuentos de nuevo. En actividades creativas y estimulantes.

Me di cuenta de que hay muchos libros que se publicaron hace ya años, y que estuve esperando a que salieran. Ni me di cuenta de que ya son viejos. Se acumularon nuevos discos por escuchar, nuevas películas por ver. Mis conocidos se casaron, divorciaron, tuvieron hijos, perdí personas... Ni me di cuenta.

¿Estoy arrepentido? Noup. Esto fue simplemente un exorcismo. Los cambios no se dan sin dolor. No pain, no gain. Fue muy doloroso desprenderme de cosas, actitudes y personas. La tesis es lo mejor que he escrito en la vida. Estoy muy satisfecho con los resultados. No he hablado mucho al respecto por que no quiero arruinar la sorpresa. Aunque, claro, las tesis nadie las lee y tampoco importan mucho que digamos en el orden cósmico. En fin.




Pero la tesis qué. Es un vil documento. Yo soy una persona, y ahora soy otra. Las circunstancias me moldearon. ¡Qué va! No me moldearon, me madrearon hasta que agarré forma. Pero ni modo, así es esto. Las bombas atómicas emocionales rompieron mi coraza, llegaron al fondo y me hicieron sentir. ¡Sí! Como nunca antes en mi vida, sentir otra vez, vivir... O quizá no otra vez, si no por primera vez.

Primero la tormenta revolvió todo, luego amainó. Las nubes grises quedaron, y se retiraron paulatinamente. Hasta que dejaron entrar algunos rayos del sol. Todo quedó empapado, pero limpio. Se fue despejando el cielo, hasta que se evaporó la lluvia. ¿Han visto cómo se ve la ciudad cuando ya el sol secó todo? Así me siento.

La gran pregunta que por fin he tenido tiempo de preguntarme: ¿Ahora qué?

Gran cuestión, pero tengo varias y deliciosas respuestas.

Sentimiento de abandono

Creo que ya puedo escribir sobre esto. Ha pasado bastante tiempo. Es una historia interesante que con frecuencia utilizo para ilustrar algún punto. A veces no cuento anécdotas por miedo a que las personas involucradas sean identificadas, generalmente lo son. Pero ya pasaron muchos años de esto.

Para mi servicio social de ingeniería entré al departamento de soporte técnico de una empresa. Recién habían movido a la encargada de puesto y ascendieron a una recién egresada de licenciatura en informática. Diría yo que tenía unos 26 años. Se encontraba muy insegura acerca de su propio conocimiento y experiencia, así que la asistiría con los problemas técnicos. Éramos tres personas en el departamento: La encargada, otra muchacha de servicio social (ya había terminado pero esperaba que le dieran trabajo) y yo.

En momentos ociosos, cuando no había muchos problemas por resolver, mi jefa nos platicaba sobre su vida. Nos contó que tuvo que entrar ahí a trabajar de secretaria a los 14 años, o al menos eso recuerdo. El motivo fue que un día su papá simplemente se fue y las abandonó a su mamá y sus hermanas. Un día despertaron y ya no estaba. Nunca volvió ni supieron más de él.

Ella, la mayor, tuvo que llenar los zapatos y trabajar para mantener a su familia. Estaba muy orgullosa de haber sacado a sus hermanas y su mamá trabajando desde tan joven. En el periodo en el que estuve ahí, todavía estaba involucrada en los planes para la fiesta de graduación. Había ascendido varias veces y ahora que ya tenía una licenciatura la habían puesto en soporte técnico. Así que tuvo que estudiar, trabajar y mantener a sus hermanas y su mamá.

Yo no hablaba mucho en aquel entonces. A la gente le gustaba contarme cosas por que me limitaba a escuchar sin criticar ni alegar. No era muy amenazante. De hecho, hace poco visité a una excompañera de la universidad y me comentó que hoy en día, a diferencia de entonces, no me para la boca. Que antes era mucho más selectivo para platicar con alguien o para elegir a quién responder.

Volviendo a la historia. El problema es que no sé qué hizo mi jefa durante su carrera, por que siendo sinceros no aprendió mucho que digamos. Se atoraba con los problemas más simples, como impresoras que se negaban a imprimir o mensajes de error en la instalación de cierto software. Por esto mismo me mandaba a mí a resolver todos los problemas, y no sabía qué hacer con muchos de ellos. Estaba morro, pues, me había alejado mucho de las computadoras. Era la época cuando quería ser director de cine y demás. Estaba morro, pues.

La mayor parte de los regaños me estaba tocando a mí, porque yo daba la cara. Ella solamente recibía las llamadas de ayuda y yo salía a hacer el ridículo. No niego que fue una experiencia muy educativa, pero era muy estresante no tener alguien a quién recurrir en busca de ayuda.

El punto es que el resto de los empleados se dio cuenta, y los rumores comenzaron. Que ella no daba el ancho para el puesto y así. Mi jefa no tomó a bien los comentarios, nos decía: «Aquí sólo nos tenemos a nosotros, nadie más nos va a ayudar»

Un día se me acercaron la antigua encargada del departamento, y la encargada de otra área de informática. Me preguntaron que cómo me estaba llendo. Les dije toda la verdad, que realmente yo estaba dando la cara y me ponían a hacer todo. Que no veía a mi jefa muy capacitada y ese tipo de cosas. Se vieron un momento y me dijeron: «Está bien, te vamos a cambiar de área. Ya no vuelvas para allá». Me colocaron en un escritorio y me preguntaron: «¿Dejaste algo en esa oficina?». Y yo: «Sí, mi mochila». Se quedaron contrariadas, y me dijeron: «Espéranos tantito».

Una de ellas se fue y volvió a los pocos minutos. Me escoltó a mi anterior oficina para recoger la mochila y cuando llegamos mi exjefa estaba bañada en lágrimas. Esta escena me sacó mucho de onda. Ella me dijo, sollozando y con los ojos bien abiertos: «¡Miguel! ¿Qué hice mal?». Yo intenté mantener la calma: «Nada, no hiciste nada mal». Mi nueva jefa intervino: «Lo vamos a cambiar de departamento donde haga algo más avanzado, donde pueda aprender más».

Pero fue como si mi exjefa no hubiera escuchado nada: «¡Dime qué hice mal, Miguel!» decía con la voz toda quebrada por el llanto y el final de cada palabra era casi un lamento doloroso. Sobre todo el final de cada frase. Debo confesar que caí un poco en el jueguito chantajista. Quería consolarla o algo. Me dolió verla así, con las lágrimas en los cachetes y su abundante maquillaje arruinado.

Tomé mi mochila y no encontraba la manera de irme. Ella seguía llorando y sentía que no podía desprenderme. Finalmente mi nueva jefa dijo: «Ya nos vamos» y me tomó del brazo hacia la salida. Ya no sé si esto sucedió, o estoy embelleciendo la escena con mi memoria, pero creo que estiró la mano. Lo que si estoy seguro es que pronunció un último y doloroso «Miguel» como intentando retenerme.

En el pasillo, mi nueva jefa se burlaba de ella, simulando tallarse los ojos con los puños: «Miguel, ¿qué hice mal? ¡Dime qué hice mal!». Yo todavía estaba un poco en shock sobre lo que había pasado. Estaba morro, pues.

Tiempo después, cuando comentaba esta anécdota con un conocido que es psicólogo, me dijo: «¡Pues claro! Tiene un sentimiento de abandono bien cabrón». Y sí, pensándolo bien, sospecho que revivió el trágico momento cuando su papá ya no estuvo más con su familia. La situación fue demasiado similar.

