Botellas al mar...

Pensamientos azarosos de una mente ídem.

Cotidianeidades



















































Photobucket

Etiquetas: fotografía, fotos

Escrito por BadBit el martes, julio 22, 2008 | 1 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

Stanley Kubrick

[He aquí otro fragmentito de mi novela]


El aburrimiento caía en el cibercafé de vez en cuando, supongo que es algo normal en los lugares donde pasas la mayor parte del día. Las computadoras nos podían proporcionar una infinidad de información para leer, escuchar, observar, pero después de un tiempo, hasta eso enfada. También teníamos nuestros momentos de ocio, fuera de línea, en donde nos reuníamos cerca de Alex y la caja registradora para platicar de cualquier cosa que nos viniera a la mente para matar el tiempo.

Muchas veces disfrutaba de esas conversaciones, platicábamos de temas que sólo nosotros comprendíamos. Normalmente lo que nos callábamos en compañía de gente “normal”, e incluso varios clientes del cibercafé nos observaban sobre sus monitores, extrañados, cuando escuchaban nuestras conversaciones. Sin embargo, con ellos me sentía libre de decir lo que en realidad pasaba por mi cabeza sin miedo a ser juzgada, o ser rechazada.

Excepto cuando Esteban se encontraba presente.

Yo intentaba que sus comentarios arrogantes no me afectaran, pero siempre lograba sacarme de quicio, tarde o temprano. Sigo sin comprender su pose, el detestar todo lo que suene a conocimiento metódico, a todo aquello que huela a ciencia y bellas artes. Siempre está alardeando de los raves a los que asiste, las drogas que se mete en cada uno y las mujeres que caen en sus mentiras. Siempre lograba sacarme de quicio.

Un día, dentro del cibercafé en alguna tarde aburrida, Julián me preguntó algo acerca de una película de Kubrick.

—¿Mi escena favorita? —respondí pensativa—. Es difícil elegir una, hay tantas cosas buenas en todas sus películas... Aunque otras la verdad casi no me gustan, y si yo hubiera sido él, las quitaba. Pero la que más me entretiene es la de 2001: Odisea del espacio. Ya sé que en parte soy muy quisquillosa en este aspecto, pero siempre he pensado que fue hecha prematuramente, cuando todavía no existía la tecnología suficiente para representar fielmente la experiencia espacial. Se nota inmediatamente que hay gravedad dentro de las naves y en la Luna no caminan a saltos, como debieran. Esa es una de las grandes dificultades de ese tipo de cine: Siempre se filma en la tierra. Yo sé que Kubrick hizo su mejor esfuerzo, y es un excelente trabajo. Incomparable con cualquier otra cosa que haya salido por las mismas fechas. Pero aún así el espacio no es como lo pintan ahí, lo siento mucho... Dejando eso a un lado, creo que mi escena favorita es la primera aparición de las naves espaciales, el viaje del doctor Heywood Floyd a la Luna, pero solamente el primer segmento.

—¿Donde sale la música clásica? —preguntó Alex.

—El Danubio Azul, sí. No podría haber música más perfecta para esa escena. Ni aunque hubieran puesto música electrónica o lo más avanzado de la época podrían igualar la elegancia de ese vals, le viene como anillo al dedo a la escena para representar lo grandioso que es el vacío y la ingravidez del espacio. Kubrick casi lo logra cuando sale la pluma del doctor Floyd flotando sin rumbo y su brazo también suelto. Pero cuando entra la azafata todo se arruina, se nota que hay gravedad. En el libro, Arthur C. Clarke nos dice que todos flotan, y que los niños que han vivido en la Luna toda su vida piensan que la Tierra es un lugar peligroso porque te lastimas si te caes.

Para este punto, Esteban ya tenía una mirada desaprobadora que usa generalmente cuando no está interesado en lo que yo estoy diciendo, como si sólo sus temas de interés valieran la pena y estuviera perdiendo mi tiempo en discursos inútiles. Decidí que no me molestaría su actitud.

—El momento que me gusta más —proseguí, indiferente—, y que siempre me quita el aliento, es cuando la nave va a entrar a la estación espacial. En una toma podemos ver a los pilotos sentados en la cabina y a través de la ventana se observa la estación, cada vez más cerca. Pero nosotros sabemos que la estación y la nave están rotando, aunque desde dentro no podemos notarlo. Pareciera que la estación espacial se encuentra acercándose hacia nosotros, haciéndose más grande, mientras permanecemos inóviles. Esa es la relatividad, ahí frente a nuestros ojos Kubrick pone la ley de la relatividad. Si nos encontráramos en la Tierra, observando desde un telescopio, la nave y la estación giran. ¿Quién nos asegura que no es en realidad el resto del universo el que está girando? ¿Cómo podemos comprobarlo? Solamente podemos comparar el movimiento con respecto a otros objetos, pero nunca tendremos la certeza, un absoluto movimiento. Siempre sucederá estro mientras vivamos en un universo sin centro, somos capaces de hacer girar todo el universo con un dedo si lo apoyamos contra algo. ¿Quién puede decir que no es así? Nadie tiene la autoridad suficiente para afirmar que sólo somos nosotros quienes nos movemos.

—Mariana, creo que ya te la estás jalando de más —dijo Esteban, por fin, enfadado. Se tardó en hacer su comentario mala onda. Mientras tanto, Alex y Julián escuchaban atentamente, intentando comprender lo que decía.

—Me preguntaron y yo respondo —dije—. Unos instantes después de lo que les platico, hay otra toma impresionante: Se observan los controles de la nave, y en uno de los monitores podemos ver una silueta computarizada de la entrada a la estación espacial, y está girando. Pues escuchen esto: El sol gira también exactamente al mismo ritmo, y es lógico: Si la nave gira, el sol también cambiará su posición relativa. No vemos al Sol, únicamente podemos ver la luz reflejada en el tablero de controles. ¡Y aún hay más! Dentro de la nave, mientras el doctor Floyd está durmiendo, la dirección de la luz que entra por las ventanas también cambia por el giro de la nave, y se nota algo muy extraño: La tonalidad de la luz del sol es diferente a la que se vería en un avión que vuela en pleno día terrestre, todavía acá, dentro de nuestra atmósfera. Aunque posiblemente el transbordador en esos momentos se encontrara todavía dentro de la exósfera, me refiero a las capas más inferiores, por donde vuelan los actuales aviones de pasajeros o globos aerostáticos, por ejemplo. Y, ¿cómo olvidar aquella toma en donde la cámara se acerca lentamente y traspasa la estación, mientras el transbordador está entrando y la música sube de ritmo. Quita el aliento a cualquiera.

—Tengo que ver las escenas para entender bien lo que nos estás diciendo —intervino Julián—, pero se nota que te la sabes de memoria.

—Es la biblia del cine espacial. Nunca respondo tan extensamente a este tipo de preguntas, pero sé que ustedes comprenderán, y les interesa —miré maliciosamente a Esteban—. Me imagino a mis compañeros de trabajo escuchando todo esto que les acabo de contar. Estoy segura de que les daría un infarto. Para ellos no soy más que una muchachita aburrida y callada que se la pasa leyendo cosas raras de camino a los supermercados.

—¿Entonces prefieres las escenas espaciales a todo lo que pasó con HAL 9000? —preguntó Alex.

—Claro. Lo que sucedió con HAL también es interesante, pero Kubrick se tomó muchas concesiones con respecto al texto de Arthur C. Clarke, el cual es mucho más claro y tiene una lógica implacable. No entiendo porqué Kubrick tuvo que terminar de una manera tan extraña, con esa secuencia del Stargate, y todavía torcer un final que podía haber sido maravilloso, aunque es bueno como está. Yo le voy más a la novela, la película tiene algunas áreas escabrosas y problemas de ritmo.

—Yo prefiero todo lo de HAL —afirmó Alex—. Es el mejor personaje de la película, más interesante todavía que la bola de humanos aburridos que aparecen casi como robots. Pagaría millones de dólares, si los tuviera, por tener una de esas máquinas aquí en el cibercafé.

—¿Aunque al final te dejara encerrado afuera?

—¡Ja, ja, ja! Claro, eso no me importaría en absoluto. Esa computadora es tan superior a mí que merece destruirme. En la película nos muestran que tiene una personalidad propia, es interesantísimo cómo expresa sus sentimientos a través de la voz y articula las cosas con tanta educación y elegancia. A veces me paso horas y horas pensando qué sería necesario para programar ese tipo de cuestiones. Nos dan una pequeña pista al final, cuando el astronauta va desconectando el cerebro de la computadora, y ésta va perdiendo la conciencia por niveles. Ahí se adelantaron mucho a su época. Ya mero llegamos al año dos mil uno y nuestras pobres computadoras se encuentran en un lamentable estado embrionario en comparación a HAL y ya no digamos a nosotros mismos. Mírenlas —señaló de un manotazo sus propias máquinas—. Tienen un cerebro, eso es seguro, es el microprocesador. Así como el nuestro, se encarga de las operaciones lógicas y matemáticas y de dirigir el tráfico de información. Pero eso es todo, hasta ahí les llegó el corrido. Nosotros podemos movernos, podemos sentir, crear nuevas ideas, tenemos instintos (lamentablemente), sueños y otras cosas que todavía ni comprendemos. El microprocesador actual sólo conoce dos cosas: Sí y no. Aunque, claro, los maneja más rápido que el tendero de la esquina. Mucho más que nosotros, millones de veces más. La velocidad de esos chips de silicón es verdaderamente apabullante. Ya leí por ahí de microprocesadores que están llegando al gigahertz, lo cual se pensaba imposible. ¡Un millón de operaciones por segundo! Pero no importa qué tan rápido puedan hacer operaciones, siguen sin poder pensar. El trabajo que hacen es de máquinas, no tienen creatividad, el programador es el que les dice que hacer y cómo hacerlo. Todavía requerimos del humano. El día en que las computadoras puedan crear sus sucesoras, todo va a cambiar.

—Si, se van a rebelar contra nosotros como en Terminator y nos van a exterminar como Nazis.