Quizá por eso nos dijo que nosotros, las tres personas dentro de esa oficina, éramos los únicos en quienes podíamos confiar. El que simplemente le llegaran con la noticia de que ya no estaría más  con ellas, el yo ser una figura masculina, no sé, fue demasiado cercano. En realidad no me estaba preguntando a mí, estaba preguntándole a su papá. Nunca ha tenido oportunidad de saber, de preguntarle qué hicieron mal su mamá y sus hermanas para que un día decidiera abandonarlas así como así. Tantos años con esa incertidumbre convertida en culpa no salen gratis.

¿Por qué cuento todo esto? Creo he visto cosas así más de una vez. Y claro, nadie está exento de que le suceda. Muchas veces, cuando alguien está actuando como loco, cuento esta breve historia. Sólo para ilustrar que las actitudes irracionales tienen un origen explicable. La mayor parte de las veces. Nunca sirve de mucho.

Ya pues, ya me callo con mi psicología de pacotilla.

Ayúdate a ti mismo y el mundo te ayudará


Soy demasiado raro. Si ustedes saben algo de mi, aunque sea superficialmente, concordarán conmigo. Pero si me conocen a fondo, sabrán lo endemoniadamente laberíntica que es mi personalidad. No lo digo en el sentido positivo, ni tratando de hacerme el interesante. Soy un vil fenómeno de la naturaleza, una mutación extraña con los cromosomas despaturrados. Bueno, no sé si la genética tenga algo que ver, pero estoy casi seguro de que si observan mi ADN con un microscopio electrónico, habrá algo ahí que dará miedo.

Tampoco descarto la idea de ser totalmente convencional, de tener sangre rojita como todos y cromosomas en forma de X, no de W como sospecho. El problema es que uno siempre carga consigo mismo para todas partes. Desde que nace. Tonces está difícil distanciarse un poco para verse de lejitos. Para observarse en lo cotidiano, así a la sorda, mientras se soba uno la barbilla con una mano y entrecierra los ojos pensativamente.

Como siempre estamos enjaulados dentro de nosotros, no podemos darnos "un tiempo" para separarnos, pensar bien las cosas y decidir si queremos seguir juntos. Si tuviéramos esta habilidad, podríamos decirle "¡Al rato!" a eso que no nos gusta e iniciar desde cero. Estaría bien padre y el mundo sería mejor.

Pero no. Aquí seguimos batallándole. Sobre todo yo. A lo que voy es que me ha costado mucho trabajo conocerme. Poco a poquito he logrado algunos avances, pero me falta. No sé si algún día terminaré. Lo que sí sé es que soy bien pinche raro. ¿Cómo lo noto? Simplemente no sé integrarme al resto del universo. Como que el orden cósmico no me tuvo contemplado en su plan maestro y ando dando tumbos por todas partes como pelotita de pinball.

Mientras crecía veía cómo los demás se mezclaban en eso que llaman "sociedad" como peces en el agua. Yo no podía, sentía que me ahogaba. Con los años tuve que desarrollar algunas habilidades para salir a flote. Veía lo que otros hacían y trataba de hacer lo mismo. Hasta la fecha, si me integro a la sociedad es por que he aprendido a pretender muy bien, como un simio entrenado. Todavía me siento inadecuado y torpe, pero vieran cómo un chango vestido y entrenado se parece mucho a un humano. Bueno, no tanto, pero da el gatazo. O el changazo. ¿Han visto los changuitos de los organilleros? ¡Se miran bien humanos! Hasta estiran la manita para pedir monedas con su gorrito.

Pero cuando se me olvida pretender y sale el verdadero yo, ¡aguas! Rápido los demás se dan cuenta de que hay varios tornillos sueltos y que no hay remedio. Como dicen los ajustadores de seguros: Pérdida total. Y hacen lo que cualquier persona sensata haría: Sacarme la vuelta. Si yo fuera sensato también me sacaría la vuelta, no los culpo.

Tuve que resignarme a vivir conmigo pa' siempre. Fue un golpe muy duro. Además, aprender a conocerme. Hay un supuesto tercer paso para ser feliz que es el aceptarme como soy. Esto es taaaaan difícil. En serio, a veces me dan ganas de brincar fuera de mí y gritarme: "¿Estás loco o qué?". A lo que me respondería "Totalmente, ¿y tú?". Y ya rascándome la cabeza añadiría: "Cierto, es obvio. No sé ni por qué te hice la pregunta".

Y volvería dentro para continuar mi retorcido camino llamado vida. Estar como pelota de pinball estuvo padre durante algún tiempo. Iba acumulando puntos, había muchas lucecitas parpadeantes y nunca sabía en que agujero iba a caer. Pero después de un rato te mareas y te da hasta vértigo.

En resumidas cuentas, soy un simio entrenado, que se encuentra enroscado como pelotita de pinball y ha dado muchas vueltas por el tablero. Hasta ahí es donde tengo avanzado en la tarea de conocerme a mi mismo. Si me tienen algunos otros tips o descripciones sobre cómo soy, pues ahí me avisan. Por lo pronto arrastraré mis humanidades lejos de la computadora, ¡y vieran que pesan mucho! Una ayudadita, ¿no?

Apuestas y videojuegos

Héctor Algravez me preguntó si critico por igual a los videojuegos y las máquinas tragamonedas de los casinos. Haré algunas aclaraciones, porque varias personas se llevaron la impresión de que soy un "amargado" por no disfrutar el tirar mi dinero a la basura.


No creo que todos los juegos de azar sean iguales. Los peores me parecen, como ya mencioné, las máquinas tragamonedas. Pero hay muchos niveles intermedios. Creo que las apuestas deportivas son muy diferentes por que, aunque hay azar involucrado, intuyo que también hay algo de conocimiento por parte del apostador. Es decir, él puede hacer una estimación semi-informada sobre el resultado de algún partido o carrera de caballos o lo que sea. Ahí, aunque sea marginalmente, hay alguna participación activa del apostador.

Quizá sea lo mismo en el póker. Pero no puedo saberlo con certeza por que no me gusta apostar. No me gusta la incertidumbre con mi dinero. Como no arriesgo, no gano (tampoco pierdo).

Los videojuegos también involucran una inversión y lo que el jugador gana es únicamente un poco de diversión. Sin embargo, hay enormes diferencias. En gran parte de los juegos, mientras más hábil es el jugador menos tendrá que invertir. Por otra parte, no se está poniendo en riesgo su dinero. Simplemente depositas la moneda y tienes el mismo derecho a jugar. A mi me aburren la mayor parte de los videojuegos. A estas alturas sólo juego Dance Dance Revolution, que me permite ejercitarme, y puedo gastarme hasta unos cien pesos al mes, cuando mucho.

Pero con las tragamonedas, el jugador no tiene la más mínima oportunidad. Los casinos nunca nos revelarán las probabilidades reales de ganar, pero un simple vistazo nos muestra que son mínimas. Es aplastar un botón hasta que se vacíe tu tarjeta de dinero.

Básicamente, para mí, esa es la diferencia.

Titanic 3D



Este va a ser un post muy largo. Supongo que muchas cosas podrían cortársele sin problema. Igual que a la película que lo inspiró. Vayamos por partes.

Forever alone en bici


Antier fui a ver Titanic en 3D al cine. Fui forever alone y en bicicleta. Durante el camino a algún gracioso en carro se le hizo buena idea lanzarme una botella de 7up que casi falla. Me pegó en el brazo y me mojó un poco. Seguí mi camino sin detenerme hasta que la soda se secó y dejó una costra de azúcar en mi brazo, codo y mano. En esta ciudad ser ciclista es equivalente a ondear una capa roja enfrente de los conductores.

Cuando llegué al cine descubrí que a toda la ciudad se le había ocurrido ver Avengers al mismo tiempo. Sólo a un grinch como a mi se le olvida que el cine estaría lleno. Confieso que esa película no me interesa tanto. Le veré por curiosidad, de niño siempre quise que en el cine sucediera lo mismo que en los comics: Básicamente los crossovers y la mezcla de varios superhéroes en la misma trama. Con el tiempo las películas basadas en cómics son las más taquilleras, así que ahora es comercialmente viable, ahora que ya no me interesa.

Vi Thor, Iron Man, Capitán América, Hulk y demás. Ninguna me conmovió ni emocionó demasiado. Se me olvidan de camino al estacionamiento, o en el trayecto de regreso en la bicicleta. Son películas que siento trilladas y, seamos sinceros, las tramas son para niños. Por más que intenten sofisticarlas, añadir muertos, sangre, secuencias de acción impresionantes y efectos especiales deslumbrantes, la triste realidad es que son cuentos de hadas del siglo XX, ni siquiera del XXI. La guerra fría ya quedó atrás, así que también desde ese punto de vista los super-héroes están obsoletos. Se quedaron sin villanos.



El punto es que el cine estaba a reventar. Lo primero que hice fue entrar al baño para lavar mi brazo. No había toallas de papel para las manos, tuve que secarme con papel de baño. Las filas para entrar a las salas eran enormes, pero para ver Titanic era ridículamente pequeña. Puras parejitas de novios y de amigas. Hacer fila para ver Titanic en 3D sólo es una escena sacada directamente de Loserville. Pero ni modo.

¿Por qué quería ver Titanic? Se preguntarán ustedes. La pasan a cada rato en la tele, mucha gente se la sabe de memoria. Yo no. La vi una vez completa: El primero de enero de 1997. Ese día normalmente hay una reunión familiar en el rancho de un tío abuelo, pero ni mi mamá, ni un primo ni yo teníamos ganas de ir. Mi papá y mi hermana si fueron, así que nos quedamos pensando en qué podíamos divertirnos. Mi mamá sugirió ir al cine, así que llegamos y de la cartelera nos llamó la atención "Titanic".

No sabíamos absolutamente nada sobre la película, nomás que era sobre el barco que se había hundido. Supongo que todas las demás opciones eran aburridas así optamos por esa. Era muy temprano, y nos dijeron que los boletos se habían acabado. Compramos para una función posterior y nos fuimos a un Samborn's (Sangron's, como me gusta decirle) para matar el tiempo.

Volvimos después de unas horas, un poquito después de que iniciara la función, y nos dijeron que ya no había lugar. Mi mamá se puso a reclamar, les dijo que cómo era posible que no hubiera lugar para nosotros, que pagamos boletos, que por qué vendían boletos de más. El tipo de la entrada dijo que mucha gente incluso estaba sentada en las escaleras. Mi mamá se puso como los pasajeros de tercera clase cuando no los dejaban salir hacia los botes salvavidas.

Al final de cuentas logró que nos dejaran pasar. Sin embargo, estuvimos en asientos separados. La película ya había comenzado, se encontraba en la primera secuencia submarina. Como no esperábamos nada de la película nos impresionó mucho. Obviamente en aquel entonces no sabía casi nada de cine, así que no tenía un ojo nada entrenado y tomaba las cosas como van.

Creo que no he visto la película completa desde entonces. Por supuesto que he visto partes, aunque nunca en la tele. Pronto se asoció a Titanic con niñas que amaban a Leonardo DiCaprio y "My heart will go on" sonaba cada cinco minutos en la radio. Y en todas partes. La mera verdad, hartaron. Algunas escenas se manosearon hasta llegar al asco: "I'm the king of the world!", "I want you to draw me like one of your french girls" y así.

Fue tan interesante verla de nuevo, ahora con el ojo bien entrenado. Tengo mucho qué decir, si es que a alguien le importa.

La reseña


Primero: Todo en la película es excelente, excepto la construcción de los personajes. Damn! ¡Qué acartonados! ¡Qué frases tan estereotípicas! A veces hacía gestos de lo doloroso que era escuchar algunas líneas de diálogo ultra-cursis. Lo único que le faltaba al prometido de Rose era retorcerse el bigote y amarrarla a las vías del tren. Los pasajeros de primera clase parecían sacados de un sketch de Monty Python y los de tercera clase no cantaban mal las rancheras.

Por ejemplo, la escena cuando Rose va a saltar del barandal me pareció totalmente inverosímil. Los diálogos y todo está bien cursi, bien cuadrado, con actuaciones dignas de Star Wars.



Seamos justos: No puedes experimentar con la película más cara de la historia. Si vas a invertir tanto dinero en un proyecto, lo menos que puedes esperar es recuperar la inversión. James Cameron lo sabe muy bien, y nos ofrece una trama demasiado simple. Una historia de amor imposible, Romeo y Julieta dentro de un barco que se hunde. No hay posibilidad de confusión: Los malos son maaaaaalos, y los buenos son bieeen buenos. En Avatar hizo exactamente lo mismo.

Y la trama de Avatar es increíblemente similar a la de Titanic. Los científicos están a punto de llegar a un conocimiento trascendente sobre algo, pero gracias a un informante se dan cuenta de que nunca comprendieron el problema. En Titanic, la anciana de más de 100 años, en Avatar, un militar incapacitado. La persona que menos lo esperas, pues. Al final de cuentas ellos tienen la sensibilidad que le faltaba a los científicos, quienes nunca se dejaron seducir por Titanic/los Na'vi.

Segundo: Toda la ambientación y los efectos especiales son impecables. En este aspecto, Titanic no ha envejecido prácticamente nada. Este es el fuerte de James Cameron, lo técnico. La fotografía es clarísima, las tomas iniciales de cuando recién abordan el crucero todavía quitan el aliento. El barco se siente mucho más vivo que los personajes, mucho más tangible y tridimensional. Hablando de esto, el 3D está bastante bueno, si valió la pena.



Quería continuar diciendo algunas cosas más que noté ahora que la veo por segunda vez. Pero creo que no tiene caso. ¿Qué más puedo decir de una película de la cual ya se dijo todo? Sólo quisiera terminar comentando que es una buena película, aunque la sobreexposición terminó hartándonos. Hice bien en no verla durante muchos, muchos años.

Pero eso sí: Nunca creeré que una anciana de 101 puede treparse al barandal de un barco.

Casino

Ayer entré por primera vez a un casino mexicalense. Ya hay demasiados por toda la ciudad y parece que siempre están llenos. Los juegos de azar nunca me han gustado, por lo que mi vida había estado muy tranquila sin ellos. Nos ignorábamos mutuamente.

Ya había visto los casinos de Las Vegas y de Viejas y no he apostado un sólo centavo todavía. Que me disculpe la gente que lo hace, pero me parece una estupidez. Prefiero tomar mi dinero y depositarlo directamente en la basura, que es exactamente lo que sucede.

Es imposible convencer a un jugador de que está desperdiciando su dinero. Comienzan a argumentar que "sí puedes ganar" y comienzan las anécdotas de conocidos y que si se llevaron un día más de lo que invirtieron. Es impresionante que el ser humano quiera ser tan ciego: "El otro día gasté fulanita cantidad y me llevé tanto". ¿Hablan en serio cuando me dicen eso? ¿Se han puesto a sumar todo lo que han gastado en el casino? ¿Les enriquece el apostar?

En las Vegas ya había visto de cerca la miseria humana: Gente dormida enfrente de la máquina tragamonedas, otros conectados con su tarjeta jalando una palanca repetitivamente como zombies y otros haciendo limpias y rituales para atraer la buena suerte. Un casino es un mundo autocontenido donde tienes todo lo necesario para olvidarte de tu realidad y seguir apostando. No hay relojes, ni ventanas hacia el exterior.