—Probablemente —dije yo, al comentario de Julián—, tenemos varias alternativas. Una es aplicar las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov. Uno: Ningún robot puede dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño. Dos: Un robot debe obedecer las órdenes de todo ser humano, excepto cuando están en oposición con la primera ley. Tres: Un robot debe proteger su propia existencia (nótese que no se dice vida) hasta donde esta protección no esté en conflicto con la primera o segunda leyes.

—¿Te aprendiste todo eso de memoria? —exclamó Esteban en tono burlón. Ignoré su comentario.

—Si los robots de Terminator hubieran tenido impresas estas tres leyes en su cerebro, nunca se habrían rebelado. El señor Asimov lo pensó todo de antemano. No tendrían más remedio que obedecer, y no hacernos daño. Es un mundo perfecto.

—Recuerda que una de las premisas de Terminator es que las mismas computadoras crearon sucesores más poderosos e inteligentes. ¿Qué pasaría si los mismos robots crean otros que puedan ignorar esas tres leyes?

—Es imposible, porque la primera ley les prohibe que por su inacción suframos daño. Cuando aquellas nuevas creaciones quieran matarnos, los robots antiguos saldrían al rescate, protegiéndonos. Tampoco podrían suicidarse para dejar a esos nuevos asesinos cumplir con su trabajo, porque lo prohibe la tercera ley. Asimov ya pensó en todo, no gastes tu cerebro.

—¿Y qué tal si le piden a esos nuevos robots que los aniquilen para que no puedan salvarnos? ¿Qué tal si sus fuerzas son muy superiores a la de los antiguos y los vencen? Entonces estaríamos perdidos.

—El crear esas máquinas asesinas estaría en contra de la primera ley. Eso de las leyes no sólo es una prohibición como la impuesta a nosotros en la constitución del país y el reglamento de tránsito, en donde las leyes están ahí pero nosotros decidimos si seguirlas o no, y las cuales generalmente todos se las pasan por los huevos o ni siquiera conocen. Para los robots, en cambio, es el motivo de su existencia. Es algo que tienen tan adentro, un sentimiento en el cual creen tan profundamente que no pueden siquiera pensar en hacer algo que nos dañe a largo plazo, aunque sea mínimamente. Mucho menos podrían construir máquinas exterminadoras de humanos. Es como el Terminator invertido. El motivo de la existencia de los robots exterminadores como el Swartchzenegger es acabar con los humanos, están hechos a nuestra imagen y semejanza para camuflarse entre nosotros y causar más estragos. Recuerda la última escena de la primera película, en donde el robot ya no tiene piel, lo destruyen parcialmente, y todavía se arrastra por el suelo tratando de matar a Sarah Connor. Todavía en sus últimos instantes estira la mano para ahorcarla. Todos sus instintos llevan a eso, es su programación más profunda, es en lo único que cree. No se puede negociar con la máquina, no puedes convencerlo de que no lo haga, es el único motivo de su existencia. Así como el Terminator quiere exterminar, los robots de Asimov quieren proteger. Me parece infactible que con las tres leyes pueda haber una rebelión de las máquinas.

—¿Qué pasaría si un ser humano crea una de esos asesinos? El ser humano no tiene que obedecer leyes.

—Ya te lo dije: Los robots nos protegerían. Admítelo, ya perdiste —Alex seguía con la mano en la barbilla, buscando más argumentos para refutar los míos. Antes de que los encontrara, cambié el curso de la discusión—. Aunque solo hemos considerado la primera opción. Hay otra posibilidad: Que nosotros mismos seamos la máquina.

—¿A qué te refieres? —preguntó Julián.

—En el libro de 2001: Odisea del espacio nos dicen que en un futuro probablemente dejemos estos imperfectos cuerpos orgánicos y volquemos nuestras conciencias hacia cuerpos diseñados por nosotros mismos, quizá cibernéticos. Que nos transformaremos en máquinas de funcionamiento más perfecto. El siguiente paso de la evolución será dado voluntariamente y no intervendrá la selección natural. Y más adelante, quizá dejemos por siempre cualquier atadura material y nos transformaremos en seres de luz... ¿Ahora entienden por qué me gusta más el libro? Nada de eso se encuentra en la película.

—Falta mucho para llegar a un punto así —intervino Alex—. Como ya dije, las computadoras todavía son calculadoras de bolsillo muy veloces. Nos ayudan a hacer los trabajos mecánicos que nos tardaríamos mucho en hacer nosotros. Pero aún así, concuerdo un poco con lo que dices, parece que estamos creando computadoras en base a nosotros. Lo que vendría siendo el corazón humano es la fuente de poder. Ella digiere la corriente alterna que se encuentra en los enchufes comunes, la transforma en corriente directa, la cual es amigable para componentes electrónicos, y la transporta hacia todas las partes de la computadora. Las máquinas pueden estar conectadas al cerebro, pero sin electricidad están muertas. No hacen ruido, no se detectan funciones vitales, son cadáveres, cascarones. Pero a diferencia de nosotros, ellas pueden volver a la vida si se les presiona el botón correcto.

—Como el monstruo de Frankenstein.

—Así es —concluyó Alex—. Y a final de cuentas, el microprocesador es como una prótesis de nuestro cerebro, que suple nuestras limitaciones naturales.

Todo ese rato Esteban había semiescuchando la conversación, pensando sus propias cosas, si es que llegó a pensar algo. Lo más seguro es que haya estado perdido la mayor parte del tiempo, y sus breves intervenciones sólo habían sido en puntos donde pescó el significado de dos o tres conceptos. Añadió melancólicamente, en un tono bajo:

—Pues a mí me gusta ver 2001 drogado... Me gusta la secuencia Stargate.

No pude evitar soltar una risita burlesca por su ignorancia.

—A mí ni siquiera me gusta tanto 2001 —dijo como en defensa propia—, prefiero mil veces Naranja Mecánica.

—¡Pero si es una de las películas menos cuidadas de Kubrick! —exclamé yo.

—¿Por qué?

—Es la película que hizo más rápido, más a la carrera, y francamente se nota. Es un futuro que se mira demasiado sesentas todavía. No hay nada de ciencia, esos detalles se omiten convenientemente. Compara aquel futuro con lo que estamos viviendo en estos momentos: No se parece en absoluto. En 2001 casi presagiaron el Internet y la videoconferencia. Naranja Mecánica tampoco tiene esa coreografía perfecta de las otras películas, al menos de las que he visto. En dos mil uno nada se mueve sin su permiso, y en Naranja Mecánica muchas cosas se dejaron al azar. Se siente.

—No seas exagerada, morra. Más bien me parece una película más natural y más emocionante. Me encanta que a Alex le vale madre la vida —y volviéndose hacia Alex, dijo—, obviamente no me refiero a ti, si no al de la película. Tiene mucha energía que desata en peleas, sexo desenfrenado con muchachitas hermosas, drogas, no sé... El lenguaje que usan está chido, aunque un poco raro y lo mejor de todo es que tiene música electrónica, cuando todavía era cosa rara en el cine. Te gusta exagerar un chingo, no es una mala película como dices.

—Quizá —respondí, ya un poco enojada—, pero aunque es futurista le falta esa parte de la ciencia. Se me hace tan difícil aceptar que Kubrick haya abandonado los ideales que postuló en dos mil uno así tan fácil. ¿Qué pasó con él? Francamente me decepcionó cuando la miré.

—Los personajes de dos mil uno son aburridos. ¿Cuántas veces al año crees que tengan sexo los astronautas esos? Mi suposición es básicamente nunca. Por algo se embarcaron en un viaje larguísimo sin mujeres.

—Llevaban una congelada.

—Sí, y me la imagino idéntica a ellos. Aunque la sacaran del congelador seguiría helada. Y aunque saliera bien cachonda, viajando con esa bola de ñoños no puede esperar nada bueno.

—Debe ser porque no piensan con el pene, como otros que yo conozco. Tienen cosas más importantes a las cuales dedicar su tiempo y esfuerzo.

—Alex tenía tiempo para todo, no era ningún pendejo. Se masturbaba escuchando a Beethoven y música clásica, aunque a mí no me gusta mucho, es música muy nerd. Leía la biblia y cosas así. También tenía el tiempo para salir a la calle, tirar party y hacer desmadre. Se pasaba un poco de lanza a veces, pero sabía como divertirse, no como los astronautas. No tenía que autoesclavizarse con leyes y reglas que nadie le puso: Hacía lo que le daba la gana.

—Precisamente por eso lo someten al tratamiento Ludovico, que aunque es científicamente imposible, creo no le caería mal a uno que otro. No siempre podemos hacer lo que queramos.

—Tú que hablas de ideales deberías conocer el ideal de esa película, lo que nos dicen al final, que debemos ser libres. Que ese tipo de tratamientos en donde te obligan a obedecer a huevo son una aberración, es mejor que exista un asesino libre a un policía esclavo.

—¿Crees que eso fue lo que quiso decir Kubrick? Andas bien perdido. Más bien mencionaba algo del derecho de elegir.

—¡Es lo mismo que dije yo! Además, también muestra cómo toda la sociedad está podrida y es hipócrita al respecto. ¿Por qué vas a mostrar lealtad a gente que es peor que tú? No me digas que estás en desacuerdo con eso.

—Nunca dije que estaba en desacuerdo con nada de lo que dice Naranja Mecánica, pero tú no la comprendiste bien. Estás tomando como modelo de vida a un jovencito desmadroso que no sabe ni en qué mundo vive. También me molesta mucho que digas que dos mil uno es aburrida, no sabes ni lo que estás diciendo porque tampoco la entendiste.

—¿Kubrick te dijo qué significaba, o qué pedo? Si no se hubiera muerto, te diría que fuéramos ahorita a preguntarle quién tiene la razón.

Alex y Julián nos observaban como si fuera un partido de tennis: Alternando sus miradas entre Esteban y yo. Algunos clientes ya nos miraban raro, pero como de costumbre no nos importaba.

—¿De qué le sirvieron los ideales de tirar desmadre y drogarse a tu amiguito? —dije.