Con tanto casino, Mexicali me recuerda un poco a la película It's a wonderful life. En ella el personaje de George Bailey tiene la oportunidad de ver lo que sería su pueblo si nunca hubiera nacido. Por azares del destino, el pueblo está lleno de centros nocturnos, casinos, vicio y miseria. Quizá recuerden más su remake, Back to the future 2, donde Marty McFly llega al 1985 paralelo y sucede exactamente lo mismo.


Los casinos de Mexicali, por supuesto, no se comparan a los de Las Vegas. El lujo es mucho menor, pero la fantasía es la misma: El placer, el lujo, el sentirte rey por un rato y la esperanza de hacerte millonario por un golpe de suerte. Fui al que se llama Gold Lion, creo, y de nueva cuenta no aposté nada. Me la pasé en el área del bar y di algunas vueltas por las máquinas para ver a la gente. Fue muy triste.

Me detuve a ver a una anciana que estaba jugando en una máquina. Vi que tenía 200 pesos de crédito y presionaba un botón para detener las figuras que avanzaban en la pantalla. Lento pero seguro su crédito iba disminuyendo con cada presión del botón. A veces el dinero subía un poco, cuando formaba algunas figuras, pero muy pocas veces. La tendencia era claramente hacia la nada. Aunque claro, la máquina hacía todo un escándalo cuando la señora "ganaba". Me pareció un espectáculo deprimente y decidí seguir recorriendo el resto de las máquinas con la amiga que me invitó.

La cerveza es increíblemente barata. La media cuesta diez pesos. Hay agua y soda gratis para los jugadores. Tomé varias botellas de agua durante mi estancia, no tomo soda. Compramos unos nachos con carne asada y vimos a las personas del bar. También fue interesantísimo. Obviamente hay muchas personas que no están tan interesadas en el juego, más bien en el alcohol barato. Una estrategia perfecta: Si alguno de ellos siente la curiosidad de jugar, es muy posible que quede enganchado.

La comida y bebida no es la principal fuente de ingreso de los casinos. ¿Para qué intentar lucrar con eso cuando la misma gente regalará su dinero en las máquinas? Se pueden dar el lujo de darlo al costo. Con tener a las personas dentro del casino hay probabilidades de que jueguen en las máquinas. Vi muchas personas a las cuales me daban ganas de decirles: "Tú no deberías estar aquí". ¿Pero quién soy yo para hacer eso? Por mi parte, nunca jugaré. Me parece estúpido e irracional. A veces me dicen: "¡Es que nunca has experimentado la emoción de ganar!". ¿Ganar qué? Siendo sinceros, yo no vi ganadores ahí adentro.

Cuando ya nos íbamos me detuve para ver en qué había terminado el juego de la anciana. Su crédito estaba a punto de llegar a cero pero seguía presionando el botón. En el último juego la máquina hizo una pausa dramática: Las figuras se detuvieron pero la última línea siguió rotando durante mucho tiempo. La señora golpeaba la pantalla con desesperación, como intentando alterar su funcionamiento. Quería recuperar todo lo perdido en ese último juego. No sucedió.

Gymnopedie

Quizá lo había mencionado, pero lo repito: Cursé la primaria en un colegio católico. Durante el recreo, para avisarnos que el timbre estaba a punto de sonar, las monjas ponían por los altavoces un cassete de música clásica. Eran puras piezas de piano y el concierto duraba aproximadamente cinco o diez minutos. Se interrumpía abruptamente por el timbrazo de entrada.

Cuando se hacía el silencio y el timbre sonaba, muchos, muchos niños que habían ignorado la advertencia salían disparados hacia los salones. Algunos jugaban fútbol, otros comían, otros platicaban. Seguían divirtiéndose, intentando aprovechar hasta el último segundo del tiempo libre. Pero con el timbre tiraban la torta, el balón o dejaban la palabra a medio pronunciar para evitar ser regañados por llegar tarde.

Pero, de cierta forma, poner esa música era una crueldad. Era triste, a mi me movía demasiado. Cada vez que un lado del cassete llegaba a su fin, ponían el otro. Pronto ese terminaba también y regresaba al principio. En un año seguro se repetía decenas de veces. Todos teníamos las piezas memorizadas. Ciertos pasajes de verdad causaban una reacción emocional muy fuerte en mí, y pensé que en los demás también.

Salí de la primaria y me cuentan que pronto el cassete cambió. Pusieron canciones religiosas dirigidas a niños. Canciones que daban gracias a dios por tener manos, boca para comer, por estar vivo y cosas de esas. Nunca las escuché, pero estoy seguro que nunca llegaron a la emotividad de la música de piano.

Años después platicaba de la música con algunos excompaneros de la primaria y descubrí con horror que casi ninguno la recordaba. Todavía la tenía presente como si la hubiera escuchado la semana pasada. Había algunos acordes que me marcaron tanto que son recuerdos traumáticos, entrañables e indelebles. Un día perdí todos mis tazos en un juego y entró la música de piano. El melodrama fue terrible.

Lo que me sorprende es que muchos niños escuchamos exactamente el mismo cassete casi diario, pero sospecho que a mi me marcó especialmente. No sé por qué. Incluso entré a clases de piano motivado por ello. Con el tiempo he conocido el nombre y autor de casi todas las piezas. Incluso en algunos casos he encontrado la interpretación original de ese cassete. Pongo aquí una listita de las que me acuerdo en este momento, aunque sea sólo para dejar una constancia para mi mismo.
Si, es música muy triste. Quizá querían quitarnos la alegría para volver a las aburridas clases. Aún así, me gustaría que más escuelas hicieran lo mismo, quizá saldrían más fans de la música clásica. O pianistas buenos, no como yo.

Hay un fragmento que nunca voy a olvidar y hasta la fecha me quita el aliento cuando lo escucho. El climax de "Claire de Lune" de Debussy. En el video que vinculé, es el momento de 3:54 a 4:10. Lamento caer en un lugar tan común, pero no hay palabras para describirlo. Ahorita que intentaba escribir al respecto no puedo hacerlo. Pero ahí hay palabras, hay frases, sé que me está diciendo algo comprensible. Mas no puedo escribirlo.



Pero me hizo bien intentarlo. A veces dejo de sentirme humano.

Pinzas de corte

Este semestre estoy impartiendo dos materias. Una de ellas es para la creación de páginas web. Es bien desesperante corregir el mismo error cientos de veces. Pero de cierta manera, me entrena mucho mejor en estas cuestiones de código-máquina que tengo tan oxidadas.

La otra es de mantenimiento de computadoras. En una de las idas al laboratorio para abrir unas máquinas, unas pinzas de corte desaparecieron. Eran propiedad de la escuela. El grupo estaba tan relajiento y desesperado por irse que ni supe cuando ya no estaban. Solo al final, cuando guardaba las herramientas.

Me fui del laboratorio y pasé al salón a decirles que si no aparecían las pinzas para el día siguiente, les iba a ir muy mal a todos. Obviamente no les importó en lo absoluto. El que yo haga ese tipo de advertencias es parecido a cuando el presidente de la república exhorta a los mexicanos a ser mejores ciudadanos. Se acompaña de burlas y rechiflas.

Para no hacer la historia larga, el ladrón nunca dio la cara. El grupo se comprometió a reemplazar las pinzas. Casi tres semanas después todavía no llegaba el reemplazo, y el viernes les dije que si para hoy, lunes, no las tenía en mis manos, todo el grupo tendría un punto menos. Algunos alumnos respondieron "arre" y siguieron con sus vidas tranquilamente.