Los dos espectadores guardaron el aliento, y Esteban quedó paralizado. Irónicamente, sus facciones se fueron endureciendo, su mirada de furia se fue transformando en una las caras que generalmente hacen los personajes de Kubrick en momentos de trance.

—¿Qué tiene que ver él con esto?

Realmente nada, pero si sus ideales eran tan perfectos como afirmaba, ¿por qué se suicidó su amigo? Ya ni recuerdo el nombre, sólamente lo miré como en dos ocasiones, cuando Esteban llegó acompañado de él al cibercafé. Era más modesto y tranquilo, aunque igual de drogadicto que el idiota con el que estaba discutiendo en ese momento. La mención de su amigo fue un golpe bajo, pero para una persona que no entiende razones ese tipo de cosas son necesarias.

—Dejen de pelearse, por favor. Ya están diciendo tontadas —dijo Alex, tratando de suavizar la situación sin éxito.

Esteban tomó violentamente su mochila de la barra de la caja registradora, y salió caminando a toda prisa del local, casi echando chispas y sin ver atrás. Sus pantalones holgados y llenos de bolsillos laterales y la cadena que salía de su cinturón a su cartera causaban un efecto casi cómico en su caminar. Durante un breve instante quedamos en silencio, mirando la ventana hasta que desapareció el ofendido.

—¿Ya vez lo que hiciste, Mariana? —me increpó Julián.

—Le dí su merecido. Le dije una verdad: Su estilo de vida no es tan ideal como intenta promover. Le rompí su pequeña burbuja, y eso duele, pero ni modo.

—Entiendo lo que dices —añadió Alex—, pero hay límites. Manuel era su mejor amigo, lo admiraba mucho y eso era notorio. Diste un golpe bajo, eso no se vale. Y si nos vamos a lo sincero, realmente no querías darle una lección filosófica acerca de su estilo de vida, solo querías dejarlo callado para ganar el argumento. Te ofendiste porque atacó a tu ídolo Kubrick, y tu pensaste en corresponderle igual. El único problema es que Kubrick no sabe que existes.

Tenía razón. Siempre la tiene, maldita sea. Me alejé de ellos también un poco molesta, y me senté en una de las computadoras para ver si encontraba a alguien interesante en el IRC. Lo que sí quedó muy claro, al menos desde mi punto de vista, es que Esteban sigue sin simpatizarme en lo más mínimo. Aunque... Quizá una disculpa no estuviera de más, tampoco se trataba de convertirme en él.

Etiquetas: novela

Escrito por BadBit el viernes, julio 18, 2008 | 1 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

Rockstar

Tengo demasiado sueño, pero antes de dormir quiero poner un videíto que me pareció interesante. Hace rato estaba ensayando con una banda nueva (proyecto alterno de vacaciones) y el baterista nos mostró este video en donde se le pirateó, y como un tributo a Keith Moon, decidió desbaratar su bateria de una manera poco amable. Nadie del grupo sabía de sus planes, así que primero los sacó de onda y luego le llovieron improperios.

El video le quedó bien editado. Como no deja incrustar en otras páginas, pueden verlo dando click aquí.

Lo único que espero es que no se le piratee igual cuando toque con nosotros. Para los tijuanenses, pronto andaremos tocando por allá.

Hasta luego.

Etiquetas: anecdotario

Escrito por BadBit el viernes, julio 11, 2008 | 5 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

Consejitos odiosos y no solicitados

Funcionó mi plan. Desperté a las 6:10 de la mañana, y eso sin necesidad de alarma. Simplemente abrí los ojos, y al ver la luz del sol por mi ventana me asusté. "Quizá me quedé dormido", pensé. Al revisar la hora en mi celular, la paz volvió a mi cuerpo, y lo volví a desparramar en mi colchón.

Ahora estoy en el trabajo, llegué temprano para ver si podía salir antes, pero no sirvió de nada. Tengo que pasar tres horas entretenido en el chat, escribiendo, y leyendo estupideces en internet. Debería ponerme a leer el libro que traigo apretujado en el bolsillo de mi pantalón, pero me da pereza, además de que las computadoras están más escondidas y por lo pronto prefiero pasar desapercibido, no vaya a ser que tenga que dar explicaciones de mi presencia y quede en ridículo por decir que debo perder tres horas de mi vida.

Como tengo este tiempito libre, quiero platicarles de varios de los clichés humanos que más arruinan mis días. Esas actitudes estereotípicas que generalmente me ponen de mal humor ipso-facto. Con tan amplio repertorio, no sé ni por donde empezar, así que escribiré lo primero que me viene a la mente.

Me recontracagan los "expertos" en literatura, cine, música y demás, que sondean a sus adversarios (notita: todo mundo son sus adversarios) haciendo preguntas del tipo: "¿Ya leíste a fulanito autor?", "¿Ya viste tal película?". Si tu respuesta es negativa, desde su punto de vista acabas de descender automáticamente al nivel de ignorante absoluto de toda el arte universal. Aplíquese esto también para todos aquellos hipsters pseudoconocedores de música que comienzan a enlistar una retahíla de bandillas anónimas que ni en su casa los conocen, y supuestamente son la vanguardia musical del momento.

Con gustos tan variados como me cargo, de acuerdo con los numerosos "expertos" que me topo por ahí, soy un ignorante total de fotografía, rock, cine, ópera, narrativa, poesía, y un largo etcétera. Porque en efecto, si no lees lo mismo que ellos, si no ves lo mismo que ellos, si no escuchas lo mismo que ellos, estás out. Obviamente eres disfuncional, get it? Y van a poner su pinche jetota de que ni siquiera vale la pena hablar contigo, y te van a dar la espalda sin mayores explicaciones.

Si no te dan la espalda, intentarán evangelizarte con una serie interminable de recomendaciones para sacarte del hoyo. Escucha tal cosa, mira tal cosa, lee tal cosa... Gracias, amigo, voy a poner mi vida en pausa para ponerme al día en tanta pendejada.

Además, ahorita que estoy desquitando mis molestias, ¿alguien me puede explicar qué chingados singifica el rock indie? Yo sé que significa "independiente", ¿pero de cuándo acá eso es un estilo de música? ¿De cuándo acá independiente significa que será bueno? Flash informativo: no significa nada.

Sé que decir esto es un cliché casi tan grande como estas personas de quienes les hablo, pero generalmente nunca les respondo como se merecen porque no vale la pena. No cambiarán sus ideas, y están tan engolosinados con su supuesta superioridad que no escuchan a alguien que no haya escuchado a equis banda de cabello relamido y escasos estudios musicales.

Nunca nadie me ha recomendado "Jaques, el fatalista", uno de mis libros favoritos. Ninguno de esos hipstersillos me avisó nunca de Donizetti, de Beaumarchais y demás. A lo que voy es a una obviedad feísima: Cada quien tiene sus gustos, cada quien tiene su búsqueda personal. En ocasiones son pueden sugerir las opiniones de otras personas, las sugerencias, las recomendaciones, pero ¡por favor! Dos preguntas no son suficientes para averiguar el bagaje cultural de un individuo, ¿por qué no se dan cuenta de eso?

El conocer, leer, escuchar y apreciar es un proceso constante, no un producto terminado. Aquel que se sienta un experto consumado es el más grande ignorante. Yo, por ejemplo, no he leído ninguna novela de Cortázar. Imagino a uno que otro lector conteniendo el aliento y pensando: "¡Pero cómo!". Pues no lo he leído, pero eso no quiere decir que nunca lo haré, está dentro de mis planes. Ha llegado la hora de dar mi consejito odioso, como ustedes lo han hecho tantos años impunemente conmigo: Dejen de ser tan anales y permitan vivir tranquilamente a las personas que los rodean. No tenemos porqué saber lo mismo que ustedes, y me atrevo a decir que no nos interesa.

Me voy porque ya llegó mucha gente y me miro sospechoso.
P.D. Besitos a mi indie favorita.

UPDATE: Después de tres horas me dijeron que "siempre no tenía que venir". Estaba a punto de arrancarme la cara con las uñas del coraje, cuando me dijeron: "por favor, pase a cobrar". Bueno, mínimo... De pura rabia me lo voy a gastar todo hoy.

P.D.2. No es cierto, LOL!!!1!

Etiquetas: reflexión

Escrito por BadBit el lunes, julio 07, 2008 | 11 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

La colonia interior

Cuando batallaba para seguir ciertas instrucciones que me había dado una amiga (ya ni recuerdo para qué) me comentó en tono burlesco: "¿Sabes? Me he dado cuenta de que eres muy inteligente para ciertas cosas, pero bien tonto para otras". Obviamente, a mi ego de pacotilla le cuesta mucho trabajo admitir que es tonto, aunque sólo sea en ciertas áreas selectas, así que mentalmente hice comentarios sarcásticos sobre mi amiga, para mí mismo, como generalmente hago acerca de esas agudísimas observaciones que caen dentro del campo de las obviedades. Pero supongo que es saludable admitirlo sin complejos, así que estoy dispuesto a hacerlo: Nadie está exento de invasiones espontáneas de estupidez, mucho menos el que esto escribe.

Supongo que el comentario de mi amiga comentario tenía mucho que ver con el hecho de que le estaba ayudando a hacer su tarea de fotografía, ya que se encontraba desesperada por haber pospuesto todas sus obligaciones para final de semestre como buena estudiante mexicana. En un día obtuvimos todas sus tareas, paseando por el centro de la ciudad, y los edificios abandonados que en algún tiempo fueron la zona más lustrosa de este pueblo western. Quiero pensar que recurrió a mí porque piensa que soy capaz en fotografía.

Bueno, ya he dicho una cosa en la cual no soy un soberano estúpido, entremos en materia: Mis estupideces. Puedo incluir el hecho de estar dando vueltas y vueltas en mi cabeza a todas las cosas que siento que hago mal. No me refiero a las distracciones cotidianas, o a los errorcillos de dedo en la historia de mi vida, si no a las grandes directrices de mi existencia, a los complejos inconscientes que moldean mis actos diariamente y que van determinando mi camino por décadas. A veces me enfurezco al ver que rasgos de la personalidad odiosos ya son definitivmos en mi persona, quedaron impresos desde mi infancia. ¿Tiene algún sentido lamentarse por ello? No, ninguno, sin embargo lo hago.