El lunes llegó, y lo primero que hice al llegar al salón fue esperar a que pasaran los 5 minutos de tolerancia que les doy para llegar. Cuando se cumplió, rechacé a todos los que intentaron entrar de ahí en adelante. Les dije: "Para hoy les pedí unas pinzas de corte, las quiero en el escritorio."

Obviamente ellos sabían que nadie las había comprado y me lo dijeron. Les dije que, bueno, les bajaría un punto a todo el grupo como ya habíamos pactado. No hemos hecho el examen, pero muchos de ellos ni aunque salieran perfectos en él aprobarán la unidad. Muchos otros, con ese punto menos, perderían toda esperanza.

De improvisto les entró la preocupación por que aparecieran las pinzas. La jefa de grupo llegó tarde y no la dejé entrar. Era la responsable de reemplazarlas. Abrió la puerta en un momento y dijo que mejor le bajara el punto a ella, que los compañeros no tenían la culpa. Les expliqué que no habían aprendido nada del incidente, que son un grupo. Que aunque una sola persona se haya robado las pinzas, nadie vio, nadie supo nada y nadie dijo nada. Como no se supo quien fue, la responsabilidad es de todos. Le comenté a la jefa de grupo que cerrara la puerta con ella afuera, que me estaba robado tiempo.

Los ánimos se pusieron tempestuosos. Los alumnos sentados hasta enfrente, sobre todo, comenzaron a alegar que eso no era justo, que ellos no tenían nada que ver y que les diera oportunidad para entregarlas mañana. Les respondí que tuvieron tres semanas en donde nadie movió un dedo para traer las pinzas y de pronto querían que apareciera una escarbando en el suelo.

En el salón hay una estudiante china. Todos los alumnos chinos que he tenido tienen un promedio impecable. Se preocupan muchísimo por ello, y obviamente ella estaba muy preocupada de que por culpa de alguien más su boleta se fuera a manchar con un nueve. Otros propusieron que juntaran dinero en ese momento y alguien saliera a comprar las pinzas. Yo les dije que esa era mi última hora y que ya me iba a mi casa después de eso.

Alguien preguntó que si les bajaba el punto las pinzas ya no deberían ser reemplazadas. Les dije que si, que las pinzas seguían faltando. Otro estudiante dijo: "¿Entonces para qué las reemplazamos?". Les dije que no habían entendido que las pinzas no eran mías, eran de la escuela y que eran incluso para uso de ellos mismo, y de otros estudiantes que vendrían después. Ese tipo de argumentos nunca son muy convincentes.

Cambiaron la tonada y comenzaron a decir que si les importaba. Claro, sólo por que sabían que era lo que quería escuchar. "Si no los conociera", les dije, "diría: pobres muchachos. Les daré oportunidad. El problema es que los conozco." Ya han hecho muchas cosas. Lo de los robos es algo común en su salón y son, en general, un desorden. A veces bromeo y les digo que lo traen en su ADN. Soy igual de sarcástico con ellos que con el resto de la gente, pero la demás gente se ofende más por que no me encuentro en posiciones de poder privilegiadas como dentro del salón de clase. Uno de ellos me dijo: "¿Está haciendo esto para curársela de nosotros?". Les respondí la verdad: No.

Un estudiante comentó, notablemente exaltado: "Yo le dije qué vi y de quién sospechaba y usted no hizo nada". Le respondí que una sospecha no es suficiente para actuar contra alguien, se necesitan pruebas. "Bueno", continuó, "¿puedo ir yo a comprar las pinzas ahorita?". Le di permiso. Varios se levantaron para darle dinero pero los interrumpió: "Yo tengo dinero, me lo pagan luego" y salió con todo y mochila.

Querían seguir con la alegata, pero los puse a hacer un ejercicio del libro, el cual realizaron en un extraño (y relativo) silencio. Cuando algunos estaban acabando, llegaron unas muchachas de semestre avanzado a darles un aviso: El viernes se hará una especie de fiesta de bienvenida en el Bol-bol (un boliche) y les comentaron que si asistían, la falta estaría justificada, pero si no van, tendrían que entrar a clase. Además, que era posible que el profesor les subiera medio punto si iban, y me voltearon a ver como esperando a que diera mi aprobación.

Me reí de la manera más sarcástica que pude. Así como cuando Skeletor se reía en las caricaturas de He-Man. Los mismos alumnos sabían que eso sería imposible. Les dije a las muchachas: "Les acabo de bajar un punto a todos". Una de ellas me preguntó: "¿Es un mal grupo?". Respondí: "No tienen idea de a dónde acaban de entrar".

La muchacha reaccionó subiendo la voz para tratar de imponerse a los alumnos. Mencionó algo de que la salida se haría desde el plantel y que los mayores de edad podrían tomar alcohol en cierta área designada para ello. No les llamó tanto la atención la idea. Me dieron las gracias y se fueron.

Terminé de revisar el ejercicio y las pinzas de corte no habían llegado. Les dije que ya me iba y todos se quedaron callados y sentados en el salón. Pensaron que me enojé, como de costumbre, que estaba furioso. Al contrario, para mi fue hasta cierto punto interesante.

Cuando ya me iba llegó el muchacho con las pinzas. Todavía no tengo el desenlace de esto. Se que algunos de mis estudiantes lo leerán, así que no quiero revelar todo. Hay una cosa más que no puedo revelar todavía. Me faltaron muchos, muchos detalles por narrar, pero no tengo tiempo. Escribo esto a toda prisa y tengo sueño. Vamos a ver qué pasa mañana.

I don't fuck everything up


Cosas extrañas

Mi vida, tal como la conocí, ha desaparecido.

Todo lo que alguna vez fui quedó atrás.

Me gustaría mucho que la frase anterior no estuviera ya tan manoseada. Tendría más impacto. Pero supongo que miles o millones de personas antes que yo han pasado por cosas similares. No es sorprendente que alguien más lo diga/escriba, a nadie le importa.

Pero como digo, he sido víctima de muchos eventos capaces de cambiar la vida de alguien. Y han sido muchos. Y muy seguiditos. Han tenido que pasar algunas semanas o meses, ya ni me acuerdo, para caer en cuenta de que no puedo ser el mismo, ni lo seré.

Esto es, por supuesto, algo bueno.

Y todos con sus fregaderas de los mayas y cómo se acabará el mundo en el 2012. Mi mundo ya se acabó, y se acabó en el sentido que los mayas tenían (o al menos eso he escuchado): para iniciar un nuevo ciclo.

¡Oh, cliché de clichés, cómo me sirves para expresar lo que siento!

¿Saben por qué no he escrito tanto desde hace mucho? En parte es por que casi no tengo tiempo, pero gran parte de ese tiempo me la paso escribiendo cosas bastante impersonales: Tesis, artículos, ponencias. Ya no he escrito sobre mi vida por que me duele mucho.

Además, a ustedes qué les importa. Pero bueno.

Parte de esto es el ya no poder exhibir desvergonzadamente todo lo que siento y pienso.

Por cierto, no me quedé sin piernas y se me deformó el rostro en un horrible accidente. En ese aspecto estoy bien. Creo que las desafortunadas desdichas a las que me refiero forman parte del aspecto emocional de un ser humano.

Ya, me callo, pues.

El canal podcast resucita de entre las cenizas

En el 2006 inicié un programa de radio por internet (podcast) en donde hablaba de temas que me llamaran la atención en el momento y ponía música que me gustara. Muchas personas fueron contribuyendo ocasionalmente y algunos de esos episodios todavía me entretienen. Para cuando lo inicié, ya había tenido experiencia en radio FM, pero publicar los programas en Internet siempre me ha gustado mucho más. No tener que limitarte y poder tratar los temas que a mi me gustan es una oportunidad única.