Mi automóvil es una clara muestra de lo que va mal en mi vida. Para empezar, detesto conducir. A diferencia de muchos de mis amigos que aman sus automóviles, saben el nombre de casi todas las partes, y se sienten soñados cuando rompen los límites de velocidad impunemente, yo preferiría la teletransportación. Ya de perdida tener chofer. Claro, puedo conseguirlo con once pesos, subirme a un camión y llegar a mi trabajo en tres horas, pero tampoco es el caso. El manejar me quita tiempo para leer, para escribir, para hacer cosas que considero productivas. Trato de remediar este hecho escuchando cursos de universidades gringas mientras recorro las planas y agujeradas calles de mi ciudad, pero no es suficiente. Odio el estrés de conducir, odio la posibilidad de chocar, odio el consumo de gasolina y odio la indiferencia que me provocan los demás conductores y sus destinos inciertos.

Pero creo que me he desviado un poco acerca de lo que quería contarles. El tema es la gran idiotez de ser humano. Pues bien, la manija que me ayuda a cerrar la puerta del conductor de mi carcacha está muy descarapelada. Hasta ayer caí en cuenta de eso, se ha venido desgastando gradualmente desde que tengo el carro, y como ha sido un proceso lento no lo notaba. Se mira horrible, pero yo no sabía. Hice memoria. Cuando ese carro llegó a mis manos ya era usado, pero la radio funcionaba, igualmente las dos bocinas, la manija del vidrio no estaba rota, había un tapón para el encendedor, todavía tenía el catalizador, aceleraba más rápido y no tenía tantas rayas en la pintura. Es lógico que todos los automóviles se van jodiendo con el tiempo (todo auto se parece a su dueño, ¿les gusta esa frase inútil que acabo de inventar parafraseando otra?) pero quizá no tanto. Lo peor es que me da demasiada pereza arreglar o componer ese instrumento de mi tortura. Odio conducir y toda la parafernalia asociada. Quizá por eso uso la bicicleta.

Un sábado, entre clases en la Facultad de Ciencias Humanas, me encontré en una taquería con los dueños originales de mi carrito. Me comentaron lo bueno que era, y cómo los había llevado desde Mexicali hasta La Paz y de vuelta. Chale, yo le he dado tan mala vida que me siento culpable.

En otros temas, mis habilidades para socializar están muy desproporcionadas. En mi trabajo me conocen por ser el inadaptado que se la pasa leyendo todo el puto día. Al menos cuando no está frente a grupo. La otra vez me cuestionaba una maestra: "¿Por qué siempre se la pasa tan a gusto leyendo? ¿Qué no tiene nada que hacer?". Me preguntó si estaba casado, si tenía hijos o si cuando menos tenía novia. No, no, no. Las tres negativas que denotan una vida solitaria y aburrida. "¡Ah, pues con razón!". Todo tuvo sentido. Yo regresé a mi lectura.

Aunque quizá se trate de buscar ambientes apropiados para relacionarse con gente parecida a uno mismo. En mi caso más bien escasean, pero la lucha puede hacérsele. Me he encontrado con bastantes personas afines a mí, y los frecuento. Si pudiera ponerle una etiqueta a mi forma de socializar, puedo decir que tengo una "timidez selectiva", que se manifiesta sin control y al azar, cuando yo menos lo espero.

Iba a continuar enumerando algunas situaciones sin importancia, pero acabo de recordar otra de mis idioteces: Mi inhabilidad para dormir a horas decentes. A pesar de estar cayendo de sueño y con párpados de plomo, empujo a mi cuerpo para dormir todavía menos y seguir despierto perdiendo el tiempo en la computadora, en la calle o donde sea. Quizá, como primer paso para evitar esta colonización de estupidez, me iré a dormir a una hora "decente": Antes de las doce de la noche, después de hacer un poco de saludable catarsis mediante la escritura. Quizá en la mañana pueda estar activo, ir al trabajo en la mañana sin lastres como el cansancio, abriendo los brazos a la lista de pendientes absurdos, preparado para disfrutar otro feliz y monótono día como cualquier otro habitante de esta ciudad perdida en el mundo. Buenas noches.

Etiquetas: reflexión

Escrito por BadBit el domingo, julio 06, 2008 | 1 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

El Canal #23: Jack in the box



Vuelve Andrés Guajardo a las andadas, pero en esta ocasión contamos con la presencia femenina de nuestra buena amiga Roche, a quien ya han visto en fotos dentro de este decadente blog. Cruzamos la frontera para grabar en la hermana república de Caléxico, nuestra ciudad siamesa. Entramos al Jack in the box y aunque no teníamos un tema específico a tratar, nos enfocamos mucho a hablar de ese pueblito que tanto criticamos pero que nos ha dado de mamar tantos beneficios a los mexicalenses.

Por desgracia, la grabadora portátil que compré en la Wal-Mart me falló por tercera vez, y de las dos horas que grabamos, tan sólo pude recuperar 34 minutos. Para complementar, añadí una entrevista que hice ya hace muchos meses a una amiga residente de Caléxico en un Starbucks gringo (primera y última vez que voy). En algunos momentos la calidad de la grabación flaquea debido a ruidos ambientales, gritos, máquinas de hacer frappé y ese tipo de cosas, pero espero que el contenido compense esta pequeña falta.

Por último, un reportaje de la KPBS, del programa These Days acerca de la deportación de estudiantes mexicanos en las escuelas Calesianas. Creo que estoy orgulloso de este episodio.


Descarga el episodio de aquí.




(esta foto no es mía, y tampoco es de Caléxico, sólo la utilizo para ilustrar)


Canciones dentro del podcast:

  • Control Machete - Humanos Mexicanos
  • Plastilina Mosh - Niño bomba
  • Mono Mono - Hanky panky in the dark
  • ¡Qué out! - Soy una punk
  • Molotov - Más vale cholo que mal acompañado
  • The Grateful Dead - Mexicali blues
  • Bing Crosby and The Andrew Sisters - Don't fence me in


Feed del podcast: http://badbit.podomatic.com/rss2.xml
    

Etiquetas: podcast

Escrito por BadBit el viernes, julio 04, 2008 | 4 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

Fotografías inconexas y de calidad dudosa que pretenden remediar el hecho de que no he posteado desde hace un buen rato y me da mucha hueva hacerlo











































































La comedia ha terminado.

Etiquetas: fotografía, fotos

Escrito por BadBit el lunes, junio 30, 2008 | 3 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

Don Pasquale

Durante una de las pláticas de café en Milán, los amigos del compositor, entre ellos Giuseppe Verdi, acordaron que haría mucho bien para su salud emocional el viajar hasta Francia para reanimarlo con una visita sorpresa. Sus óperas se seguían representando en Italia, no tanto en Francia, donde la tradición italiana seguía siendo vista con ojos desconfiados. Su más grande éxito, La file du régiment, ya llevaba varios años siendo representada.

La institución mental de Ivry, aunque algunos insistían en llamarla “manicomio” no presentaba la visión más refinada del mundo. Las paredes se encontraban sucias y desnudas, las habitaciones muchas veces oscurecidas, y algunos locos se encontraban amarrados con cadenas. Gaetano Donizetti, en una miserable habitación, presentaba un aspecto lamentable desparramado en una silla blanca. Sus amigos intentaron obtener alguna conversación coherente, Verdi le contó del éxito arrasador que estaba teniendo Don Pasquale desde el año pasado en el Teatro alla Scala. Todo fue inútil. Gaetano, no respondió. Nadie sabía si escuchaba o se hacía el desentendido.

La sífilis lo había tumbado así. Después de años con dolores de cabeza y síntomas varios, había subido al cerebro y se encontraba al borde de la locura. Además, su trastorno bipolar, notorio desde hacía ya décadas, no ayudaba a mejorar el desequilibrio que la enfermedad venérea le estaba proporcionando. Su aislamiento tampoco era bello. En vida tuvo tres hijos, ninguno de los cuales sobrevivió la infancia. Su esposa murió de cólera poco después de sus padres. Solo en este mundo, uno de los compositores más exitosos de Italia desvariaba en un manicomio francés.

La sopresa de sus amigos y colegas fue mayúscula, nunca imaginaron encontrar a su amigo, al gran apellido que todavía resonaba por toda Europa, encerrado en una miserable habitación. Verdi fue el más conmovido, quizá por ver destruída la imagen de su héroe de adolescencia, de su ejemplo a seguir, y logró negociar el traslado de Gaetano. Todos estuvieron de acuerdo, y lo llevaron de vuelta a su ciudad natal de Bérgamo. Todos sabían que sólo lo llevaban a morir, las posibilidades de recuperación parecían escasas, pero fallecer en Bérgamo era uno de sus grandes anhelos, lo había expresado incluso antes de que se presentaran los primeros síntomas de la sífilis.

Entre todos consiguieron una habitación barata (gran parte del dinero fue proporcionado por los cantantes que todavía representaban a Norina, Nemorino, Ernesto, Adina y al propio Don Pasquale) y se las arreglaron para transportar un piano viejo. Durante algunos días, Rossini lo visitaba con frecuencia despertar la chispa de sus recuerdos, interpretaba algunos fragmentos de L’elisir d’amore mientras algún cantante hacía las alegres y vivas líneas vocales. Todo en vano, parecía no reconocer su propia obra.



Donizetti, pobre, sin familia y con el cerebro totalmente carcomido por la sífilis, moriría al año siguiente. Sus óperas se extinguirían casi totalmente de los teatros europeos por el resto del siglo XIX, opacadas por las obras más densas de sus amigos. Rossini, Verdi y Bellini dominaron el panorama musical italiano durante mucho años, y Gaetano quedó como una vaga memoria. A pesar de haber dedicado la mayor parte de su vida a la ópera seria, sólo tres de sus comedias han sido consistentemente recordadas. “Las melodías fáciles y sentimentales ya no pueden mantener el interés o pretender representar adecuadamente la acción dramática, y Donizetti rara vez se eleva de ese estándar” (Grove's dictionary of music and musicians, 5ta edición, 1954).