Por falta de espacio en Internet, problemas con el hospedaje y muchas otras cosas, la mayor parte de los episodios ya no estaban en línea. Sin embargo, este año me propuse ponerme las pilas y ya tenemos un dominio y los viejos episodios irán apareciendo ahí también.

Siempre he sido cuidadoso de guardar todo lo que hago en la vida. A veces he tenido pérdidas pero por la mayor parte todavía tengo todo. Originalmente publicaba los episodios en una baja calidad, por cuestiones de ancho de banda. Aún así, siempre tuve el cuidado de guardar también un archivo en alta calidad. Todos ellos estarán disponible en un nuevo sitio web dedicado exclusivamente al podcast.

Se pueden suscribir al nuevo blog, escuchar los episodios en línea y el plan es que próximamente estemos en iTunes. Ya tenemos un excelente nuevo episodio donde se explica de qué se tratará esta nueva etapa, que tiene cosas interesantísimas. Estoy muy emocionado al respecto.

Entren al nuevo URL:

Publicaciones recientes

Algunos de mis textos han aparecido en revistas recientemente. Los menciono aquí por si les interesa checarlas y para que luego no se me olvide que alguna vez lo hice.

Hubo un número de la revista Generación (de noviembre, creo) coordinado por Elma Correa donde apareció un texto mío. Lamentablemente creo que no hay versión digital pero creo que la venden en las librerías Educal y otras.



En el semanario bajacaliforniano 7Días se republicó mi artículo sobre Peña Nieto en diciembre de 2011.


La pueden descargar de aquí: http://bit.ly/yxlUV6



En la revista Diez4 de Tijuana se publicó un texto sobre Andy Kaufman:


La pueden descargar y leer en línea de aquí: http://diez4.com/diez4/2012/_revista/humor-enero-2012/

Espíritu navideño

Esta madrugada llegué solo a mi casa, como de costumbre. Mientras abría la reja para meter mi carro se me aproximó un tipo solitario. Me pidió de favor si le prestaba mi celular para hacer una llamada al otro lado. Internamente pensé "ya valió madre." Esa es la típica línea que uno escucha en una calle solitaria, en la madrugada, antes de ser asaltado.

Y la calle estaba sola, totalmente sola. Todos de fiesta todavía o ya dormidos. Me explicó que lo habían botado para este lado y que necesitaba llamar a alguien en estados unidos. En fin, le comenté que no tenía crédito. Una mentira, por supuesto, quería quitármelo de encima. Esperaba que justo después de decirle eso me diría: "Cáite con todo lo que traes." Pero no, cambió la estrategia y me pidió una moneda de cinco pesos. Otra de las típicas líneas que uno escucha antes de quedarse sin cartera. O sin carro en el peor de los casos.

Le dije que no tenía feria. Otra mentira. Quería verme lo menos atractivo para ser asaltado. Sé que no me creyó. El tipo se decepcionó y, al ver mi falta de cooperación, me dio las gracias y siguió avanzando. Sólo volteó para comentarme que los teléfonos públicos tampoco funcionan.

Fuck. En realidad quería hacer una llamada.

Merry christmas!

Peña Nieto y Cantinflas



Ya para este punto mucha gente vio el vergonzoso video donde Peña Nieto queda en ridículo en la FIL de Guadalajara. Durante la presentación de su libro le hicieron una pregunta dificilísima (aunque el que preguntó aclaró que era "más fácil"): ¿Qué libros han marcado su vida personal y política?

Para responder, Peña Nieto recurrió inmediatamente al personaje de ficción que todos los mexicanos conocemos: Cantinflas. Comenzó a hablar y hablar, intentando disfrazar el hecho de que no es un lector. Mencionó la Biblia, "La silla del Águila" de Enrique Krauze (es de Carlos Fuentes) y otros libros "que no recuerdo." Obvio la Internets no se quedó callada y ha rolado y retwitteado el video hasta el cansancio, generalmente aderezado con comentarios de "ignorante," "¡qué vergüenza!" Etc., etc. Por mi parte, no estoy ni sorprendido ni indignado. Creo yo que ya me insensibilicé sobre este tema.

Es muy, muy fácil burlase de él, y creo que si hay razones legítimas para hacerlo. Para empezar, estaba presentando un libro que supuestamente él escribió. Para continuar, se trata de un candidato a la presidencia, y por algún motivo el pueblo mexicano espera que la persona que va a ser presidente debe también ser un lector.

Si tomamos en cuenta que en la democracia un presidente debe ser alguien que represente a las mayorías, creo que en el aspecto de la lectura Peña Nieto representa muy bien a los mexicanos. Hace poco estaba platicando con un ingeniero en sistemas que alegaba que, cuando fue confrontado con que no leía, respondió sólo leía "cosas que le sirvieran a él." Le pregunté qué libros lo habían marcado como ingeniero y respondió: "Uno que es de matemáticas que es como el Leithold...", comenzó a hacer gestos como tratando de recordar el nombre. "¿El Larson?", le pregunté y respondió que si.

Ese es un libro obligatorio en varios cursos de cálculo de ingeniería. Le pregunté si había leído "The mythical man-month," de Fred Brooks; "The art of computer programming" de Donald  o "Operating Systems" de Andrew Tanenbaum. Todos esos libros cambiaron significaticamente la programación, se podría decir que la transformaron desde el momento de su publicación. Su rostro me dijo inmediatamente que no había leído ninguno, ni siquiera sabía que existían. Inmediatamente comprendí que la respuesta que me dio era la de un no-lector. Casi nadie responde que no lee, nadie quiere quedarse callado ante una respuesta tan reveladora. Todos tenemos la idea de que leer es bueno y que te "hace inteligente" (cosa falsa), así que lo que todo mundo hace ante la pregunta es buscar el nombre de algún libro del cual leyó dos o tres páginas.

Yo hago mucho esa pregunta "facilita" que le hicieron a Peña Nieto y casi nadie me sabe responder. Luego, luego sale Cantinflas. No sólo eso, quedo como un mamón, cosa que al parecer me sale natural. ¿Cómo me atrevo a poner a la gente en evidencia? Mai gad. Yo le pido a toda la gente que lo critica que se hicieran la misma pregunta.

La triste realidad es que a la mayoría de la gente ningún libro le ha marcado la vida. Han hojeado algunos libros de texto en la escuela, y por obligación, pero fuera de ello no tienen mucho más que responder. Sería más fácil preguntar qué película ha marcado sus vidas, cosa que también pregunto y obtengo respuestas muy decepcionantes.

Pero, me dirán ustedes, Peña Nieto no es sólo una persona más, es un candidato a la presidencia, y todos esperamos cualidades excelentes de nuestros políticos por que tienen una gran responsabilidad en sus manos, y blah, blah, blah. Yo respondo: ¿Por qué esperamos políticos mejores a nosotros? Como ya dije, pienso que desde muchos puntos de vista, los políticos sí nos representan.

Por desgracia me interesa escribir. Esto me incomunica bastante con el resto del mundo. La gente que lee se cuenta con los dedos de una mano y es muy difícil encontrarla. En un semestre más terminaré mi maestría y mi tesis, y estoy haciéndome a la idea de que sólo la leerán otros académicos. Lo más probable es que, si publico mi tesis como libro, prácticamente nadie la leerá. La triste realidad es que México no es un país de lectores, y la vida es solitaria para los sí-lectores.