El año de su muerte, la comunidad artística italiana comenzó acalorados debates y una revolución que exigía expresiones mucho más turbulentas de lo que Donizetti había soñado. Su estilo limpio y melódico abrió paso a los truenos de Verdi, y la escuela alemana atacaba con Wagner quien pretendía destruir la ópera y casi lo logra. Wagner's music is not as bad as it sounds, diría Mark Twain.
A pesar de la tremenda cascada de mala suerte y eventos desafortunados, los habitantes del siglo XX fueron testigos de su glorioso renacimiento. Pavarotti se consagró en interpretaciones de sus óperas, Juan Diego Flórez realizó un encore de Ah! mes amis, quel jour de fête! en La Scala, rompiendo con un embargo de 74 sin ninguna complacencia. Cada año crece el interés por un compositor de melodías inolvidables, pegajosas, fluidas, que lo encadenan a uno haciéndole olvidar el paso del tiempo, de libretos con un lenguaje muy cuidado (sus pleitos con los escritores le ganaron muchas enemistades a lo largo de su vida). Pero sobre todo, el resposable de la última gran ópera cómica antes de descender en los agitados terrenos de Verdi: Don Pasquale, una verdadera joya de este género.

* * *

En esta escena de Don Pasquale, el millonario anciano de setenta años que le da el título a la obra está a punto de casarse con la hermana de su doctor de cabecera, el doctor Malatesta. Lo que no sabe, es que esa supuesta hermana, que se hace pasar por monja inocente y recién salida del convento, es toda una mujer fatal con disfraz de oveja. Ella y el doctor tienen una trama macabra que el pobre anciano no es capaz de desentrañar. Con el grito de Ecco il nottario (¡Aquí está el notario!), el doctor Malatesta abre una de las secuencias más memorables, fluidas y cómicas de todo el repertorio de Donizetti. (El video es de 1994, con Ferruccio Furlaneto, Gregory Kunde, Nuccia Focile y Lucio Gallo. Dirigida por Riccardo Mutti en el Teatro alla Scala):




DOTTOR MALATESTA
Fra da una parte et cetera.
Sofronia Malatesta,
domiciliata et cetera,
con tutto quel che resta;
e d'altra parte et cetera,
Pasquale da Corneto et cetera.

NOTARO
Et cetera.

DOTTOR MALATESTA
Coi titoli secondo il consueto...

NOTARO
Et cetera.

DOTTOR MALATESTA
Entrambi qui presenti,
volenti e consenzienti.

NOTARO
...enti...

DOTTOR MALATESTA
Un matrimonio in regola
a stringere si va.

DON PASQUALE
Avete messo?

NOTARO
Ho messo.

DON PASQUALE
Sta ben. Scrivete appresso.
Il qual prefato et cetera,
di quanto egli possiede
di mobili ed immobili,
dona tra i vivi e cede
alla suddetta et cetera,
sua moglie dilettissima,
fin d'ora la metà.

NOTARO
Sta scritto.

DON PASQUALE
E intende ed ordina
che sia riconosciuta,
in questa casa e fuori,
padrona ampia, assoluta,
e sia da tutti e singoli
di casa riverita,
servita ed obbedita
con zelo e fedeltà.

DOTTOR MALATESTA, NORINA
Rivela il vostro core
quest'atto di bontà.

NOTARO
Steso e il contratto.
Le firme...

DON PASQUALE
Ecco la mia.

DOTTOR MALATESTA
Cara sorella, or via,
si tratta di segnar.

NOTARO
Non vedo i testimoni,
un solo non può star.
DOCTOR MALATESTA
Por una parte, etcétera.
Sofronia Malatesta,
domiciliada, etcétera,
y todo lo que queda;
y por otra parte, etcétera,
Pasquale da Corneto, etcétera.

NOTARIO
Etcétera.

DOCTOR MALATESTA
Con los títulos consuetudinarios...

NOTARIO
Etcétera.

DOCTOR MALATESTA
Ambos aquí presentes
por su propia voluntad y consentimiento.

NOTARIO
... ento...

DOCTOR MALATESTA
Un matrimonio en regla
convienen en contraer.

DON PASQUALE
¿Ha escrito eso?

NOTARIO
Lo he escrito.

DON PASQUALE
Está bien. Ahora escriba esto.
El antedicho, etcétera,
de cuanto él posee,
en muebles e inmuebles,
dona en vida y cede
a la susodicha, etcétera,
su esposa
dilectísima,
a partir de ahora, la mitad.

NOTARIO
Queda escrito.

DON PASQUALE
E intenta y ordena
que sea reconocida,
en esta casa y fuera,
como dueña total y absoluta,
y sea por todos y por cada uno
de los de la casa reverenciada,
servida y obedecida
con celo y fidelidad.

DOCTOR MALATESTA, NORINA
Revela su gran corazón
este acto de bondad.

NOTARIO
Está listo el contrato.
Las firmas...

DON PASQUALE
Ahí va la mía.

DOCTOR MALATESTA
Querida hermana, vamos,
se trata de firmar.

NOTARIO
No veo a los testigos,
con uno solo no basta.

Nota para los curiosos: El libreto completo del segundo acto se encuentra dando click en este vínculo. Nótese el juego de femme-fatale típico de Donizetti. El personaje de Norina, quien es realmente una mujer que se burla de los convencionalismos románticos y planea vivir su vida fingiendo amor a cuanto hombre se le ponga enfrente, se disfraza de sumisa, de inofensiva. Posteriormente, se quita el disfraz ante un atónito Don Pasquale, para risa de todos los demás. Al final de la obra, ella regresa a ser la sumisa y enamorada, esta vez de manera definitiva, al quedarse con Ernesto.

P.D. Hice otro post en El Diario Colectivo.

P.D.2 Ayer falleció George Carlin a los 71 años.

Etiquetas: opera

Escrito por BadBit el domingo, junio 22, 2008 | 2 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

Realismo sucio

“¡Eres una perdida!”.

Recibo las palabras en una oscuridad absoluta. Me hacen despertar de un sueño inquieto, no me pongo a pensar mucho en su significado. Francamente, me sería imposible hacerlo. Mi último recuerdo es estar riendo en una fiesta con una cerveza en la mano, cotorreando con una muchachita que traía una blusa de Pulp Fiction y otro tipo de boina, lentes de pasta y una pose de intelectual. No, eso no es lo último que recuerdo, después ella se fue y le entré al tequila, pero los recuerdos son nebulosos. Fue una buena fiesta.

Pero, ¿estoy en mi casa? ¿Cómo llegué hasta acá? Algo es seguro: Estoy crudísimo. El dolor de cabeza ha hecho su aparición, mis neuronas están deshidratadas, no pueden hacer la sinapsis. Mi estómago arde, parece que tragué ácido sufúrico, me siento bañado en sudor. ¿Alguien gritó?

Ahora que recuerdo, alguien gritó algo hace unos milisegundos. ¿Eres una perdida? ¿Qué quiere decir eso? Me da flojera pensar.

No conocía a casi nadie de la fiesta de anoche, a lo mejor hice amigos. La casa era de la novia de un compa mío, una morrita de diesiciete años. ¡Ay, me duele la cabeza! Debería vomitar lo que sea que traigo dentro de la panza que me está quemando, pero no puedo mover un músculo. Debe haber pasado medio segundo desde ese grito de “eres una perdida”. Mínimo abriré los ojos.

Me encuentro con un techo extraño, esto no es mi casa, debo haberme dormido en la casa de la fiesta. Volteo hacia la derecha. En otra cama, al otro lado de la habitación está mi compa. Desnudo, encima la morrita. Si, no cabe dudas, están cogiendo, o estaban cogiendo.

Ahora miro hacia la puerta de la habitación, hay un hombre en la puerta, horrorizado. Si, debe ser el padre de la morrita, y debe ser el que me despertó con ese gritote. Y vuelve a repetirlo, esta vez más telenovelescamente: “Mariana, ¡eres una perdida!”.

Sentí como el rugido de veinte cañones dentro de mi cabeza con cada palabra. Pongo la mano sobre mi pecho y caigo en cuenta de que no traigo camiseta. Palpo mis piernas y tampoco pantalones, ni ropa interior. Estoy totalmente desnudo.

Mi vida pasa como un flashazo por enfrente de mis ojos, y la cruda, la verdadera cruda, se asoma como el sol naciente en el horizonte. Se me antojan unos chilaquiles, va a ser una mañana difícil.

Etiquetas: cuento

Escrito por BadBit el miércoles, junio 18, 2008 | 9 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

Pluto's blue note (1947)




Es un dato curioso y simpático el que Walt Disney se encuentra congelado en un laboratorio criogénico subterráneo en Disneyland, The happiest place on earth. Al menos eso se dice. Adquiriendo su pasaporte mágico, el espectador está listo para penetrar en la más perfecta simulación del mundo. Un reino mágico donde las piedras han sido diseñadas por ingenieros, y la vegetación está perfectamente controlada, nada crece sin permiso. La arquitectura es variadísima, y podemos viajar desde Fantasyland, hasta Adventureland, pasando por Frontierland. Incluso podemos dar un atisbo a la tierra del futuro, viajar por el espacio y entrar en el mundo mismo de los dibujos animados.

Según Baudrillard, Disney no pretende que su país sea una simulación de la realidad, su objetivo es reemplazarla, convertir a Anaheim en un mundo falso. ¿Por qué detenerse ahí? Simulación es todo Los Ángeles. La simulación es el planeta y Disneyland es la realidad.

Recordemos que este parque temático es un gran teatro: Nosotros somos los guests, los empleados los staff members, on stage son las atracciones abiertas al público, y el backstage sólo es accesible para el staff. Los uniformes son costumes, y cuando pagamos con tarjeta de crédito, otorgamos nuestro autograph.

Disney nos pide con un guiño que traguemos la píldora del simulacro.

En Pluto's blue note (1947) podemos encontrar el epítome de todo este proceso a través del personaje de Pluto, quien despierta una mañana por el trino de dos áves posadas en la rama de un árbol. El sonido del canto conmueve al perro, quien inmediatamente intenta acompañarlos utilizando su propia voz, la que es recibida con burlas por las aves.

Un segundo intento de Pluto consiste en imitar el zumbido de una abeja, pero en esta ocasión va un paso más allá: Agita sus orejas para simular el aleteo. Sin embargo, fracasa de nuevo y la abeja se oculta debajo de una roja flor.

Por último, el canto de un grillo llama su atención, y el perro intenta frotar sus piernas, en una postura aún más aproximada que en sus intentos anteriores. Pero su falta de talento es evidente.

Pluto fracasa al intentar utilizar recursos naturales a su alcance. Su condición de perro le prohíbe la imitación de animales que por su propia naturaleza poseen cierta cualidad estética que envidia, que desea poseer, que quiere para él. Es un fracaso como simulador, y decepcionado parece resignarse a que nunca será parte de ese selecto grupo.

Hasta que encuentra otro sonido maravilloso que llama su atención: Un radio. La música que llega a sus oídos le causa aún más placer que los sonidos de la naturaleza. A través de una caja, se encuentra con la música de toda una orquesta invisible. Mueve su cola y su cuerpo al compás, suspira hondamente.

De nuevo, su ineptitud al imitar causa que el encargado sin rostro de la tienda salga para callarlo. Aunque el perro sigue buscando aprobación, está lejos de conseguirla. El radio es encerrado dentro de la tienda, pero Pluto, con un primer destello de malicia en sus ojos, logra escabullirse cuando el hombre no lo observa. Cuando éste último sale a comer, el perro se puede quedar solo con los aparatos.

Pronto hace el descubrimiento más importante: Usando su cola como aguja del tocadiscos, puede servir como altavoz. Cuando abre el hocico, sale la música vibrante. Se transforma en un instrumento, en un mero speaker, y vaya que lo hace bien. Al convertirse en una extensión de la tecnología, Pluto es excelente. Baila y se mueve como nunca.

Es interesante notar los grados de codificación que están involucrados en este proceso: La música fue grabada en algún lugar desconocido, prensada en un disco de vinyl que viajó hasta la tienda. La cola de Pluto la decodifica y su cuerpo sirve como extensión del aparato. Podríamos prolongar esto aún más si recordamos que observamos un video animado en la televisión o YouTube.

Pluto nos hace cómplices de la simulación con un guiño.

La siguiente escena es deslumbrante. Pluto aparece de nuevo en su casa, nos guiña el ojo una vez más, como para confirmar que seguimos con el trato. Abre el hocico y de él sale una voz humana, el último grito de la moda. "You belong to my heart", mejor conocida en latinoamérica como "Solamente una vez". Las aves quedan encantadas, el grillo y la abeja dan su aprobación al cantante y un séquito de fanáticas enloquecidas ya se encuentan a los pies del perro. La naturaleza se detiene para escucharlo, fascinados, superados y felices al respecto. No lamentan ni por un minuto haber perdido el gozo del canto a manos de un perro-hombre.

Pluto lo ha logrado, ha conseguido la aprobación de todos. Pero para tal efecto, ha tenido que renunciar a su condición de perro, a sus instrumentos naturales, y podríamos añadir que a su búsqueda personal. Presumiblemente, otro cuadrúpedo cualquiera podría posar su cola en el tocadiscos y lograr una interpretación idéntica. La marca distintiva de Pluto y cualquier aportación personal se ha perdido por completo.

Recordemos que cada vez que Pluto ha intentado cantar, ha tomado medidas para una simulación más perfecta. El prmer intento involucraba solamente su voz, el segundo agitar sus orejas, el tercero frotar sus piernas y el cuarto simular a la perfección. Imitar mediante gesticulaciones y un audio impecable. Su casa oculta el truco, como El mago de Oz, y la pequeña dificultad (un rayón en el disco) que pudo haber desenmascarado todo el teatro, es resuelta de inmediato.

El perro asiente satisfecho por haber logrado su cometido a la perfección, de la misma forma como Disney podría haberlo hecho después de haber perfeccionado su parque temático para convertirse en la simulación perfecta de la realidad.

Otro aspecto importante de este cortometraje es el narcisismo involucrado. Citando a Adolfo Vázquez Rocca, en su artículo "Baudrillard; cultura, narcisismo y régimen de mortandad en el sistema de los objetos":

"Sería un error minimizar la relación entre estos fenómenos y el origen de la personalidad narcisista, que no conoce límites entre ella misma y el mundo que exige la gratificación inmediata de sus deseos, así como la erosión de la vida intima tenida lugar a través de la relaciones sociales que se tratan como pretextos para la expresión de la propia personalidad."

Pluto también busca una gratificación y reconocimiento por sus esfuerzos. Busca ser como las aves, ensimismadas por su propio canto, como la abeja, el grillo que no escuchan a nadie más que a sí mismos. La simulación surge como respuesta y solución a sus deseos narcisistas, de la misma manera que Disney tiene una estatua en su propio parque, un parque con su nombre, tomado de la mano de su creación más famosa y lucrativa: Mickey Mouse.

Es así pues, donde los cortometrajes de Disney, y este (nominado al Oscar) en especial deja entrever la carga ideológica Disney.

Como pequeña nota inconexa, es notable también la arquitectura y la influencia mexicana en el corto. Quizá la ubicación geográfica sea el sur de California, cerca del mismo Disneyland. La casa de Pluto tiene teja roja, y un estilo mexicano notable. La tienda de discos también muestra la teja, unas maracas en la vitrina y la imagen del típico mexicano sobrerudo y bigotón en uno de los letreros con la críptica palabra "Today".

Sin embargo, dentro del parque temático, como la rayadura del disco, puede haber señales que delaten la perfecta simulación del creador-dios Disney:


Etiquetas: ensayo

Escrito por BadBit el lunes, junio 09, 2008 | 15 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

El Canal #22: Stand-up



Como amanecimos con ganas de reírnos mucho, Ramón y yo discutimos acerca de nuestros comediantes amados y detestados, ya sean en monólogos, películas o televisión, y de diferentes países. Incluímos muchísimas muestras de sus trabajos, y clips de audio, así que este episodio posiblemente sean las dos horas más graciosas que escuchen en un buen tiempo.



Descarga el episodio de aquí.



Fotografías relacionadas:



Ponchito.



Richard Pryor.



Chris Rock.



Young Frankenstein, de Mel Brooks.



Eddie Izzard.



Peter Sellers.



Los Tepichines.



Los Huizapoles.



Don Lalo y sus Muñecos.



Andrés López.



George Carlin.


*    *    *

Feed del podcast: http://badbit.podomatic.com/rss2.xml

Etiquetas: podcast

Escrito por BadBit el viernes, junio 06, 2008 | 1 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

Days of heaven

Ya lo había advertido: Cuando tengo una vida medianamente interresante no tengo necesidad de venir a inventar personajes ni situaciones que me gustaría vivir. La ciudad ha presentado un clima sospechosamente benevolente, que parece terminar el día de hoy, y mi vida parece que se cansó de tratarme como su punching-bag y me está dejando respirar un poco, así que de todas formas vivo angustiando, esperando el siguiente golpe inesperado (me parece imposible que las cosas salgan bien por demasiado tiempo).

En fin, otra razón por la cual me he mantenido alejado de esta colección inconexa de bits es que gracias a mis amigos he leído algunas novelas tan satisfactorias que me queda poco impulso de escribir (recordemos que escribo lo que me gustaría leer), y pues aquellos autores dijeron tan bien lo que yo quería decir, que a veces me siento redundante tratando de picar teclas en mi laptop del año del caldo.

Además, la escuela, la maldita escuela. Creo que por segunda vez consecutiva me fui a extraordinario en mi clase de fotografía (ironic, isn't it?). Así que aquellos que dicen que les gustaría que yo les diera algún cursillo, tengan en cuenta que la UABC me certifica como un perfecto inepto en ese arte, no se los recomiendo. Si quieren los canalizo con mis compañeros, los que sí sacaron diez, para que les muestren a tomar fotos de perros callejeros y vagabundos. Las clases más decepcionantes de mi carrera han sido: Fotografía básica, Fotografía avanzada e Historia y estética del cine.

Hablando de eso, ¿no odian cuando hay alguien por ahí que se queja de que ya nadie lee? En la facultad de ciencias humanas escucho tanto esa rabieta que las palabras ya me suenan leídas de una placa de bronce: “Los clichés más recalcitrantes”. Lo peor es que son precisamente ellos los que espantan a los lectores, y aquellos que no hacen nada por “mejorar” la situación.

Hace unos días me regañaron por leer a Heriberto Yépez: “Todos los que leen a Yépez”, me dijeron, “están como de tu edad. Más jóvenes que él. No sé porqué será, como que la juventud está en una inmadurez literaria tremenda, y buscan una figura subversiva y rebelde. No lo leas, mejor lee a Fadanelli” Chale, ya hasta por leer me critican.

Total, a pesar de que ya casi nos quedamos si hielo en los polos, que el precio de los alimentos estará alto durante los próximos diez años, que Estados Unidos está en una recesión gachísima que nos va a llevar entre las patas, que los narcos ya casi se apoderan de todo el país (aunque Calderón dice que “vamos ganando”), que los desastres naturales están a la orden del día, que la estupidez humana va a la alza y que todo se está llendo al carajo, me siento satisfecho conmigo mismo. Tranquilo y sereno.

Ya tengo mucho sueño, y por lo pronto me regreso a la vida normal, pero no convencional, que me ha dado este agradable respiro. Aunque no sé porqué presiento, no sé porqué, que se avecina un infierno.

Ah, ya sé. Viene junio.

P.D. Por cierto, ya hice mi primer post en El Diario Colectivo.

Etiquetas: anecdotario, reflexión

Escrito por BadBit el viernes, mayo 30, 2008 | 8 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

Invisible












































Etiquetas: fotografía

Escrito por BadBit el domingo, mayo 18, 2008 | 12 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

El hombre de oro y paladio

—¡Deja de preocuparte por eso, güey! —me dijo Ramiro despreocupado con una palmada en la espalda— Esa mujer ya es obsoleta, busca mejor la próxima versión. Las viejas van y vienen. Al rato, cuando menos lo esperes, disfrutarás de tu versión estable. Mientras tanto, lo que necesitas es distraerte un rato.