Mis estudiantes muchas veces me dicen que uso "palabras muy raras," no captan mi sarcasmo y a veces se van hacia las interpretaciones más obvias sobre lo que dije. No puedo hablar con sutilezas, tengo que decir "esto es esto y esto es lo otro" bajo riesgo de no poder comunicarme. Por ejemplo, a veces encuentro a muchachos comiendo dentro del salón, y les recuerdo que eso está prohibido. Les digo: "Muchachos, la persona que esté comiendo va para afuera. Es más, la persona que esté pensando en comida va para afuera también." Nunca falta el estudiante que, de manera completamente seria, me pregunta: "Profe, ¿cómo va a saber en qué estamos pensando?" En fin, broma muy sofisticada.

A mucha gente le pasaba la dirección de mi blog y me comentaban que se habían clavando viendo las fotos. El texto era únicamente decoración alrededor de las imágenes. Estoy seguro de que más de una persona le habrá dado click al vínculo a mi blog en Twitter o Facebook y no habrá leído esto porque "es mucho." Esa es una de las críticas que le hago a Twitter: Nos hace no leer. Dejamos de ser lectores y nos hacemos "followers" y dejamos de escribir y nos hacemos "retwitteadores."

Ojo: No estoy defendiendo a Peña Nieto, sé que alguien que no puede leer sutilezas lo interpretará así. Creo que él es solamente una pequeña muestra de un problema mucho más grande, de una situación que me gustaría que se resolviera pero cada día veo que se está agravando.

Muchos libros han cambiado mi vida. Sí, ahora viene aquí la parte más mamona y arrogante de este escrito. He aquí algunos libritos que marcaron mi vida y el por qué. Algo que se malinterpreta muy seguido es que esta es una lista de libros que me parece excelente o que estoy de acuerdo con ellos en un 100%. Muchos de ellos sí, pero les recuerdo, son libros que cambiaron mi vida. Alguien puede ser transformado por Twilight o por Harry Potter o por el libro Mormón. Depende mucho de en qué periodo de nuestra vida estemos y cuáles han sido nuestras lecturas anteriores y si realmente tiene que ver con lo que nosotros creemos es bueno. Incluso pueden ser libros que marcaron nuestra vida negativamente, aunque me enfocaré aquí a lo positivo. En fin, va la lista:

  •  Friederich Nietzsche - Así habló Zarathustra: Este libro me dio el empujoncito necesario para salirme de la religión. La cuestionó tan duramente y me hizo pensar en cosas que ni siquiera había considerado. Hasta la fecha no puedo alardear de haberlo comprendido totalmente, pero es muy difícil terminar igual después de leerlo.
  • Julián Carrillo - Teoría lógica de la música: De nueva cuenta, me hizo cuestionar lo que es la música y desarrolló un nuevo sistema musical que, por desgracia, no tuvo muchos adeptos, pero que creo que realmente podría ser una buena alternativa a la partitura. Es un trabajo verdaderamente revolucionario.
  • Miguel de Cervantes - Don Quijote de la Mancha: Lo he leído ya muchas veces y nunca deja de sorprenderme. Una novela graciosa, fresca, llena de sabiduría y habilidad. No se escribe mejor que esto.
  • Heriberto Yépez - A.B.U.R.T.O.: Me hizo darme cuenta de que la buena literatura puede tratar de temas que me son increíblemente familiares. El libro tiene una sección, por ejemplo, sobre los libros que había normalmente en una comercial mexicana y cómo son leídos por gente como Mario Aburto.
  • Stephen Hawking - Breve historia del tiempo: Otro libro que me cambió la idea sobre algo, en este caso sobre el universo. Stephen Hawking explica principios avanzadísimos de la física con manzanitas.
  • Célestin Freinet - Parábola para una pedagogía popular: Después de leerlo terminé enojadísimo con las escuelas en las que había estado, y hasta la fecha no estoy muy contento sobre la forma y organización de ellas. Expresar las ideas de este libro en mi trabajo me ha ganado muchas discusiones y una persona que ya no me habla. Así de bueno es.
  • Karel Reisz - Technique of film editing: Después de leer este libro ya no pude ver las películas igual. Entendí el lenguaje visual y cómo nos comunica. Lo acabo de ver como a cuatro dólares en Amazon y me lo acabo de comprar, quiero leerlo de nuevo.
  • Pekka Himanen - La ética del hacker y el espíritu de la era de la información: Me hizo comprender muchas cosas sobre el mundo hacker y me hizo ver que realmente es un tema enorme. Al grado que mi tesis de maestría gira en torno a este tema.
  • Isaac Asimov - Yo, robot: Un libro de cuentos que leí en la primaria y que nunca me ha abandonado. Era la primera vez que yo leía sobre robots tan avanzados.
 Y otros que ya no me acuerdo.

Beavis and Butt-head



Cuando me enteré de que volverían a hacer episodios de Beavis and Butt-head pensé que no sería muy buena idea. Yo los veía desde que iba en la secundaria hasta que salieron del aire. En esa época MTV era una canal de música con algunas caricaturas y programas de otro tipo, pero eran la minoría. Además, tenía una actitud medio rebeldona que no sé si todavía tiene por que hace años que no veo el canal. Ahora en MTV casi lo único que puede verse son reality shows no muy interesantes.

Pero estaba equivocado: Fue una excelente idea. Increíblemente, Beavis and butt-head en esta década pueden servir aún más para parodiar la estupidez de la televisión. Increíblemente, ellos ahora son más inteligentes que los protagonistas de los reality shows sobre adolescentes, e incluso que la gente que sale en Jersey Shore.

Algo de lo que hacían durante los noventa era mirar televisión y criticar los videos que pasaban por MTV. Como hoy no hay videos, así que critican los reality shows y la gente que aparece en ellos. En uno de los primeros episodios se quejan de que una las muchachas que sale en 16 and pregnant es una "horrible actriz" pero pronto se dan cuenta de que no es una actuación, es real. "Entonces no es una horrible actriz, sólo una horrible persona."

 

Sobre este tipo dice Butt-head: "Hey, Beavis, this guy looks like he might be stupider than us." Beavis dice: "He should, like, tie a chain from those things on his lip to the things on his ears and like, hold his mouth shut."


Es increíble: En el MTV actual, Beavis and Butt-head son los nerds.

Type in spanish



Los que hablamos español cargamos a cuestas una molestia constante cuando usamos computadoras: Cada teclado es diferente. Hay unos que tienen la arroba en la letra Q, otras arriba del número dos. Otros tienen una tecla para poner diéresis y otros no. La tecla del acento puede estar en diferentes lugares. Algunos traen cedilla, otros no. Hay una gran cantidad de disposiciones del teclado en español, por lo que nunca sabemos a qué teclado nos enfrentaremos.

A esto hay que sumarle que en gran parte de las ocasiones el software no está bien configurado. Esto resulta en que la figura pintada en las teclas no corresponda con lo que nos aparece en pantalla cuando la tecleamos. Tenemos que estar imaginando mentalmente cuál es la tecla que nos ayudará, por lo que intentamos varias posibilidades y revisamos en la pantalla qué es lo que salió.

¿Por qué no es posible tener un sólo estándar para el español? Así nos quitamos de broncas, como los gringos. Allá sólo hay una disposición en inglés. Obviamente como de allá nos llegan todos los estándares, los acentos no fueron considerados en el teclado. Tampoco la eñe. Tonces, añadir esas funcionalidades han sido tareas tardías y descoordinadas.

Estaría feliz si se adoptara como estándar la distribución "English international". Tiene exactamente todo lo que yo necesito: Los acentos se hacen presionanto Alt Gr +  la vocal, y la eñe igual. Todo se queda en el mismo sitio del teclado en inglés, el cual es bastante práctico.