Mis ánimos se encontraban desmoronados. Lucía, después de unos arrebatos emocionales que consideré más propios de una adolescente que de una mujer en sus veintes, había dado el cortón definitivo a nuestra relación de cinco años. Alguna mente ociosa podría hacer el cálculo mental, y multiplicar trescientos sesenta y cinco días por los años que invertí en ella, obteniendo mil ochocientos veinticinco, y si le suma el día del año bisiesto que me tocó vivir con ella (en el cual, por cierto, asistimos a una piñata muy mona), obtenemos la desoladora suma de mil ochocientos veintiséis días tirados a la basura: Totalmente perdidos. Gracias a ella. Lo peor fue que me dio la noticia por el Messenger, y terminó la conversación con el iconito de una rosa marchita. No tuvo el valor ni la decencia para decírmelo al rostro. Eso, amiguitos, duele.

—Claro —repliqué—. A ustedes dos, cabrones, se les hace muy fácil decir que las viejas van y vienen. No les he conocido una pareja de… cinco meses, por ejemplo. Lucía era mi vida, ¡mi vida! Y se largó con un emoticono. “Lucía se ha desconectado”, me dijo el Messenger.
—No te decimos que no sufras, pero escúchate: Puro azotaje. La vida sigue, compita. No te aferres a la versión beta.
—¿Y qué proponen? —les reclamé—¿Cuál es su solución para mi problema? No me vayan a salir con lo que todo mundo me dice, que vayamos al table para desahogar las penas. Eso a mí no me funciona.
—No, claro que no —respondió Nacho—. Ahora vamos a ir a ver a Ironman, ¡tecnología futurista en una lucha del bien contra el mal! ¡Misiles y armaduras robóticas haciendo estallar cosas, pateando traseros!

Se pudieron a luchar como niños de kínder, haciendo sus propios efectos de sonido y simulando ser robots… Miré a mi alrededor para ver si no había nadie conocido en las cercanías, qué vergüenza. Sin embargo, decidí acceder a la propuesta por aparentar ser lo suficientemente inofensiva.

—¡Pero el cine lo elijo yo! —aclaré tajantemente.

Quizá tenían razón y me azotaba demasiado. Sin duda necesitaba una relajación sana, viendo explotar cosas en la pantalla. Así que mis dos amigos ingenieros en computación y yo, diseñador gráfico, nos dirigimos un jueves por la tarde al cine de mi elección, el cual estaba muy, muy lejos de nuestras casas, porque no quería arriesgarme a toparme con ningún conocido de mi ex. Además, nunca llegué a ir a ese cine con ella, así que no habría peligro de un ataque de nostalgia repentino. Mis amigos renegaron al principio, y durante todo el camino.

—¿O sea que tenemos que desperdiciar la mitad de nuestro día en ir a ese cine porque tú no puedes superar lo de tu ex?

No respondí a la pregunta de Nacho. A decir verdad, me ofendió un poco, pero noté que Ramiro lo silenció con una mirada mortal. Quizá él si me comprendió.

Entramos por las puertas de vidrio, y ellos ya estaban haciendo algunos chistes sarcásticos, cuando el corazón casi me estalla: Un sujeto desconocido estaba tomando una malteada o algo parecido en la cafetería del cine, acompañado de Lucía.

Detuve mi marcha.

—¿Qué pasa? —preguntó uno de mis acompañantes, no sabría decirles cuál.
—Vámonos —respondí.
—Quemamos todo un pozo petrolero transportándonos hasta acá. Nada de vámonos, vinimos a ver Ironman y eso es exactamente lo que vamos a hacer.

Parecía una afirmación tan contundente que no me atreví a cuestionarla. Mientras, intentaba desviar mi vista para no observarlos ni por accidente.

—Compren mi boleto —dije, extendiéndoles un billete de cincuenta pesos—. Los veo en la sala.

Ambos se interrogaron con la mirada, pero guardaron silencio como quien no quiere revelarle al loco su condición. Me coloqué detrás de un gran cartón promocional de Speed Racer para pensar mi próxima movida, o como evadir a toda costa cualquier contacto visual. ¿Cómo era posible esta coincidencia? Este tipo de cosas sólo me suceden a mí.

Pero el morbo hizo presa de mí. Tenía que averiguar quién era el tipejo ese, esto era inconcebible. A través de un orificio de la maqueta, posé mi vista en la misma mesa de la cafetería.

Habían desaparecido. Respiré aliviado, quizá fuera mejor así.

Un poco nervioso, y ya sudando de las manos, dirigí mis pasos hacia la sala número dos, la de la megapantalla y el sonido THX. Recordé una cita de Casablanca: “De todos los cines, de todas las ciudades, de todo el mundo, viene al mío”. Creo que algo así iba.

De todas formas, ¿quién era ese imbécil? ¿Cómo es posible que esté tan tranquila después de cinco años de haberme acompañado a absolutamente todo? ¿No me extraña ni siquiera un poco? La miré feliz, y sé que esto sonará horrible y despreciable, pero hubiera preferido verla destrozada, hundida en la más negra miseria. Llámenme egoísta, sádico, desconsiderado, y todos los adjetivos que quieran colgarme, pero quería dejar una huella más profunda en ella. Quería ser como el ciclón de Birmania, el terremoto de China, no una insignificante llovizna de una tarde de otoño. Si me atrevo a confesar todo esto es por que mi única pretensión era ser para ella lo que ella fue para mí. ¿En qué me equivoqué?

Los ingenieros debieron haberme notado algo cuando me dijeron:

—¡Mírate nomás! Estás todo pálido, pareces Frodo a punto de morir.

No les respondí, y tampoco insistieron. Entramos a la oscuridad sin decir más, después de que la empleada con gorra y rostro de hastío rompiera nuestros boletos.

Recibí el primer anuncio de Coca-Cola como muerto viviente. Todo el despliegue de colorido y felicidad azucarada no le hacía ni cosquillas a mi depresión, pero nada podría haberme preparado para un espectáculo menos colorido, más pequeño, casi diminuto en comparación a la pantalla gigante, pero mucho más real: Lucía entrando junto al mandril ese, quien lanzaba palomitas a sus fauces mientras caminaba. Ambos sentándose justo enfrente de nosotros. “De todas las salas, de todos los cines, de todo el mundo…”

Esto ya se estaba tornando tan increíble que pensé en enviarlo a la revista de lo Insólito: No era un día de promoción, tampoco fin de semana. Casi todas las butacas estaban desocupadas, había mucho lugar, mucho. Pero no, ¡justo enfrente!

Si no conociera tan bien a Lucía, diría que lo pensó todo de antemano de alguna manera, contactándose con mis supuestos amigos ingenieros, quienes ahora tomaban su refresco, comían palomitas y hacían comentarios sarcásticos acerca de Robert Downey Jr. Pero no, esto debía ser idea del monigote. Quizá Lucía le comentó que yo era su ex (por que estoy seguro de que han hablado de mí). Probablemente me vio aquí, y eligió sentarse ahí cuando llegaron para molestarme, para restregarme en el rostro que ya no es mía. Aunque me intriga porqué Lucía se prestaría a una acción tan vil… Pero tomando en cuenta su actitud por el Messenger, quizá no sea tan sorprendente.

Lo del encuentro en este cine puedo interpretarlo como una desafortunada coincidencia. Estoy seguro de que, siguiendo un razonamiento como el mío, decidió venir hasta acá para evitar encuentros con conocidos y preguntas incómodas.

Mi plan sería hacerme el fuerte, demostrar lo mismo que ella pretende: Que no me importan los cinco años vividos, los planes a futuro, el sexo inigualable, las fiestas que compartimos, los conciertos en los que brincamos como locos empapándonos de sudor, y en donde a veces la cargaba en mis hombros para que apareciera en las pantallas gigantes, los viajes en mi vochito a lo largo de California, desde La Paz hasta San José… Que todo eso ya no es nada.

Las risas botaron mi cassete mental, sentí como si se me hubiera enredado la cinta. Aparentemente, la película ya había avanzado sus buenos diez minutos, o quince, o veinte, y algo hizo reír a la parejita de enfrente… o eso querían hacerme creer. Miré la pantalla, no encontré motivo de alegría. La situación se tornó insoportable. Yo quería hacerme el valiente, en verdad lo quería, pero hay límites para todo.

Me puse de pie, accidentalmente tumbé el bote de palomitas grandes de mi compañero, y exclamé:

—¡Lucía! De todos podría haber esperado esto, ¡menos de ti! Si lo que querías hacerme ver es que nuestros cinco años no significan nada lo has logrado con creces. ¡Te felicito! Supongo que tu madre estará encantada con tu nueva pareja, ¿verdad? ¿Por fin le has dado gusto? ¿Te conseguiste alguien que no le interesen pendejadas sin futuro como los comics?

Lucía se giró hacia mí. Me observó desconcertada con sus grandes ojos, los cuales revelaban más temor que vergüenza. Con sus pupilas dilatadas miraba las mías, y durante unos segundos que me parecieron eternos atestigüé la transfiguración de su rostro. Poco a poco, sus facciones se hicieron claras, sobre todo durante una explosión en la película, que iluminó la sala por unos breves segundos. Rasgo tras rasgo, miré como Lucía mutaba en una desconocida que me gritaba sin palabras que yo lo era también para ella, que no había compartido nada conmigo, sólo unos segundos a media luz.

—¿Lucía? —pregunté.
—E-está usted equivocado —tartamudeó.
—¿Tiene algún problema? —dijo su novio con cara de muy pocos amigos.
—Es bipolar —dijo Nacho—, disculpen ustedes, le dan arranques de vez en cuando.
—Otra cosa se le va a arrancar si vuelve a hacer otra escenita frente a mi novia —concluyó el tipo.

Mis amigos se levantaron de las butacas, y me llevé las manos al rostro avergonzado. Ya algunos de los escasos asistentes nos estaban callando e insultando, gritándome que me sentara, que resultaba ser un estorbo, así que Nacho y Ramiro decidieron que lo mejor sería emprender la graciosa huída.