Otra cosa que me parece siempre bien necesaria hacer en todo teclado es intercambiar las teclas Control y Caps lock. Esta última no me sirve para nada: NO ME GUSTA GRITAR EN INTERNET. Control, en cambio, la utilizo a cada rato. No es conveniente tenerla en la mera esquina, accesible solamente al dedo meñique, el más débil de la mano.

¿En qué beneficia? En programas como los navegadores web, muchísimo. Imaginen que ven una palabra en Internet de la cual quieren saber el significado. Lo que yo hago es únicamente seleccionarla y presionar: Ctrl + C (copiar), Ctrl + T (nueva pestaña) y Ctrl + V (pegar) y de inmediato comienzo a buscarla en Google. Con la práctica estas combinaciones de teclas podemos hacerlas en menos de un segundo. Se facilitan mucho más cuando intercambiamos el Control por el Caps Lock.

En fin, estaba en máquina ajena y decidí soltar mis frustraciones en el blog. You can go about your business. Move along.

Terminator Salvation (1/2)

Es imposible para un blog que anuncia en su encabezado que habla de inteligencia artificial no tratar el tema de la reciente película Terminator Salvation (2009).

Las objeciones en contra la viabilidad de la inteligencia artificial surgieron casi desde los orígenes del campo. El matemático Alan Turing, pionero en la investigación de este tema, clasificó estas objeciones en 1950.

inteligencia artificial

Él fue responsable del tan citado Test de Turing, un método para determinar si una máquina está pensando o no. Variaciones de este test pueden encontrarse en internet bajo el nombre de CAPCHA, y sirven para diferenciar a un ser humano de una máquina.

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En el cine y literatura, una representación clara es el test de Voight-Kampff en Blade Runner.

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Este test tiene sus orígenes en una afirmación de René Descartes en su Discurso del método:
Y aquí me extendí particularmente, haciendo ver que si hubiese máquinas tales que tuviesen los órganos y figura exterior de un mono o de otro cualquiera animal, desprovisto de razón, no habría medio alguno que nos permitiera conocer que no son en todo de igual naturaleza que esos animales; mientras que si las hubiera que semejasen a nuestros cuerpos e imitasen nuestras acciones, cuanto fuere moralmente posible, siempre tendríamos dos medios muy ciertos para reconocer que no por eso son hombres verdaderos; y es el primero, que nunca podrían hacer uso de palabras ni otros signos, componiéndolos, como hacemos nosotros, para declarar nuestros pensamientos a los demás, pues si bien se puede concebir que una máquina esté de tal modo hecha, que profiera palabras, y hasta que las profiera a propósito de acciones corporales que causen alguna alteración en sus órganos, como, verbi gratia, si se la toca en una parte, que pregunte lo que se quiere decirle, y si en otra, que grite que se le hace daño, y otras cosas por el mismo estilo, sin embargo, no se concibe que ordene en varios modos las palabras para contestar al sentido de todo lo que en su presencia se diga, como pueden hacerlo aun los más estúpidos de entre los hombres; y es el segundo que, aun cuando hicieran varias cosas tan bien y acaso mejor que ninguno de nosotros, no dejarían de fallar en otras, por donde se descubriría que no obran por conocimiento, sino sólo por la disposición de sus órganos, pues mientras que la razón es un instrumento universal, que puede servir en todas las coyunturas, esos órganos, en cambio, necesitan una particular disposición para cada acción particular; por donde sucede que es moralmente imposible que haya tantas y tan varias disposiciones en una máquina, que puedan hacerla obrar en todas las ocurrencias de la vida de la manera como la razón nos hace obrar a nosotros.
Turing era homosexual, y a pesar de haber colaborado con el gobierno inglés en la decodificación de los códigos de encripción nazis, fue discriminado por sus preferencias y después de un juicio donde no creyó necesario defenderse, se le dieron dos opciones: Ir a la cárcel o someterse a un tratamiento hormonal que eliminaría sus preferencias "patológicas" (junto con el resto de su sexualidad). Turing optó por la segunda opción. Fue un desastre: Las inyecciones de estrógeno le provocaron el crecimiento de los senos, aumento de peso e impotencia.

En 1954 fue encontrado sin vida en su sótano de su casa con una manzana mordisqueada en la mano. Estaba contaminada con cianuro.

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Algunos especulan que éste es el origen del logotipo de Apple Computer Inc., pero no hay evidencia que lo sustente. Otras fuentes añaden que el arcoitis representa el "orgullo gay". Infundios. (Actualmente, existe un movimiento que intenta lograr que el gobierno inglés se disculpe por la persecución injusta hecha a Turing.)

Dentro de las objeciones presentadas a la inteligencia artificial, Turing habla de la llamada "objeción de las cabezas en la arena": Si hay máquinas pensantes, existe la posibilidad de que piensen mejor que nosotros, se rebelen y nos dominen. Este miedo a nuestras propias creaciones puede rastrearse a obras como Frankestein (1818). El "jugar a dios" y pagar las consecuencias es uno de los temas más antigüos de la ciencia ficción y, por lo tanto, del cine.

The Terminator (1984) es una de las versiones más logradas sobre el tema. Ataca directamente una de las objeciones catalogadas por Turing: En la cinta, una red mundial llamada Skynet adquiere conciencia, se rebela contra los humanos y comienza una operación de exterminación. Debido a que los sobrevivientes de la catástrofe nuclear iniciada por Skynet lograron hacer refugios subterráneos para ocultarse y sobrevivir, las máquinas respondieron con el desarrollo de robots humanoides con piel humana para infiltrarse en las bases y exterminar a todos los humanos dentro de ellas. Éstos cyborgs eran prácticamente indestructibles.

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Un hacker del futuro, de nombre John Connor, había adquirido el suficiente conocimiento técnico y la estrategia para vencer a las máquinas encontrando sus debilidades. Después de atestar varios golpes duros a Skynet, las máquinas decidieron tomar medidas drásticas: Inventar una máquina del tiempo para enviar un Terminator al pasado y asesinar a la madre de John Connor, previniendo cualquier posibilidad de derrota.

Los humanos descubrieron el plan demasiado tarde, cuando encontraron la máquina del tiempo, el Terminator ya había sido enviado. Como medida preventiva, enviaron a un soldado para proteger a Sarah Connor, y posteriormente destruyeron la máquina para prohibir más viajeros.

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La trama es redonda y bien ejecutada. James Cameron contaba con un presupuesto minúsculo, pero esto no evitó que The Terminator se convirtiera en una de las mejores películas de ciencia ficción. Estoy seguro de que Cameron estaba familizarizado con las ideas de Turing.

Uno de los puntos fuertes en la trama es la contraposición Eros/Tánatos. Dos grandes fuerzas son las que luchan en el filme: La vida (el hombre) y la muerte (el robot). El primero luchará hasta su último aliento por salvar a Sarah Connor (y por lo tanto a la humanidad) y el segundo por matarla. Incluso cuando el robot está partido por la mitad y ya sin piel, estira el brazo para estrangularla.

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Los Ángeles después del apocalipsis nuclear.

Las secuelas no han añadido gran cosa más que efectos especiales y agujeros en la trama. En la segunda película son dos robots los que luchan. ¿Cómo es posible que hayan viajado por el tiempo si la máquina ya había sido destruida? Además, si lograron enviar a otro Terminator, ¿qué impide a Skyney enviar diez mil más?

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Pero es la cuarta entrega de la saga, Terminator Salvation, la que es más insultante. También intenta hablar de inteligencia artificial pero está plagada de estupidez natural. Con este tipo de productos, y al ver cómo actúan los personajes de la película, no es de extrañar que las máquinas quieran exterminarnos.

(Continuará.)