* * *

Sentados en la acera justo fuera de mi casa, después del largo viaje desde el otro lado de la ciudad, trataba de recuperarme un poco de la impresión. ¿Qué me sucedió? Hice el ridículo frente a todos los asistentes de Ironman, pero a pesar de eso, un pensamiento me reconfortaba: Lucía todavía no tenía nueva pareja.

—Nos debes dos boletos para el cine y un tanque de gasolina —dijo Nacho.
—No importa —respondí—, lo que sea.
—Lo que alcanzamos a ver estuvo cool —intervino Ramiro—, pensé que quizá sería un churro pero la película funcionó bien hasta lo que vimos, y se apegaba bastante al comic a pesar de los cambios que le hicieron a la historia.
—Pero estaba plagada de inexactitudes. ¿Viste el momento donde estaba fabricando el primer traje de metal y se miraban los cables?
—Si…
—Es imposible que esos cables aguanten la corriente que pasaba por ellos. ¡Imposible!
—Pero recuerda que eran aleaciones extrañas.
—¡Vale madre! —Nacho ya se veía un poco exhaltado— Aunque fueran de adamantium como las garras de Wolverine, o qué se yo, con ese grosor no podrían con esa carga. Además, ¿cómo puede el traje ser una aleación de oro y paladio, como dijeron en la película? No recuerdo con exactitud, pero tengo la gran sospecha de que el paladio es radioactivo. Robert Downey Jr. no podría haber sobrevivido ni diez minutos en ese traje.

No tenía cabeza para escuchar las pláticas diminutas acerca de superconductores y números atómicos, que por alguna extraña razón siempre salían a la luz después de ir al cine.

—No es por ser grosero —interrumpí—, pero hay gente por aquí que tenemos problemitas un poco grandes y quisiéramos, no sé, hablar de otras cosas.
—Ya lo creo que tienes problemas. Quizá esa fue la razón por la que no terminé de ver la película. —Sé lo que intentas decir: que yo soy el problema. Pero de verdad, no sabes lo que es pasar por esto, nunca te ha sucedido, así que cuando vivas algo parecido hablamos.
—¿Ya te estás volviendo emo? “¡Ay, cómo sufro, nadie entiende por lo que estoy pasando!”
—¿Por qué a todas las personas que estamos tristes nos dicen emos? Busquen algo más original, piensen algo que realmente insulte… Además, ¿a quién le importa si el paladio es radioactivo o no? —reclamé— ¡Es una película! Es pura fantasía, no existe nadie que pueda volar así, y posiblemente no lo existirá nunca. Es más, dudo que exista el tal Robert Downey, y mucho menos alguien que sea tan nerd y que tenga tanto éxito con las mujeres.

Fue un golpe bajo, lo sé, pero sólo intentaba defenderme.

—¿Mozart? —dijo Ramiro en voz baja, casi como en defensa propia.
—Muy interesante, señor pies-en-la-tierra —replicó Nacho—. ¿Quién es el que se imagina personajes ficticios? Ya no digamos en la pantalla: En la vida real.

Estuve a punto de ponerme de pie para jugar ese típico juego de machitos de te-empujo-yo-y-luego-me-empujas-tú, pero no estaba de humor ni de ánimos. Con dificultades podía levantar mis brazos, sentado en la orilla de la acera, mis manos tocaban el pavimento, como muertas.

—Ya, Nacho —dijo Ramiro al fin—. Mejor vámonos, otro día platicaremos. Ya lo dejamos en su casa, otro día nos llevará al cine de nuevo. ¡A uno que se encuentre a menos de una hora y media de aquí!

Me dejaron, las luces rojas de su automóvil se fueron haciendo cada vez más tenues. El ambiente estaba tenso, la calle silenciosa y yo tenía una larga noche por delante.

* * *

¿Debía llamarla? De cierta forma retorcida, sentí que debía disculparme con Lucía por lo sucedido. Era absurdo, pero algo dentro de mí me decía que era lo más sensato.

También he conjeturado en estos últimos meses que quizá lo que me afecta es la soledad, el cambio. Los fines de semana no tengo nada que hacer, al menos nada interesante. He revisitado lugares, fiestas de cumpleaños, pero sin ella están muertos. Durante las noches, como ésta, doy muchas vueltas en mi cabeza a la pregunta: ¿Qué es lo que me hace falta?

Pero nunca me había sucedido algo como lo de esta noche, quizá ya llegué a un punto más bajo de patetismo. Hubiera jurado que se trataba de ella, y la injuria era mucho más grande porque gracias a mí había leído por primera vez un comic de Ironman y había visto las caricaturas. Si es que ya vió la película, seguramente será gracias a mí.

Cada segundo me convencía más de llamarla, a pesar de que renunciaría a toda mi dignidad humana. Me cortó con una rosa marchita, y ni siquiera real, pixelizada, y yo regresaría de imbécil a pedirle perdón. Estaba junto al teléfono, quizá esperando a que fuera ella quien iniciara de nuevo la conversación, pidiendo perdón por todo, hasta por lo de esta noche. Lo presentía.

Pasé horas con estas cosas en la cabeza. A ese ritmo me hubiera dormido en el sillón, pero un repentino sonido me hizo pegar un brinco hasta el techo: El teléfono estaba sonando. Era ella, estaba seguro. ¿Para qué me llamaba? No tenía idea.

Vacilé en contestar, tenía la boca seca, pegajosa. Las manos no tardaron en sudar. Casi temblaba. Por fin, el momento más importante de mi vida. A partir de ese momento en adelante, quizá todo mejoraría. Levanté el auricular, y con mucho temor lo pegué a mi oreja.

—¿Bueno? —pregunté titubeante.
—En efecto —escuché que decía la voz de Nacho—, ya busqué en una tabla periódica y el paladio es radioactivo. Es imposible, ¡escúchalo bien! Imposible que Robert Downey Jr. sobreviviera en ese traje, toda esa película es una gran mentira.

Me dieron ganas de ahorcarlo, no sé. Gritarle millones de insultos, convocar toda mi fuerza interna para provocar un ataque de ira gigantesco, o quizá tirarle misiles como Ironman para despedazarlo. Afortunadamente, las experiencias recientes me hicieron aprender algo, y manejé mis emociones por el lado prudente.

—Nacho… —inicié de la manera más amable posible— ¿Qué chingados haces llamándome a las dos de la mañana para decirme un dato inútil acerca de uno de los elementos? ¿Para qué me va a servir eso en la vida? ¿Qué no ves que tengo otros problemas más importantes?
—¡Vaya! —respondió— Me imaginaba que contestarías así de grosero. ¿Así que tus enormes problemas son tan gigantes que nadie de nosotros podrá jamás entenderlos? Escucha bien: El paladio existe desde mucho, mucho, mucho tiempo antes de que tú nacieras. Es más, antes de que este planeta existiera. La descomposición radioactiva tarda millones de años, así que los átomos de los que ahora te burlas, vivirán mucho más que tus insignificantes problemas.
—Yo no me refería a eso…
—Está bien, digamos que eso tampoco te da perspectiva. Pues bien, hace unas semanas hubo un ciclón en Birmania, murieron veintidos mil personas aproximadamente, y en el terremoto de China ya van doce mil muertos, y los que todavía faltan… Me encantaría que les dijeras a alguno de los sobrevivientes que tus problemas son gigantes. Eso haría mi día feliz, el ver como te observan con desprecio y con una sola mirada te ponen en tu lugar.
—¡Para todo hay proporciones! Eso no puede…
—¡Exacto! Así que si para mí la película de Ironman es un fiasco por sus inexactitudes científicas, o si un chino perdió a toda su familia y su casa, déjanos en paz, no nos digas que nadie entiende tu sufrir, y que estás hundido en la más oscura depresión. Todos tenemos problemas. Por favor: Déjate de mamadas. Buenas noches.

Colgó.

Me levanté lentamente, sentía como si me hubieran golpeado con sacos de papas. Caminé paso a paso hasta mi baño, jalé la cadenilla de la luz. Quedé dibujado en el espejo, me observé largamente. Rasgo tras rasgo, miré como se clarificaban las facciones de un desconocido, uno que se encontraba en un exilio voluntario. Y muy estúpido, por cierto.

Etiquetas: cuento

Escrito por BadBit el miércoles, mayo 14, 2008 | 9 comentarios | Vínculos a este post Vínculo permanente

Good ol' defacement

Pensé que habían muerto ya aquellos viejos tiempos en donde aparecían los nombres de los hackers de RaZa-MeXiCaNa y otros más en los noticieros nacionales, cuando nos decían que se había hecho un defacement a fulanita página del gobierno. Hace unos veinte minutos Xareny me dio la dirección del Senado de la República y, ¡oh sorpresa!, me topo una foto de la chilindrina con la siguiente leyenda:
* * *

Chafles this site has been Owned !!!!

hahaha un saludito para Roberto Gómez Bolaños

que todavia lo veo todas las mañanas ( es lo más grande que hay )

al final mi amiguito el her0 tenia razon U_U

los informaticos del Gob suckean.

de Argentina & Chile para el mundo, asi de simple.

legalizenla XD

Grets to:

All RemoteExecution USERS, syndr0me, f0urtruder, Phonyx, Panther-Root(4ever), n4ib4f

al JamZ, al Komtec1, al her0, dont.cool, InyeXion, Biser!, polk22, Wazz tambien, MurdeR, al compa zer0 z0rg, y al H4t3 m3 pssss, ´4N4rqu1A

y un besito pa la floop y para Yubix


ar:

VIVA PERON CARAJO !!!!

Argentina Fuerza, Estamos con el jodido Campo

nos cagamos de hambre, pero el pueblo siempre tiene la razon

cl:

El transantiago es una mierda, Solo produce accidentes

vean lo que el pueblo quiere Gilesssss!!!!

FUERZA HERMANOS DE CHAITEN


mx:

calderon deja mx en paz y deja de explotar a la gente..

No Privatizen Pemex!!!

( un honor estar
con OBrador !!!!)
ANarquiA - Jamz